DE PASO

La semana que pasó, tuvimos una arrugada del alma muchos de los habitantes del globo terrestre. Un ser con quien no tuvimos contacto físico cercano ni lejano, era considerado un buen amigo y compañero de viaje en el tema culinario: Anthony Burdain.

Puede que para muchos sea un nombre intrascendente, lo más probable, o un nombre que escuchan por primera vez. Pero en el mundo de la comida era un hombre representativo que recorrió el globo terráqueo mostrando la cultura y la cocina en su actividad de conocedor y presentador de televisión. En sus programas los fogones de muchas comunidades en cercanas y lejanas tierras fueron compartidos, así como sus preparaciones. Y no le fue desconocida la incursión en el tema de escribir sus memorias contando su vida, sus negocios, sus desvíos, sus viajes y sus comidas.

En este momento nos encontramos en un boom culinario que hace que tengamos mucha información sobre platos, bebidas, restaurantes, estilos y tipos de comida. Mucho más de cocineros que encontramos en la radio, en los canales de televisión nacional y extranjera entregando todos los días una maraña de conocimiento y noticias. Si uno quiere estar “in” lo primero que tiene que hacer es saber de algunas especialidades culinarias para tener una amena conversación con los amigos y si es una dama con mayor razón.

Este personaje fue un animador del conocimiento del sabor y de la sazón como ninguno otro. Manejaba una simpleza extrema en sus temas, porque presentó desde una comida simple como una pasta, hasta los más refinados platos de la comida europea con amplio conocimiento de lo que hablaba sin ser ampuloso y mucho menos tratando de desorientar con términos o técnicas de poco dominio popular. Era un maestro del bello arte de la cocina.

También hay que decir que no era muy querido por muchos cocineros en el mundo, le cuestionaban que se creyera un artista, le enrostraban sus momentos descarriados de droga y de una vida desordenada y hasta le sacaban a relucir la quiebra de su restaurante en Nueva York, en esencia que nunca había mostrado su creatividad en alguna preparación para llegar a merecer el título de cocinero. Sólo se puede afirmar que fue un señor que gozó la vida muchos años después de haber sido un don nadie en viajes, vestidos, comidas y bebidas y no le faltaron las mujeres. Se convirtió en un hombre de la farándula dura a nivel internacional.

Todo lo malo que se pueda decir de alguien no se le negaría por sus primeros cuarenta años. No obstante en el mundo de la cultura hay que hacer un gran reconocimiento como agente de la popularización y conocimiento del placer de vivir, comer y beber arriesgando a probar las más raras y exclusivas preparaciones.

Entre sus viajes estelares conoció a Medellín con el acercamiento a nuestra cocina más tradicional estando en el inolvidable restaurante “QUEAREPARAENAMORARTE”, disfrutó de la Plaza Minorista y conoció en la comuna Nororiental de Medellín un gran sancocho de terraza hecho en leña y con un ingrediente popular: la marihuana.

Se sintió muy bien atendido y satisfecho con las comidas populares, como buenos antioqueños no faltó el que lo quisiera descrestar con preparaciones que se querían hacer aparecer de mucho dedo parado para descrestar calentanos.

Esa fue su vida: gozar y gozar y, ¿qué nos dejó?, una gran cantidad de información sobre preparaciones de comidas y bebidas de sitios paradisiacos que si no hubiera sido por él no hubiéramos conocido.

El pasado viernes 8 de junio de 2018 el Fórum Gastronómico de Medellín en su primer post del día en su Facebook encabezo: DOLOR, DOLOR, DOLOR.

JESÚS RAFAEL FERNÁNDEZ CEBALLOS

Nacido en Medellín, abogado, cocinero. Director Ejecutivo del Fórum Gastronómico de Medellín.