POR QUÉ NO TRIUNFA LA IZQUIERDA

Alguna vez, no tan lejos como se supone, habrá en Colombia un gobierno de Izquierda. No nos escandalicemos, lo tienen y lo han tenido gobiernos Monárquicos como España y Republicanos como Francia. Y tampoco le estará restringido a un gobierno Democrático como se dice ser el nuestro.

Las condiciones lentamente van madurando, pasa que, lo que le ha faltado a ese árbol del bien común denominado Izquierda o Socialismo, es el que sus frutos no se han dejado madurar, así sus ramas se han visto podadas antes de tiempo.

En realidad lo que le ha faltado y le falta a las ideas de Izquierda en Colombia ha sido y es lenguaje. A un pueblo que se dice poseedor de una alta moralidad, en el que pululan un sinnúmero de creencias y credos, ideas que profesan el bien común: una distribución más equitativa de la riqueza, el desterrar el flagelo de la corrupción; en general una distribución más equilibrada de lo que en buenos términos se denomina Justicia sobre los platillos de la balanza ¿A quién le han de disgustar?

Decimos, lo creemos, y lo sostenemos que lo que le ha faltado a la Izquierda colombiana, bien nutrida desde los discursos de Jorge Eliecer Gaitán, ha sido cultura, lenguaje y conocimiento de una mega-política en un mundo en el que se habla de Economía Global, Guerra de las Galaxias, propuestas planetarias. Como educador que he sido, en contacto, ya sea directa o indirectamente con ideas sindicalistas me han parecido sus expresiones y luchas un poco retardarías e ingenuas.

Recuerdo nuestros gritos durante las manifestaciones estudiantiles y sindicales de los años sesenta: “No al Imperialismo,” “Gringos Go Home,” “Esos son, ahí están los que venden a la nación”. Y el insistente acoso de los grupos políticos universitarios para que en aras del comunismo nos enroláramos en sus filas realizando así nuestro sacrificio por la historia.

He sido testigo de cómo viejos líderes sindicales, a mediados de los años noventa, rechazaban buenas propuestas de dirigentes de Derecha aduciendo, por el hecho de que el señor portara un celular, no había que escuchar a un “pequeño burgués”. Y los largos paros en contra de la inaplazable municipalización de la Educación; lo único que sacábamos en claro era que nos descontaran en la mesada los días de paro y extendieran por más tiempo la jornada de trabajo. Tras muchos años aún se me adeudan días de paro laborados.

Aunque estudiamos los planteamientos de Ricardo y Smith entorno al salario y la “Riqueza de los Naciones”. Aunque vibramos con el “El Dieciocho brumario de Luis Bonaparte” de Carlos Marx, sus “Tesis sobre Feuerbach”, y “El papel del trabajo en la transformación del simio al hombre” de Engels. Aunque leímos el “catecismo” de Marta Harnecker con respecto al “Materialismo Dialéctico”, y supimos del trabajo de “Lenin crítico de Tolstoi” por Louis Althusser. Aunque nos informamos de la revolución cultural de Mao esperando un mejor futuro para la pobreza de nuestras gentes; fue el trabajo Genealógico e Interpretativo de Nietzsche el que abrió nuestros ojos a la realidad.

La filosofía tendrá un antes de Nietzsche y un después de Nietzsche, no en vano el filósofo del Siglo XX Martín Heidegger lo llama “el último metafísico”. En un libro precioso titulado “El Ocaso de los Ídolos” el solitario de Sils Marie nos dice: “el Estado, no es malo, las instituciones no son malas… lo malo son las fuerzas que, se apropian, se adueñan de ellas, se expresan a través de ellas; las instituciones son un gran logro de la humanidad”.

En otras palabras y para no hacernos muy extensos; al poder de un gobierno no se llega ultrajando, cambiando, destruyendo lo establecido; sí apoderándose de él con sus propias palabras, con sus propios métodos con el fin de darle un sentido grande y diferente. Una transformación en la repartición de las riquezas no se logra realizando una inversión colocando los pobres arriba, los ricos abajo; usurpando a las “nuevas generaciones de dueños” el pedazo de torta que desde antiguo, desde la llegada de los españoles y a espalda de los auténticos dueños, los indígenas, ha estado mal repartida; reproduciendo nuevamente las condiciones de explotación.

No en vano un Departamento como Nariño está abierto más que otros en el mapa nacional a las ideas socialistas; ellos han experimentado, cómo dentro de lo establecido, dentro del poder, sin ilegitimarlo se han expresado otras fuerzas que han traído bienestar a su región.

No sin sorpresa vemos cómo una serie prestigiosa de intelectuales y hombres de ciencia tomaron puesto en el balcón de la “Colombia Humana”; todos ellos con asientos de primera, pero con la puerta abierta al exterior en el caso de que las cosas se pongan “zurdas” o que el experimento fracasara. Ante una clase despótica, ante unos magistrados y políticos corruptos no nos puede extrañar que la juventud universitaria quiera situarse ante esos balcones.

Lo que deben tener en cuenta los nuevos dirigentes de Izquierda es que hasta ahora el lenguaje no les favorece, y que éste no se adquiere de la noche a la mañana simplemente copiando formas, gestos, ademanes y gastos suntuarios de los que hacen alarde los hasta ahora denominados buenos. Falta lectura, conocimiento, superación de resentimientos y ante todo mucha alma; y como nos enseñan los filósofos no atacamos personas, atacamos ideas expresadas, encarnadas manifestadas por las personas.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia.