viernes, 10 de abril de 2009

DEL MIEDO A LA ESPERANZA, LOS "DONES" DE LA POLITIQUERÍA

Error imperdonable fue el que cometió Don Álvaro al haber enviado a pernoctar a Don Berna a la USA. Por lo menos el que Don Diego estuviera recluido en una cárcel del país, garantizaba una cierta y sospechosa tranquilidad en la comunidad medellinense, compartida también por el oportunismo de Don Sergio y Don Alonso, quienes aprovecharon la mentirosa y supuesta paz para reinventar la ciudad. Llevar a Medellín, “del miedo a la esperanza”.

No solamente Fajardo y Salazar estaban tranquilos, todos lo estábamos. Sabíamos de manera silenciosa que con Don Berna en Combita, el capo tenía por lo menos autonomía para patronear y controlar a sus secuaces.

Ahora se ha demostrado que la frase “del miedo a la esperanza” promocionada hasta el cansancio por el gobierno del ex alcalde Sergio Fajardo y heredada por la alcaldía de “Lonso” es una simple falacia que hace parte del discurso demagógico de cualquier simple político de turno.


Igualmente preocupan las pobres propuestas en seguridad del gobierno local y los dudosos resultados de la Política de Seguridad Democrática en la Capital de Antioquia. Cada día se hacen más evidentes los reacomodos de los hoy jefes de combos, ayer peligrosos sicarios a sueldo al mando de Don Berna, que se disputan el territorio del norte de la ciudad con los hombres de Don Mario para el tráfico de drogas y armas, entre otros negocios como el sicariato y la extorsión.

Sabemos la respuesta de Don Álvaro. De acuerdo con el gobierno, el paramilitarismo fue exterminado y sólo quedaron algunos delincuentes comunes, armados hasta los dientes que se tomaron un descansito durante la Asamblea del BID en Medellín. Una semana después del evento internacional y de ensalzar el orgullo paisa, llevan más de 30 muertos por la disputa del poder. “Estamos trabajando para capturar a los responsables, lo cierto es que son casos aislados”, dice siempre la alcaldía a través de Don Jesús María Ramírez, secretario de gobierno de la ciudad. ¿Aislados de quién o de qué? El gobierno sigue sin responder.

La ciudadanía, que por lo general se ilustra con la Vicky, “la que todo lo tiene claro”, continua preguntándose ¿dónde quedaron entonces las permanentes políticas para el desarme de combos y bandas en Medellín? ¿Dónde quedó el proceso de paz con los bloques de paracos que el “Hombre de las Pirámides” recibió con desgano de la alcaldía de Luis Pérez y que luego tildó de ser la mejor prueba piloto contra la violencia que serviría para la negociación a nivel nacional?

La gente común y corriente, los obreros y los trabajadores, los maestros, las secretarias, los oficinistas, los vendedores ambulantes y los empleados siguen preguntándose ¿dónde está Gustavo Villegas exdirector de la oficina de reincorporación a la civilidad, hoy cuestionado por tener presuntos nexos con Don Felipe Sierra y con Don Guillermo León Valencia Cossio todos involucrados hasta los tuétanos por tener presuntos negocios con la delincuencia de Don Mario?

¿Dónde quedó el trabajo de Jorge Gaviria también exdirector de la oficina de reincorporación a la civilidad, hermano de Don José Obdulio, ministro de la propaganda de Don Álvaro? ¿Dónde quedó la esperanza para los medellinenses que prometieron los tecnoneopolíticos en campaña?

El conflicto que hoy se reactiva nuevamente en Medellín, no sólo puede limitarse a unos muchachos dándose bala en las comunas por obtener territorio. ¿Dónde está la responsabilidad de los alcaldes, de los gobernadores, de los presidentes y de los negociadores?

No se puede olvidar que los políticos en campaña son los primeros en legitimar la delincuencia en los barrios más apartados, solicitando permiso a los jefes de combos para realizar las reunioncitas electoreras a cambio de apoyo, clientelas, prebendas y compromisos que son imposibles de cumplir. No se puede olvidar las reuniones de “Lonso” con Memín, Chuchín y Pepín, a quien según un cura de una parroquia, el actual mandatario le ofreció hasta un par de secretarías de despacho.

La complicidad entre los unos y los otros, además, de la incapacidad de la fuerza pública, para contrarrestar la delincuencia, hacen que hoy nuevamente Medellín tenga miedo y que la esperanza que muchos predican, sea una simple palabra escrita en el papel.

lunes, 6 de abril de 2009

LA MATA QUE MATA


Por Alfredo Molano Bravo

No hay ninguna mata que mate. No hay matas de cocaína. Desde hace miles de años, la coca es un arbusto sagrado para la mayoría de comunidades indígenas.

Se oye por radio la almibarada voz de una niñita que habla de la mata que mata y de los ríos de sangre que corren en el país.

Los publicistas usan medios perversos como la utilización de voces infantiles —tiernas, consentidas, pegajosas— para crear en sus audiencias determinadas imágenes. Los niños que oyen esta abusiva propaganda de la Dirección de Estupefacientes —seguramente pagada con dineros de la DEA— tienen que imaginarse el país como una gran carnicería. Y a quienes cultivan la marihuana y la coca, campesinos, colonos e indígenas, como unos monstruosos asesinos con las manos untadas de sangre. Los niños tenderán a generalizar esta imagen y a mirar a cualquier pobre como un criminal.

Pero, además, Estupefacientes pone a los niños a decir mentiras y a creérselas, porque ninguna mata, mata. Y los pone a mentir en materia grave: la guerra. ¿No es esta una manera cínica de meter a la niñez en los campos de batalla? Unicef, especializada en gritos de fariseos, no dice ni mu, y hasta con cierta razón, porque teme el papirotazo de su excelencia.

No hay ninguna mata que mate, o por lo menos que mate por contacto directo. Ni siquiera el borrachero, arboloco, cacao sabanero o floripondio mata a la gente. No hay ninguna mata a la que se le pueda echar la culpa de la guerra. Sólo en las mentes del Presidente y de algunos militares cabe la tesis de que hay “matas de cocaína”, que es como decir que hay árboles de aspirina. Desde hace miles de años, la coca es un arbusto sagrado para la mayoría de comunidades indígenas; lo cultivan las mujeres, y sus hojas secas, mezcladas con hojas de yarumo tostadas o con conchitas molidas, son consumidas en forma ritual por los hombres adultos.

Sin la coca los indígenas no habrían resistido la salvaje invasión europea. Las hojas de coca no sólo no matan, sino que son de los alimentos más nutritivos que existen. La propaganda de la niñita a media lengua que llama a criminalizar a sus cultivadores hace parte de hecho, de la ola que legitima las masacres contra los pueblos kankuamo, emberas-chami, awá, y nasa, para hablar sólo de los grupos golpeados este año.. La propaganda no es la culpable, claro está, pero justifica a los ojos de los niños matar a los que cultivan matas que matan. La verdad es otra: si a los indígenas les quitan sus matas de coca, los matan.

Uribe va en contravía de los vientos que corren en materia de drogas ilegales. Los ex presidentes Gaviria; Zedillo, de México, y Cardoso, de Brasil, han declarado que la “guerra a las drogas” ha fracasado rotundamente, e incluyen en ese fracaso el Plan Colombia. La guerra contra las drogas sólo ha dejado —¡esa sí!— muertos y corrupción y representa hoy la mayor amenaza contra la democracia y la paz. Los ex presidentes han pedido la descriminalización de la marihuana para uso personal. Sin duda, el mensaje está dirigido a Obama, con la idea no descabellada de que el nuevo gobernante “revise a profundidad” las políticas antidrogas.

Como era de esperarse, Uribe brincó a la media hora y ordenó a sus escuadrones parlamentarios cerrarle el paso a la legalización, enterrar la dosis mínima y tratar a los consumidores como enfermos mentales. La posición de Uribe va más allá de su guerrerismo y su pacatería; el tiro va —es evidente— contra Carlos Gaviria, que fue el magistrado ponente en la Corte Constitucional de la razonable dosis mínima, y contra Ernesto Samper, que hace años pidió lo que ahora Gaviria pide. Sólo cabe rezarle al padre Marianito que ni el Presidente ni su par de angelitos sufran cualquier día una crisis artrítica.