UNA MONEDITA POR FAVOR

El aumento de la mendicidad en Medellín ha desbordado todas las expectativas. Semáforo tras semáforo, local comercial tras local comercial, calles, aceras, todos los espacios de tránsito están sitiados por una multitud pidiendo ayuda para comer o pagar una pieza donde pernoctar.

El fenómeno, que no es nuevo, se ha agudizado más con la actual crisis de Venezuela de donde a diario miles de ciudadanos salen en busca de un futuro diferente al que les ofrece la Revolución Bolivariana.

Medellín, al igual que todas las ciudades de Colombia se ha convertido en un receptáculo de venezolanos que por montones creen encontrar un ambiente amable y lleno de posibilidades, sin ofrecerles más que uno que otro semáforo o calle donde extender una mano para recurrir a la caridad ajena.

Pero detrás de esa falsa benevolencia del espíritu cristiano que embarga a los medellinenses, hay una realidad oscura y cruenta.

Los venezolanos llegados por miles han entrado a engrosar los cinturones de miseria de la ciudad, viviendo en un hacinamiento impensado y sometidos a la falsa caridad del paisa.

Por un lado los habitantes de Medellín, alimentados por el veneno inoculado casi que de manera intravenosa contra el Presidente Maduro y lo que él representa, asumimos que darle una moneda al inmigrante es darle una cachetada a su presidente (hablo del Verdadero), es participar en el proceso de derrocamiento de su presidencia. Nada más alejado de la realidad, lo único que genera esa falsa actitud cívico-política es alimentar algunos espíritus mendigos mantenidos por el sistema para poder perpetuarse.

Y no sólo ese falso altruismo se refleja en la caridad callejera, peor aún es la posición de empresarios que han visto en la “solidaridad con los venezolanos” una forma de explotación, pues aprovechándose de su condición, los contratan en condiciones de explotación desconociendo toda la legislación laboral colombiana y aprovechándose de la teta estatal que cubre al venezolano en lo que se refiere a salud y educación.

La situación no es fácil ni para ellos ni para nosotros, y como siempre hay quien, inescrupulosamente, saca la mejor tajada de la situación. Habrá que ver el papel que en estas elecciones locales que se avecinan jugarán los inmigrantes venezolanos y qué político aprovechará la situación para hacerse al poder.

Adolfo Ospina

Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.