LA CARTA DICE EL MOTIVO…

“Por eso, con todo y ello creo que Stephan Hawking y el Papa Francisco pensarían que de nada vale la vida sino dejamos así sea una pequeña huella de dignidad que perdure”.
(Jesús Santrich)

“Que nadie perciba que parto con la luz crepuscular de la derrota”, es la frase con la que “Jesús Santrich” finaliza la carta de respuesta al Senador Iván Cepeda y al exnegociador de paz Álvaro Leyva a su solicitud de que suspendiera la huelga de hambre que iniciara hace 38 días, y que la semana anterior fuera la causa de un fuerte quebranto de salud.

La misiva, escrita a puño y letra del mismo acusado de fabricación y envío de droga a los Estados Unidos plantea que su proceso judicial es un montaje de la DEA, (auspiciado por un sector del gobierno y de la sociedad colombiana) para continuar desmontado, “renegociando con la demolición del Pacta Sunt Servanda” los acuerdos de la Habana.

Aunque en su carta hace permanentemente llamados a la esperanza, y deja claro su compromiso de continuar luchando por un proceso que agónico se niega a morir, Santrich, no oculta su preocupación: “Frente a las actuales circunstancias, lo cierto es que no sé si debamos seguir siendo los apóstoles de una fe ciega en el dogma de una paz que del otro lado solamente expresa promesas incumplidas, por una parte, y amenazas de destrozar lo que se había pactado, que, dicho sea de paso, ya no queda nada”.

Evidencia el negociador en su manuscrito que el proceso atraviesa un alto riesgo de desaparición, que del “otro lado”, las fuerzas ocultas que han llevado al conflicto histórico que sufrió -¿sufre?- el país han logrado interponerse de manera exitosa a un ya cojo acuerdo, destruyendo paulatinamente lo que se había pactado.

De alguna manera culpa al presidente Santos y al Jefe Negociador del gobierno de no haber hecho lo suficiente para mantener su compromiso, y por el contrario ser un obstáculo más a la implementación de lo pactado.

Más que una explicación a su actuar que está lejos de ser la compuerta de escape a su responsabilidad jurídica, la carta de Santrich es un testimonio de un “erróneo” proceso de negociación, de haber hecho un pacto con un enemigo dispuesto a incumplirlo con todas las estratagemas y ardides que tiene en sus manos, las manos que ostentan el poder, una contraparte que nunca valoró a su interlocutor como un oponente fuerte ideológica, militar y económicamente.

Son sin duda, las líneas del exguerrillero, un compendio que debería llevar a la sociedad a blindar el acuerdo, que dicho sea de paso ha dejado más cosas positivas que negativas, y exigir a los poderosos, todos, políticos, militares y empresarios que cumplan su parte sin evasivas ni atajos malsanos, que por primera vez en la historia del país dejen de lado sus intereses personales y le den primacía a los colectivos.

Termina Santrich, manifestando que su actitud no es de derrota sino de dignidad, que “no podemos dejar de soñar en que es posible construir nuevos estadios de organización social en libertad”. Y aclara con vehemencia certera que luchará hasta el final por el proceso de paz, así desde el principio él haya tenido sus reparos a lo pactado.

Adolfo Ospina

Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.