LA TACITA DE PLATA

Bajo este rótulo la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín SMP logró empoderar a nivel nacional a la Bella Villa del Aburrá, debido a la excelencia en sus servicios públicos.

Medellín conocida hoy en lenguaje “chabacano” como “medallo” para otros “metrallo”; llegó a ser llamada “La Tacita de Plata”.

Al parecer la SMP de Medellín tras sus 120 años, que tantos logros ha obtenido para la ciudad nos ha “abandonado”; “La Tacita de Plata” está hoy a punto de quebrarse por el peso de la basura. ¿Será que no dan abasto las Empresas Varias?

A la SMP se deben innumerables logros desde su fundación el 9 febrero de 1899: el Teatro Pablo Tobón Uribe, el Aeropuerto Olaya Herrera, el Instituto de Bellas Artes, el Hotel Nutibara, el Cuerpo de Bomberos, el Parque de la Independencia hoy Jardín Botánico, la Escuela Remington; los Martes del Paraninfo, la retreta del Parque de Bolívar, el Zoológico de Santa Fe, la Fundación Universitaria Bellas Artes y un sinfín de hechos y actividades que no he de enumerar.

Actualmente SMP trabaja en asocio con World Wildelife Fund para la conservación de la biodiversidad en paisajes impactados por la minería en la región del Chocó.

Extraña que, en Medellín, entorno a sectores propios de clase adineradas y con un alto poder adquisitivo los esté cercando la basura, y todos continúen con los ojos cerrados como si nadie se diese cuenta.

Si bien es cierto que a la pobreza suele estar acompañada de la ignorancia, no es menos ignorante, el no querer mirar el lugar donde se enseñorea la miseria.

Camine usted por sitios aledaños al Centro Comercial Santa Fe y Oviedo, para que observe el grado de compromiso con el planeta, y contemple además el abandono y la desidia del ser humano.

En una sociedad se tienen derechos, también se tienen deberes. Y un deber primordial, con nuestra situación actual, es el tratar de remediar el mal que a diario hacemos a nuestra casa, al planeta y mantener limpio el lugar de trabajo.

Al señor Gonzalo Restrepo Jaramillo, uno de los “viejos” integrantes de la SMP, se debe una definición de Civismo por lo demás grandiosa : “El Civismo es un arte: el arte de saber vivir en sociedad como ayuda y no como un estorbo”.

Es encomiable en estos vendedores callejeros, que con el sudor de su frente se ganan el pan diario, la astucia para saber dónde encararle a usted sus servicios. Si bien sus argumentos de “derecho al trabajo” son contundentes, no son en nada cívicos, en otras palabras, en vez de servir, estorban.

Dada la escasa movilidad de la ciudad, los venteros callejeros aprovechan su “agosto” para abordar a los acalorados y hambrientos conductores y ofrecerles su servicio. Están en su derecho.

Pero mire usted el lugar donde se guarecen de la canícula de los meses de verano; en la regional entre el viaducto del metro y el elegante edificio de Bancolombia con su barata escultura, el basurero que estos venteros han estado levantado.

Parece que nuestro querido Alcalde, en su exitoso afán por perseguir facinerosos, en su camino rumbo a la Presidencia de la República se ha olvidado de los basurero que los vendedores ambulantes, los llamados desechables, la gente “cool”- que no saben dónde arrojar su frescura- y los venezolanos que duermen en las calles; han venido acrecentando.

Unos luchan por la biodiversidad desde donde se origina la misma, pero los hay quienes se encierran en sus estrechos cubículos que llaman despachos, oficinas, lugares de trabajo; y bien trajeados y aseados asisten a conferencias sobre el “cambio climático” y los fines de semana, desde sus carros de alta gama arrojan basuras a las calles, caminos y carreteras.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia.