RESPONSABLES

“No te preguntes lo que tú país puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tú país”.
John F. Kennedy

Kennedy un americano como John Steinbeck, Hemingway, Emerson, Whitman, Thoreau, Kerouac, Hendrix y miles de hombres anónimamente han habitado y habitan el altivo Norte.

De forma similar Juan Rulfo buscando orientar la Identidad mexicana decía (cito de memoria), “posiblemente éste no es el país de nuestros sueños, tampoco el que satisface prontamente nuestras necesidades y expectativas, pero es el único que tenemos y es el único que queremos”.

Igual sucede con Colombia, con sus dos océanos, con selvas, desiertos, montañas, ríos y quebradas y con la inmensa mayoría de sus gentes con un gran deseo de dejar de matarse los unos a los otros de una vez y por siempre.

Orientados por viejas nociones y a veces carentes de ellas deseamos remontar el competitivo siglo del conocimiento. Rezagados atribuimos nuestros desaciertos y fracasos, el no poder tomar la delantera, a otros, siempre afuera; no a nosotros mismos.

Si en el Kalahari hay grupos indígenas, los bosquimanos, que desconocen la propiedad privada, el concepto de lo mío. ¿Por qué no ha de ser factible la existencia de unas gentes, de un pueblo, de una nación que erradique de su lenguaje la noción de “culpa”, y por lo tanto la de “castigo”?

Pero no estamos preparados para semejante altura. Ya Nietzsche señalaba que los criterios de “culpa” y “castigo” son términos “judiciales” que no deben aplicarse a la vida. El que la hora de la Justicia no suene en los campanarios de la tierra, no constituye óbice, para atribuir nuestra situación actual a otro, u otros. Habrá que buscar el motivo del hacinamiento en las cárceles por las sendas de la cultura.

La mayor responsabilidad es hacia uno mismo. Bill Gates invitado como consejero a una institución de jóvenes de dudoso comportamiento, descubrió a los chicos, el primer mandamiento de su decálogo de hombre innovador, triunfador, y millonario:

“Si quieres cambiar el mundo, empieza por el cuarto de tu casa”. De allí provienen nuestras actitudes y gestos que contaminan, ensucian y destruyen el planeta. Como también el gusto por la limpieza y la felicidad que proporciona el baño.

Hemos visto cómo, desde buses municipales, hasta coches de alta gama, arrojan sus pasajeros basuras por las ventanillas. O gente “cool” con botella en mano queriendo “hidratar” terminan abandonando el recipiente en cualquier lado; convencidos que la madre naturaleza al día siguiente escoba en mano saldrá a recoger nuestros desperdicios.

Pareciera que la ignorancia nos definiera en última instancia. El cambio ha de empezar con las pequeñas cosas; con los más íntimos y cercanos actos, partiendo del centro de la persona.

Así no tendremos un basurero entorno a nuestra calle, entorno a nuestro barrio. Culturas altamente civilizadas, como la japonesa, multa a quien arroje basuras a la calle. Pero aquí celebramos la osadía de transgredir las normas.

“Aplastar la ignorancia” es el lema inscrito sobre la arcada del templo de Kali deidad India. Lema que el mismo país ha puesto en obra emergiendo como un gran poder científico, tecnológico y educativo.

Educar es una decisión que empieza desde la casa, desde el centro del corazón; tenemos los gobernantes que nos merecemos y unos funcionarios que a pesar de devengar buen salario despotrican de quien los alimenta.

“Si tu objetivo es progresar un año, siembra trigo, si tu objetivo es progresar diez años, siembra árboles, si tu objetivo es progresar cien años, educa a tus hijos”.

Confucio

Aunque guardo mis reservas hacia el país que usurpó las alturas de la espiritualidad tibetana, y qué me escandaliza lo de “la cama caliente”; es de reconocer que en asuntos educativos a nivel global los chinos son de avanzada. ¿Cómo explicar que es el país del mundo de mayor habla Anglo – Sajona?, ¿cuento chino?

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia.