CONTAMINACIÓN POR LO ALTO

Se acaban los alejamientos. En 1492 Cristóbal Colón, viajando desde España, demoró en arribar al Nuevo Mundo, atravesando el Atlántico, 2 meses y 9 días. Hoy un viaje aéreo entre Madrid y Medellín tiene una duración de 9 horas.

No es lejana la época en que enviábamos cartas que demoraban meses en ser contestadas, y de sucesos acontecidos al otro lado del mundo de los que no llegábamos a saber nada. Nuestro mundo, en aquel entonces, se reducía a la cercanía; pero abolida la lejanía podemos mirar en nuestro celular lo acontecido al otro lado del mundo; ver en vivo y directo la disputa de un partido de la Champions; o con el retraso de pocos segundos, un Tsunami en las costas de Indonesia.

En esta carrera apresurada por el progreso; anulando distancias, acercando alejamientos, nos estamos quedando sin cercanía. Ahora todos, desesperadamente queremos viajar, salir del aquí, del ahora. Sentados en grupo chateamos con los lejanos, mientras damos la espalda a los que están cerca. Nos alarmamos por la mortandad de especies y dispensamos maltrato a las que tenemos cerca.

No es en un mar lejano donde se arrojan los desechos industriales; nuestras basuras, nuestros desperdicios no están allá, lejos; lo putrefacto está en lo cercano, a la vuelta de la esquina, en predios del vecino, en las calles y campos por los que transitamos. Y en el peor de los casos, debajo y alrededor de nuestra cama.

Las decisiones que se avecinan para asegurar nuestra pervivencia en el planeta han de ser asumidas sin más tardanza por la persona individual. Las alarmas hace tiempo que han sonado, no son nuevas; a finales de 1880 la filosofía había profetizado el advenimiento de un “huésped inhóspito” que se cernía sobre el mundo, que ocasionaría conflictos y guerras. Desde entonces ya han acontecido dos guerras mundiales y vivimos en la constante amenaza de una tercera.

Ese “huésped inhóspito” es el nihilismo, una consecuencia del desmoronamiento de valores fundamentales que no tiene otra forma de expresarse que “acabemos con esta mierda”, la vida no tiene valor, no se le encuentra sentido.

“La relación con la naturaleza es hoy, no sólo para mí, sino para muchas otras personas, es una relación de sufrimiento. Los bosques amazónicos son destruidos, a los mares se los deja sin peces, la atmósfera ya se ve cómo está, en una palabra, se va ya directamente contra los elementos… quizás tengamos que hacer mucho más con respecto al cuidado de la naturaleza, al cuidado del entorno… tenemos muchos parados, tendríamos que encargar a grandes masas de parados de esas cosas”…

Entrevista a entomólogo alemán al cumplir cien años: Diario El País de Madrid, Marzo de 1995.

Los poderes económicos, aquellos grandes capitales que a diario contribuimos a acrecentar con nuestro desaforado consumismo, no van a parar por asuntos de Ecología de aumentar sus ganancias. La Unión Europea planeaba que a partir de 2012 las compañías aéreas pagaran un impuesto climático en vuelos hacia y desde Europa. Sin embargo, el intento fracasó debido a la oposición de Rusia, China y los Estados Unidos.

Las aerolíneas no van a bajar el costo de los pasajes, menos aún a reducir los vuelos diarios que hoy en todo el mundo alcanzan la escandalosa cifra de 220 mil; 81 millones aproximadamente al año. El resultado: una intensificación del efecto invernadero. Impactos climáticos causados por la formación de ozono troposférico y estelas de condensación.

Contamina más el uso de aeronaves que otros medios de transporte. Las emisiones de un avión son 160 gramos de CO2 por persona, por km volado; mientras un tren produce 11 gramos de carbono por km por persona. Es decir, el tren es un medio de transporte 18 veces menos contaminante.

Apresuradamente la Boing y Airbus tratan de paliar esta disyuntiva entre ver mermadas sus entradas, o apropiarse de un mercado más ecológico, más competitivo; trabajan en la construcción de aviones eléctricos menos contaminantes, silenciosos y de pistas de aterrizaje y despegue más cortas.

Durante el inicio de la presente semana la ONU dio una nueva voz de alerta: “Uno de los mayores vertederos humanos se encuentra sobre nuestras cabezas y es invisible a simple vista”. La carrera espacial ha dejado en órbita miles de toneladas de chatarra. Lo risible del asunto es que la preocupación de la ONU radica en el impacto que esta basura tenga como amenaza para las comunicaciones.

Malena Ernman la madre de la joven Greta Thunberg cabeza visible en la lucha por el cambio climático; afamada cantante lírica sueca, acompañando a su hija, en su lucha contra el calentamiento global, ha cancelado conciertos que le impliquen uso de aerolíneas. ¿Qué otros sacrificios estarían dispuestos a realizar los padres actuales por el futuro de sus hijos?

Nos hemos preguntado, alguna vez ¿a dónde nos conduce este afán de abolir distancias, estas ansias de devorar la lejanía, a qué obedece? ¿miedo acaso a la cercanía, a vérnosla con nosotros, a enfrentarnos, a mirarnos a la cara? Y de tanto buscar afuera lo que no se nos ha perdido nos estamos quedando sin cercanía, en desarraigo; nuestra casa literalmente es un basurero.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia.