INVESTIGACIONES Y FUENTES

Para escribir esta columna algunos pensarán que la investigación la hago en extenuantes jornadas en una cama, o en varias camas: ojalá. Otros supondrán que soy la Jefa en una casa de citas y trato muy bien a mis chicas: podría. Creerán que tengo una tarjeta de crédito de gastos de representación para ir a cuanta fiesta erótica haya en la ciudad: debería.

La verdad es que me la paso conversando con gente, en grupos y en reuniones, en un café, haciendo fila, esperando una consulta. Nunca he sabido por qué pero la gente me cuenta cosas, tengo esa energía. Y yo, como buena metida, pues escucho y a veces opino, pero sobre todo si alguien da papaya, interrogo.

A veces las personas tienen el sexo a flor de piel, y no porque estén arrechas, sino porque algo les preocupa y sale el tema o la duda en los primeros minutos, a veces se pasan por muchos tópicos antes de que alguien llegue al ¿a ustedes no les ha pasado?…

Y de ahí me toca oír toda clase de experiencias, confieso que algunas las escucho con envidia y revisando mentalmente con quién podría tener un momento similar. Confieso que otras historias no merecen ni una contra pregunta. Y algunas me escandalizan por lo mojigatas y retrógradas, si pensaron que me escandalizaban las historias fuertes, escatológicas o bizarras, no, esas no.

Me horrorizan más las que relatan personas en situación de frigidez, o apatía por su cuerpo y el placer que este puede provocar o sentir. Me aterran las que demuestran que hay parejas con diferentes niveles de curiosidad. Me emputa cuando me cuentan que les dijeron esa es ropa de puta, o me estás proponiendo un trío porque ya no te gusto como antes.

Amo cuando entran en detalles y al final concluyen: yo no pensé que me gustara eso pero sí. Me emociono cuando veo parejas que se encontraron no en la vida, sino también en sus orgasmos y sus gustos. Me encanta cuando alguien corrige el “le gusta de res y de cerdo” por es bisexual.

En fin, puede que no me la pase sudando de cama en cama pero me imagino cada cama sudada por mis fuentes y sus polvos. Esto también es sexo, es como tragar polvo.

Carla Ospina

Escritora y hermeneuta del día a día. Compasiva aunque no parece. Ácida porque hay gente a la que le gusta el limón con sal ¿o no? Su perversión: observar, todo, a todos, todo el tiempo. Su ternura es sutil. Twitter: @historiascarlao