“CIUDAD CULTA”

El domingo estuve compartiendo con el abuelo de mi hijo, un actor de teatro que conoció bastante a Ramiro Tejada. El saludo fue: -Se murió Ramiro esta mañana. Triste, empezó a narrar historias gloriosas de maquillaje, luces y escenario.

Ese 12 de mayo en la tarde, la Medellín culta tenía que ver con Ramiro Tejada, teatrero, iconoclasta, irreverente, desparpajado, prestidigitador, cuentero, poeta, loco, excéntrico, nadaístas y abogado.

Por whatsapp llegó un texto anónimo como en cadena de oración:

“Dad a cada quien su propia muerte” la súplica de Rilke, en Colombia es bastante improbable, morir es una arbitrariedad de los ladrones de la vida, usurpadores del derecho a la muerte propia. Ramiro Tejada de una vida natural, tuvo la suerte, ahora tan escasa, de una muerte natural, y una despedida igual a sus excentricidades cotidianas.

Ramiro, una alegría para sus amigos y la ciudad, el toque de color del Medellín lúgubre que tantas vergüenzas ha parido, esta ciudad entrega uno de sus mejores hijos con la alegría de su recuerdo, acompañado por los suyos, y la sorpresa de transeúntes que se preguntaban: “¿Y quién murió pues?” es una pena no conocer la respuesta de Ramiro, con su desparpajo, a semejante pregunta.

Un cortejo entre risas y llantos, sensaciones inexplicables, un cortejo como al músico de Saint Merry, le acompañó por las calles por las que caminaba como una danza, con su sombrilla de Loor, su sombrero robado de un cuadro de Magritte y sus corbatas de encurtidos multicolores. ¡Oh cortejo, oh cortejo! “Cortejos oh cortejos, como antaño cuando el rey volvía de Vincennes llegaron en tropel vendedores de gorras…”. ¡Queda el recuerdo de una risa imprudente, vagando por las calles anónimas!

Al día siguiente la “ciudad culta” estaba paralizada y estupefacta por la muerte de Tejada. Todos lamentaron la muerte de un hombre que como el mismo lo dijo en su momento, “como actor fue un buen abogado, y como abogado, un excelente actor”.

Sobraron palabras y poesía para lamentar su muerte. Todos sintieron la muerte de Ramiro al punto de hacer apología de esta sociedad goda y doble moralista que llora sus muertos pero cuando están calientes porque cuando se enfrían se olvidan de ellos.

Las afugias, especialmente las económicas, por las que atravesó Ramiro Tejada, común denominador en su vida, no fueron tema ni de la prensa, ni de los gestores culturales y menos de los contratadores que pudieron, en su momento, invertir en teatro, en obras, en presentaciones para que muchos actores y actrices, entre ellos, el muerto, no hubieran tenido que lavar platos en restaurantes por el derecho a un almuerzo.

Para ajustar desde mi puesto de trabajo, mi compañero de al lado coincide conmigo con la siguiente pregunta: ¿si era tan bueno porque no lo contrataron, porque no usaban sus servicios como abogado, como artista?…

¡Doble moralistas, godos, elitistas, gonorreas, hijueputas!, apuesto, les debe estar diciendo Ramiro desde su tumba a la mayoría que cargaron su ataúd el pasado fin de semana.

RAMIRO TEJADA: Abogado, actor y director de teatro, falleció en la mañana del domingo 12 de mayo debido a un paro cardíaco. Fue actor en las obras “El Padre Casafús”, “Tribulaciones de un Abogado que quiso ser Actor”, “Amantina o la Historia de un desamor” y “Las Burguesas de la Calle Menor.

Fue asesor jurídico de Producciones Filmamento durante la producción de las películas “La Vendedora de Rosas” y “Sumas & Restas”, de Víctor Gaviria. Fue profesor de cátedra y asesor de prácticas del Consultorio Jurídico de la Universidad de Antioquia.

Ruben Benjumea

Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.