DISPUTAS EN LA FRONTERA

Vaya título para llamar la atención de desprevenidos lectores interesados en la situación vecina más que la nuestra. Algo así como mirar primero la “viga” en el ojo del vecino y no en el nuestro.

El asunto es qué se entiende por frontera. “Frontera de los besos” llamaba Miguel Hernández a la boca. Poeta español que dio su vida por la libertad hasta llegar a morir de tuberculosis en un estrecho y oscuro calabozo de la cárcel en Alicante.

Los hay también, con esta fiebre de fútbol que nos caracteriza que arrastra millones y viejas despampanantes casi siempre a medio vestir; que cuando se menciona “boca” se piense en el célebre Atlético Boca Junior propietario del estadio La Bombonera.

Por lo tanto “disputas en la frontera” bien podría referirse a desencuentros con el afuera, con lo cercano que en el fondo es el límite, la frontera entre mi yo y el otro. El otro, mi pareja, mi hija, mi hijo, mi amigo o amiga, mi vecino, mi compañero.

Nadie es dueño del lenguaje y más que poseerlo, nos posee y lo es tanto que a veces ni nos percatamos de ello. Época en que se resalta lo obvio, la lógica, la gramática.

Constantemente recibimos llamadas del “exterior”, y esas llamadas no necesariamente son de “larga distancia”. Aunque es posible que con respecto a otro u otra que vive en cercanía lleguemos a sentirlo en la “puta mierda”.

A la “puta mierda” solía referirse el filósofo de Envigado Fernando González, cuando los conductores de taxis le preguntaban al maestro, luego de sus visitas a las ceibas del parque: “¿Para dónde va maestro”? y él respondía; “pa’ la puta mierda”.

Y la “Puta mierda” no era precisamente su casa de las afueras del pueblo llamada Otraparte, situada cerca a lo que hoy se conoce como la Frontera; sitio que separa la “Villa del Aburra” del antaño municipio “carrielero” de Envigado que hoy se moderniza pensando instalar drones para burlar las acciones de los delincuentes.

Pero el filósofo de Otraparte, no sólo en eso nos cambia el significado de las palabras. En la entrada a su casa en Otraparte, en latín, en hierro hizo grabar la inscripción: “Cuidado con el perro, o sea, el señor de la casa”. ¡Vaya perro!

Y la empleada de “servicio al cliente” que me dice “me regala su celular”. Y me preguntó ¿si se lo regalo con qué me quedo?

El librero, poeta y patafísico Pablo Turo ya en el “otro lado”, en la “Puta mierda”, que habitó la mayor parte de su vida en la Frontera; no propiamente en los límites entre Envigado y la Bella Villa, me salió un día que habían descifrado la primera frase del alfabeto marciano: Keu-Kereu-Keo-Kokex. Y significa lo que se quiera.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia.