¿ENTRADAS A LA BITÁCORA?

Por Carla Ospina

Sólo unos pocos intrépidos tienen su bitácora sexual en pequeños cuadernitos rojos, tan Rubén Fonseca, llenos de nombres, fechas y alguna señal particular.

Otros tienen su memoria en las redes sociales, ir al buscador para ver de quién eran pareja en 2012, reconocerse en la foto, verificar que no hubo bloqueos de parte y parte y creer que eran felices por unas cuantas fotos.

Sin embargo, la gran mayoría tenemos la bitácora en nuestra memoria, una memoria selectiva y engañosa.

Pudiéramos ponernos de hipócritas a decir que las mujeres tenemos nuestra bitácora sexual clara porque el listado es corto y siempre son parejas estables de largo tiempo, pero no nos engañemos, tanto hombres como mujeres en esta época tienen -o deberían tener- un listado contundente de: exmaridos, exnovios, examantes, examigos con derechos, exfletes, ex de una noche, ex de vacaciones, ex, ex, ex no identificado, ex no sabe no responde.

Todos ingresamos a esas bitácoras con nombre, apellido, un apodo cariñoso o arrecho, detalles de nuestra vida y del tiempo que pasamos juntos, también entramos a un ranking personalizado de buen o mal polvo, algunos serán más específicos: buena en esto no tanto en lo otro, y así.

Después de habitar esas bitácoras por un tiempo determinado en el cual la información está updated, y en crescendo, llega la debacle.

Y nos convertimos en la del lunar en la nies (el editor querrá poner perineo); en la que tenía esa cicatriz cerca al pliegue del culo con el muslo, infiltraciones y cremas cicatrizantes para que finalmente seas la cicatriz sin nombre que no hacía ningún ruido al culiar.

Recordar pequeños detalles de las uñas de las manos, del cuello cuando se estiraba, una verruguita que tenía en la cabeza pero el pelo largo nunca la dejaba ver, un ano como un nudo de bomba, mal hecho; pezones con lunares o manchas, una especie de risa con chillido que no pude soportar, el primero que me tocó sin circuncidar; amo los tatuajes pero ese estaba mal ubicado, series de imágenes que son sólo eso.

Y no se sorprendan si les digo que más mujeres confesaron haber olvidado rostros y nombres, tal vez porque los penes están dispuestos a la posibilidad de revisitar el placer de esa línea en la bitácora aunque sea una vez más.

Carla Ospina

Escritora y hermeneuta del día a día. Compasiva aunque no parece. Ácida porque hay gente a la que le gusta el limón con sal ¿o no? Su perversión: observar, todo, a todos, todo el tiempo. Su ternura es sutil. Twitter: @historiascarlao