DOBLE MORAL

¡Eliminados del Mundial! Tratados previamente por diario deportivo inglés “The Sun” como productores de café además de “otras cositas”. ¡Jugando como nunca y perdiendo como siempre!

El que hayamos ido a otro mundial es cosa que enaltece, en el camino, quedaron otros supuestamente mejores. En realidad no contamos con suerte, a pesar de lo mucho que rezamos a la “Virgen de la Ternura de Vladimir”. En la antesala del mundial, Fabra se lesionó y cuando se logró armar un medio campo de lujo, con James y Quintero que goleó a Polonia, James no aguantó.

Poseemos un país con una posición geográfica, diversidad y productividad envidiable. Si los índices de ser un país poblado por gentes perniciosas no nos desfavorecieran, seríamos una nación próspera y muy desarrollada. Para expertos bioquímicos, antropólogos y literatos somos poseedores de una riqueza en la producción de alucinógenos que envidia la más exigente farmacopea.

El asunto es que a esta riqueza en narcóticos en vez de llamarla “Plantas de los Dioses”, como las denominan bioquímicos, antropólogos, literatos y pueblos autóctonos; la tildamos como “la mata que mata”, y no “el néctar de la delicia” como se la conoce en la India. La ayahuasca, la poción mágica de la Amazonía. Y la amapola, “lindísima amapola…”, como dice la canción.

Y de “Mama Coca” ya conocemos los estigmas que actualmente existen sobre la hoja. Hoja codiciada por los laboratorios farmacéuticos de Alemania, Suiza y productores norteamericanos de la Coca Cola; cuyo mercado abastece el pueblo boliviano y peruano, más no le es permitida al colombiano.

Hoja de Coca de donde se extraen medicamentos que reducen la fatiga y palian el dolor. Y de donde se destila además, esa sustancia que fascinó al padre del psicoanálisis Sigmund Freud, y a literatos del viejo mundo: “¡Que sería de mí, sin la esperanza que representa la cocaína!”, exclamaba George Bataille.

El cuento es que a finales de los años setenta, los productores de cocaína y de la por entonces llamada “Colombian Gold” mariguana de la Sierra Nevada, eran propietarios de la calle del comercio más afamada de la paradisiaca Miami “Lincoln Road”. Y la mafia gringa, llenos de envidia, y que para nada son viciosos, se inventaron, como lo han hecho muchas veces con otras sustancias, el “peo” del bazuco.

“Peo” que causó estragos en más de un profesional y acabó con la riqueza de familias en Latinoamérica. Hoy la “Colombian Gold” es erradicada en las tierras de la Sierra Nevada pero producida y permitida en más de la mitad de los Estados de la Unión, legalizada en Uruguay y consumida en Holanda.

Ahora nuestro Duque Presidente pretende, dar marcha atrás; acabar con la “dosis personal”, para que nuestra juventud tenga que andar con ella escondida entre las “güevas”. Y continuar colaborando con los grandes poderes económicos para que la FIFA nos siga haciendo esos regalitos de enviarnos a pitar un partido a un árbitro que venía de ser sancionado seis meses por mal arbitraje y se entendiera tan sólo con nuestros contrincantes, oriundos de su “puta” madre patria.

Lo de Yepes en Brasil fue gol; lo de la “Roca Sánchez” en Moscú no fue penalti. Pero no nos justifiquemos; aunque hagamos burla del teatro de “niño sufrido” de Neymar y no nos agrade el básquet gol futbolístico practicado por los uruguayos; ni las “mordidas” del “fusilero” de Luis Suárez, tenemos que confesar, con cierta envidia, que tienen el arco pintado en la frente. ¿Cómo llegar a traernos la copa de un Mundial si nuestros muchachos en 45 minutos no realizan ni un tiro al arco contrario, en contra de 3 a 4 de nuestros contrincantes?

A nivel mundial poseemos un estigma que nos lo enrostran a todos los colombianos deportistas o gentes del común de forma constante. Nos duele, enfurrusca, y llega a sacarnos de casillas. El complejo de “hideputas” del que hablaba el filósofo de Envigado Fernando González. Pero no nos inquietemos, todos los pueblos también cargan en su historial con una hoja negra. Para el caso de los ingleses: construyeron su imperio con la piratería; robaron la riqueza de los faraones; fomentaron el consumo de opio entre los chinos para financiar su naciente revolución industrial y lograr dominar el comercio del té en el mundo occidental; dividieron a la India; fomentaron el Apartheid, y le robaron las Malvinas a los argentinos. ¡Qué honestidad! ¡Qué angelitos, Dios mío!

La existencia del “Oro blanco”, la cocaína; y de la “Colombian Gold”, la mariguana en vez de rebajarnos nos debería enaltecer. La cocaína es la sustancia preferida por las clases adineradas en todo el mundo, y es perseguida y estigmatizada no tanto por lo nociva a la salud, si por la posesión del multimillonario mercado de la misma. Y la mariguana, después de que perdiéramos su producción, lentamente está dejando atrás su connotación nociva a ser “la planta que cura”.

De tanto divulgarlas aquí o allá ya no recuerdo si son de Artaud, de Nietzsche o mías estas palabras: “Todo lo que buscamos en el alcohol, en las drogas, en el amor, en la religión es una visión poética de la realidad”. Lo malo no son las cosas, es el uso que hacemos de ellas. Lo sabe la medicina: es la dosificación la que constituye el remedio o el veneno.

En todo caso lo perdido en el campo de fútbol no se gana en el papel; es la vieja tara sembrada en nuestras conciencias por quienes hacen la ley, quienes además constantemente, la están transgrediendo y cobran por ello. Una vez realizada la difamación la revista inglesa “The Sun” se disculpó, eso forma parte de su sentido de honestidad. Pero en asuntos de balompié, para nosotros, sólo falta ser más contundentes a la hora de anotar. Única forma de superar un pésimo arbitraje.

¡Y en asuntos de devoción! A Dios no parece que le interesara el fútbol; sino en el equipo del papa San Lorenzo de Almagro integraría la selección Argentina. Derrotado sale el que dedicó el gol a lo alto en el interregno, como el que no.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia.