ALTO VOLTAJE

De aplaudir el esfuerzo que está haciendo la Alcaldía de Medellín en asocio con El Metro, EPM y algunas empresas de taxis, para mejorar el ambiente de la ciudad. Esta vez trascendiendo el polémico pico y placa ambiental y tomando posturas de fondo.

La implementación de vehículos de servicio público alimentados por electricidad seguramente aportará beneficios a los ciudadanos de una ciudad golpeada por la contaminación en gracia del clima, su posición geográfica y el alto nivel de contaminación generada por el excesivo número de vehículos, la pésima calidad del combustible y el poco, (o ningún control) de los desperdicios producidos por las empresas.

La idea no es nueva, ya en 2006 en el Concejo, durante la Alcaldía de Alonso Salazar, se adelantaron fuertes y largos debates respecto al tipo de vehículos que usaría el sistema de buses, Metroplus. Para algunos concejales, como Carlos Ballesteros, los buses deberían ser eléctricos, obviamente como ha hecho carrera en la entidad de control político, se aprobó la propuesta del burgomaestre, que consistía en la compra y uso de buses alimentados por gas.

El hecho de ser el gas el combustible usado por la flota del Metroplus genera dudas sobre la incidencia de este sistema en la contaminación, pues entre los argumentos esgrimidos por el entonces alcalde, por su condición de ser a gas, sería mínima, lo que lleva a la pregunta de si se justifica o no el costo de adquisición, cambio de flota y operación que sin ninguna duda es más elevado.

El anterior cuestionamiento se debe complementar con la inquietud sobre el nivel de responsabilidad de las empresas del sistema tradicional de transporte colectivo, buses y micros que como lo vivimos todos los transeúntes de Medellín, son chimeneas andantes y a las que hasta el momento no se les ve un compromiso serio.

Por otro lado Ciudad de México, donde se presenta un problema similar al de Medellín en un periodo del año, ha sido una de las primeras ciudades en implementar una flota de taxis eléctrica. Con una muestra incipiente de este tipo de vehículos se hizo el estudio de factibilidad del negocio, sin embargo como lo corroboraron todos los implicados, era completamente inviable el modelo con estos vehículos, los costos de prestación de servicio se elevaron y el índice de ganancia rebajó a porcentajes tan pequeños que la inversión difícilmente se libraba.

Esperemos que en un afán desenfrenado por mejorar las condiciones ambientales de la ciudad, y seguir alimentando las ganancias de EPM, las autoridades hayan hecho estudios profundos sobre las implicaciones que tendría a corto y mediano plazo la implementación de este tipo de vehículos y que no se genere un problema mayor en un eventual fracaso de la medida.

Así mismo que este tipo de alternativas no sean paliativos temporales y que se siga generando la discusión sobre las verdaderas causas de la problemática, por ejemplo como lo ha planteado la concejal del Polo, Luz María Múnera, hay que hacer estudios sobre la capacidad de carga del Valle de Aburrá, para determinar cómo debe ser el control de poblamiento y crecimiento de la ciudad región.

Adolfo Ospina

Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.