¿Y LA CASA?

Por: Mariana Mejía Londoño

Ha pasado un año desde la tan mencionada y a la vez polémica demolición de la Casa Consistorial de Caldas Antioquia. Una situación que despertó opiniones y controversias, volviéndose finalmente una lucha de egos y poderes que dejó a los caldeños sin casa, y al Alcalde, sin Alcaldía.

Con dos pisos de altura, un gran patio central en piedra -técnica única representativa de la decoración de la época-, paredes de tapia, suelos de madera y balcones que daban hacia el exterior. Así era el Palacio Municipal Jorge Eliecer Gaitán, una gran casa antigua construida en el siglo XIX ubicada en una de las esquinas del parque principal. Desde los años 40 funcionó como sede de la alcaldía, hasta que, en 2017, por el supuesto deterioro de sus instalaciones, fue demolida por la actual administración, acto que causó encontradas opiniones en la población.

Entre los argumentos a favor y en contra, y sin ser aún demolida, comenzó una especie de disputa entre el “progreso” y el patrimonio. Cada parte defendía sus principios y se armaban cada vez más de motivos por los cuales debía o no tumbarse el inmueble.

Pese a las múltiples manifestaciones, reuniones y actos simbólicos que se hicieron para llegar a un acuerdo, en septiembre del año pasado, el alcalde Carlos Durán, procedió a su demolición, volviendo polvo y escombros en menos de tres días, un espacio que llevaba allí más de 120 años.

Meses después, tras la desilusión de quienes estaban a favor de conservar la edificación y ya resignados a la situación, llegó una carta desde Bogotá enviada por el Ministerio de Cultura de Colombia, exigiendo al alcalde reconstruir la casa. Petición respaldada por la Ley 1185 de 2008, que en su artículo 4 establece: “En caso de que se obligue la demolición parcial o total de un bien de interés cultural (…) se deberá ordenar la reconstrucción inmediata de lo demolido, según su diseño original y con sujeción a las normas que sean aplicables”.

Resulta que el inmueble, sí estaba incluido como bien patrimonial en el inventarío realizado por el Área Metropolitana, la misma entidad que aportó el dinero para la demolición y levantamiento de la nueva sede administrativa, un hecho contradictorio que demuestra los intereses económicos y políticos escondidos detrás de todo el asunto.

Esta carta y su requerimiento, sustentado en el POT municipal del 2000 (Aprobado mediante Acuerdo 056 del 2000) que señala como patrimonio Urbanísticos y/o Arquitectónicos los inmuebles localizados en la totalidad del recorrido de la Carrera 49, además de varias demandas que se han hecho frente a la construcción de la nueva obra, tiene al municipio con un gigante lote desocupado y por ahora, sin ningún avance.

El martes 18 de septiembre los defensores del patrimonio realizaron un acto simbólico en pleno marco de la plaza para conmemorar el primer año de la desaparición del palacio. Con ataúd, cantos gregorianos, velas y un minuto de silencio, este grupo de caldeños se tomó el parque Santander para expresar su dolor e inconformidad por éste y muchos otros actos realizados por la Administración.

El alcalde por su lado no hace muchas declaraciones al respecto y tampoco tiene miedo de quebrantar las normas, hace poco aclaró que la demora era debido a los estudios de suelos y los procesos licitatorios para la construcción; sin embargo, hay mucho más de fondo que no sale a la luz, motivo por el cual el proyecto lleva detenido casi un año.

Esta casona, corrió con la misma suerte de muchas de las casas antiguas y coloniales del municipio que con el pasar del tiempo desaparecen y son cambiadas por altos edificios con estructuras iguales y poco creativas, construcciones hechas a través de actos de corrupción, donde se ceden permisos a cambio de apartamentos y dinero.

De patrimonio queda ya muy poco, Caldas no es el mismo pueblo que era años atrás y mientras los románticos lo recuerdan con tristeza y nostalgia, otros apuntan por el tan esperado “progreso”, palabra que tiene de lema la administración municipal.