INDIGNANTE

Le ofrezco disculpas a los lectores de esta columna por los errores que pueda encontrar, son involuntarios y generados por la enorme indignación que me embarga al momento de escribirla.

Lo que está sucediendo con el río Cauca, el caudaloso, el río que, junto con el Magdalena, cruzan gran parte del país dando vida, es absolutamente indignante y salvaje. No son “unos peces muertos” como mencionó algún comunicador, es la vida misma que fue y es pisoteada por los dirigentes paisas.

Si todavía algún incauto duda del salvajismo del modelo económico que se ha impuesto y que se aplica rajatabla en Colombia, creo que le han sido resueltas: se ha demostrado que la oposición al proyecto de Hidroituango por algunos líderes asesinados no era un afán utópico de conservar sus tierras y la belleza del sitio donde se construiría (que sería válida), sino por la realidad de la poca e inapropiada planeación con que se realizó.

Las imágenes son simplemente desgarradoras. Los “hacedores” mataron antes de iniciar la construcción, mataron en la construcción y están matando en el intento desesperado de salvar algo que nació muerto y que solo respira por el oxígeno artificial que le suministra el ego desmesurado de los paisas y el afán desmesurado de no reconocer que se hizo mal hecho.

El capitalismo salvaje que se impone en el mundo, en Colombia, en Antioquia, ha puesto a su servicio el medio ambiente, sin más restricciones que el libro de contabilidad, lo importante es ganar, sin importar lo que haya que hacer para ello.

Y así han hecho de nosotros, los del común, idiotas útiles a los que nos indilgan una responsabilidad que no es tan nuestra: desplácese en bicicleta para purificar el aire, mientras ellos construyen aviones y carros sin cesar, separe la basura para reciclarla, mientras ellos producen empaques indestructibles y perennes en el tiempo, cierre la llave mientras se lava los dientes, no la desperdicie, mientras ellos hacen hidroeléctricas o la usan como contenedores de sus deshechos asesinos.

Con cinismo, porque no encuentro una palabra más adecuada, ha empezado a sonar una propaganda en la radio en la que EPM, nos informa que habrán cambios, (no explicita cuáles), en la factura de cobro, porque han empezado a limpiar el río Medellín, mientras tanto @luisyepesb denuncia casi a diario respaldando con fotos, cómo las empresas del Valle de Aburrá, han cogido de basurero el rio Medellín. (Esto es accesorio)
El desconcierto no para con el anuncio de medidas a destiempo, por el contrario aumenta, cuando nos damos cuenta que hábilmente los responsables del descalabro de Hidroituango, despersonalizan la responsabilidad y la arrojan sobre una entidad que fue un modelo a seguir de la eficiencia de lo público, desvalorizándola, quizás abonando el terreno para su privatización “un negocio de esa magnitud no puede ser público”.

Y al tiempo se lavan las manos, como si EPM fuera Skaynet, un ente con autonomía en sí, como si no dependiera de una junta directiva conformada por los gobernantes de turno que no sólo ocupan un lugar en esa junta, sino que además han nombrado a dedo al gerente de ella. Ellos son los verdaderos responsables de la actual crisis, ellos y su inflado ego, que desde el gobierno de Fajardo dispusieron la empresa de los paisas para lograr sus fines particulares, disfrazando con el mejor de los disfraces una ciudad que se come así misma, ascidias malditas, la vendieron como la quinta maravilla, solo con el fin de pasar a la historia como “los que cambiaron el rumbo de la narcópolis Medellín y la convirtieron en la suiza latinoamericana (desplazando a Tunja).

Ellos son los responsables, cada uno tiene su aporte, algunos por acción y otros por omisión, y se lavan las manos, y crean numerales en twitter #epmestamosahi, y crucifican a quien se atreva a decir que EPM es la responsable del desastre de Hidroituango, pero a la hora de dar la cara, de asumir los errores, se lavan las manos diciendo: “no tengo que ver” y a la hora de plantear soluciones recurren a la mano divina, quizás la de Maradona en el mundial de 1986, porque tienen claro que Hidroituango sobrevive por su soberbia y su megalomanía.

Adolfo Ospina

Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.