SOCIALISMO TECNOLÓGICO

Hay expresiones que no envejecen “Nadie se baña dos veces en el mismo río”. “La palabra dicha como la flecha disparada no vuelve atrás”. “Un pueblo que no conoce su historia tiende a repetirla”.

Los teóricos del materialismo dialéctico desde mediados del siglo XIX nos vienen diciendo que en la sucesión de los “medios de producción” se encuentra, tras el capitalismo; el anhelado, siempre esquivo, ultrajado, perseguido Socialismo y, además lo consideran un destino inevitable.

Los mayores enemigos de éste “modo de producción”, que a medias, y en países altamente desarrollados, basados en la justicia social, en pocas instancias de la vida comunitaria han logrado plasmarlo; han sido los mismos sistemas capitalistas.

Así sucedió con los señores feudales, quienes se oponían al comerciante del incipiente capitalismo, pero muy a pesar suyo eran atraídos por el bullicio del “burgo”, de las nacientes ciudades.

Los estados modernos han preferido desangrarse en guerras civiles, antes de permitir el logro de un bienestar social denominado Socialismo. ¿Acaso lo imaginan demasiado?

Leyendo el texto del periodista y presentador de CNN en Español Andrés Oppenheimer “¡Sálvese quien pueda!” me he enterado que los futurólogos bien podrían dividirse en tecno-pesimistas, y tecno-optimistas; ambos parten de la realidad de un mundo automatizado. El futuro está aquí y se expresa de diferentes maneras, y una sola es su lengua, la de la técnica.

Algoritmos, inteligencia artificial, robótica; super-computadoras; ciborgs; restaurantes automatizados, tabletas electrónicas para pedir y pagar el servicio; uso de pantallas táctiles; dinero digital; comercio electrónico, tiendas virtuales; visores de realidad virtual, realidad aumentada; drones en la mensajería puerta a puerta. Tutores robótico, adiós a las tediosas clases con profesores igualmente aburridos. Diagnósticos médicos e intervenciones realizadas por inteligencia artificial.

Lo anterior no es sólo una propuesta, es un hecho; te introduces en una burbuja creada por Tesla, manifiestas donde deseas ir; y un vehículo automatizado, con el que puedes interactuar, te sitúa frente a la puerta deseada.

En el trayecto puedes trabajar, contestar tus emails, y escuchar informes sobre tu deporte favorito, escritos por mentes artificiales. Si estás de viaje, te introduce en el hall del hotel un robot que se encargara de asignarte el cuarto que previamente tu “asesor digital” Siri Alexa o Cortana habrán reservado.

Si estás en Japón es posible que se te sugiera un restaurante de Suchi, donde el cocinero, y hasta el camarero son robots; o si prefieres en la esquina encuentras una máquina expendedora de comida caliente.

Y si enfermaste en el viaje, la super-computadora Watson de IBM puede diagnosticar mejor sobre tu caso, poseedora de una información de más de millón y medio de pacientes y con una documentación de más de dos millones de páginas de divulgación científica.

Frente a ésta realidad que ya está a la puerta, los tecno-optimistas ven, a pesar de un mundo de escasez, de desempleos masivos, suplantados por una inteligencia artificial, ven que “el futuro será mejor de lo que piensas”.

Empresas que se han automatizado ya obtienen beneficios al mermar costos sobre renta de locales y mano de obra humana; permitirán a largo plazo un abaratamiento de las necesidades básicas,

Los tecno-pesimistas, como lo asegura Oppenheimer vaticinan un sinnúmero de víctimas del desempleo tecnológico, el 47% de los empleos será remplazado por robots o computadoras inteligentes; los ejemplos no faltan.

Una empresa como Kodak con 140.000 empleados, fue llevada a la bancarrota por Instagram empresa de 13 empleados que supo anticiparse a la fotografía digital. La cadena de restaurantes japonesa Hamazuchi de ganancias fabulosas gracias a sus ahorros en mano de obra; 454 restaurantes con un personal fijo de 466 empleados.

Un futuro de desempleados, nueva “aristocracia” que tendrá que aprender a decir no al trabajo, y con una nueva concepción sobre el “ocio”, y el tiempo libre; cambiará la política de los estados y periódicamente recibirán un ingreso básico mensual en moneda virtual.

La socialización de los bienes es evidente; en 1970 para obtener una cámara de video, una cámara fotográfica, una consola de juegos, un equipo de música, un reloj, una enciclopedia, necesitabas mucho dinero. Hoy en un teléfono inteligente los tienes y gratis. El más esforzado campesino, alejado del casco urbano, posee un celular; móvil que en sus inicios era sólo propiedad de empresas privadas y altos ejecutivos.

Así como la ciencia ficción ha orientado el nacimiento de nuevas tecnologías que ayer eran sólo ideas. ¿Logrará, una era digital, implementar un “modo de producción” donde el bienestar general denominado Socialismo llame a la puerta, a pesar de la oposición de los grandes capitales y financiado en última instancia por ellos? ¡Nueva paradoja para los estudiosos de la Historia!

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia.