123 AÑOS DE TERGIVERSACIONES

El “fosco”, poeta, León de Greiff nacido el 22 de Julio de 1895 en la Villa de la Candelaria. A mediados de 1915 cambió la cómoda hamaca, en las tórridas tierras del país utópico de Bolombolo, por donde discurren perezosas las aguas del Bredunco, allá en la Herradura; la cambio por las extensas y ventosas vegas del zipa; por la capa, por el tabardo astroso, por la larga y enmarañada barba, por la alta pipa, por la boina, por un cantar, y se declaró acontista.

Su decir se tornó más luengo, sinfoniano, de extensas florituras. Atrás habían quedado las caderas de Ulalume; las viejas líneas del ferrocarril de Antioquia, las báquicas sendas del alto de Otramina; las consteladas noches en que, junto a los Pánidas, relataba su pena a Proxión, al divino Boyero, a Aldebarán, en fin a las estrellas.

Nunca entendí por qué había cambiado su claro son sonoro, su trova extática, meditabunda; cogitabunda, paralela; su ser arbitrario, antipático de ojos atónitos, estrambóticos que no habían visto el mar, por las tertulias saturadas de humo del “Automático”, sus clases de literatura en la Nacional, los partidos de fútbol en el Dorado y las altas emisiones de la Radio Nacional.

Sus acerados ojos de Viking, perplejos, cogitabundos, prefirieron las vastas y monótonas llanuras del zipa que le evocaban la cantiga del mar, de un mar que fatigaron sus mayores, gentes de Netupiromba bravos escandinavos de gigantesco porte, de ojos orgullosos azules y apáticos, a la escarpada montaña y los cambiantes ritmos de la Xenúfana, dominios del Caimacán de Bolombolo.

Cambió las noches de lunada luna, por fazañas imposibles realizadas en turbio fonambulismo; por la soledad de ojos redondos, por el tedio y el cansancio que apenas nacido ya cuenta mil años. Por la noche sin lindes, por el país difuso de los sueños; noches de bureo tras el caletre diurno con la olvidoza gente dando siempre opiniones.

La cambió por la sombra del fastidio, donde su gallo corazón quedó sin alegría. ¿Olvido acaso el Relato de Hárald el Obscuro, el Relato de Sergio Stepansky, nacidos en Netupiromba?¿las noches de encendidas lámparas vagabundas, las Mil y una Noche de Scherezade, sus viajes; viajes siempre de regreso, de dónde arribaba con sus sueños corroídos de lepras azules?

Lo cierto fue que quiso estar solo, sin compañía, no quería coreo; quiso ser el solitario, el taciturno, catar silencio, que le dejásemos oscuro; dolor en ristre, angustia lacerante, en su nao pirata único a bordo. Se instaló en tierras del Zaque, donde fue un poco lento y largo en sus relaciones; donde recordó a las fermosas que ido se han; ¡mujeres malas! ¡malas! como dice el monje que na más así las ama: a Ulalume, a Chatli, a las Isoldas, a las Medeas, a las Circes, a las Melusinas, a las Ofelias, con las que compartió el bravo amor, murciélago macabro, deliciosa mentira, sortílego veneno.

Huyéndole al joyoso país de la locura, vecino al yermo de los sueños, se inició en el periplo nocturno, embarcose en la insaciable noche; volviose pescador de perlas en Beba Beba; de ese viaje trajo las manos llenas de zafiros cruentos que le restringieron sus horas al ensueño; hasta la visita de la Parca, la señora muerte que se va llevando todo lo bueno que en nosotros topa.

Antes de concluir, con el juglar ebrio y su trágico miserere; que quería cantar sólo como canta el mar; me he enterado que el poeta de Greiff de la estirpe de Saturno no cambió su hamaca; por gracia de la noche, se la llevó para la Sabana de Bogotá.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia.