CREER O NO CREER

La credibilidad, un bien preciado y difícil de conseguir y conservar en tiempos en que la realidad virtual es más real que la real. La pregunta es esa. ¿Y qué es real? Porque no se puede creer todo lo que se ve. El mismo dilema de siglos atrás y si mis sentidos me engañan qué hacer. ¿Cómo saber si mis sentidos me engañan? La preocupación de Descartes hoy no es sólo si mis sentidos me engañan, sino dónde se origina la información el estímulo para los sentidos.

Lo leí en internet, lo dijeron en un medio de comunicación, me lo contó mi tía y ella nunca miente. En fin, muchas respuestas aparentemente válidas y un mar de incertidumbres que parece no durar mucho tiempo, porque llega otra información, otro dato quizá superfluo y el anterior desaparece o se olvida rápidamente. Los sentidos están sobre estimulados en la vida digital. Y si algo es real o no preocupa poco, sólo cuando hay personas afectadas o personas que se quejan se actualiza la reflexión por la veracidad de la información.

Parece que poco importa si la información es verdadera o no. Otrora se hablaba de la verdad, la mentira y la falsedad, hoy del fake – news, deep – fake y podemos seguir con el diccionario que los neologismos proveen a los fanáticos de los anglicismos. En suma, mejor engañados, de manera mucho más sofisticada. Ya no es el chisme del vecindario a secas. Es “lo vimos en internet”.

Dejó de hablarse de eso cuando empezamos a relativizarnos, ah… es que eso depende. ¿De qué depende? Entonces los niveles de incertidumbre, escepticismo e incredulidad también comienzan a incrementarse hasta el punto de que pareciera no importar si se dice la verdad o no, más grave aún si se cree o no. Si es real o no.

¿Qué hay que hacer? Verificar, confirmar la información. Esperar antes de hacer juicio, parece que no siempre hay mucho tiempo para esto. Se juzga y se sentencia a la velocidad de la luz, qué importa, luego nos olvidamos. Y llega otro dato y otro estímulo y el tiempo se pasa. Sin embargo, una incertidumbre creciente si se afinca en la personalidad y en la sociedad, alimento para la cultura del riesgo. Hay que prevenir. Cuidarse, ¿de qué? De caer en creencias infundadas. Por ejemplo, los alimentos que un día son buenos para la salud, en otro momento no resultan tan convenientes. Los estudios publicados en una universidad europea lo desmienten y estudios publicados en instancias igualmente prestigiosas los valoran. Y finalmente aparece un artículo fitness de autoría del entrenador de moda y como él lo dice se le cree. Total, no dura mucho tiempo la validez de la información.

La credibilidad cada vez más efímera deja lecciones a todos. Leer, analizar, confirmar y luego volver a analizar. Una mirada crítica, cada vez más exigente ante la abundancia de datos y la inseguridad que deja cada intento por verificar la información.

Ahora no sólo enfrentamos la duda, a pesar de los argumentos. Ardua labor para los que deciden vivir en lo relativo. Si todo depende, de quién. La duda también afecta la visión. ¿Dónde lo vimos? Se vio una fotografía, tampoco son reales, la magia de la tecnología parece omnipotente. Y el ojo, engañado como hace siglos. Ya no por una conciencia que no sabe qué ve o qué escucha, sino por un ojo que parece ver la imagen, pero la imagen recreada y alterada, parece real. ¿Qué dilema?

Finalmente, es un tema que convoca la ética de forma mucho más fuerte que antes. Y también de responsabilidad por conocer o toma de decisión. Queremos vivir engañados o no. O como decían los defensores del inquisidor: mejor no saber. Y creer que el asteroide va a caer.

Ana Lucia Mesa Franco

Periodista y Comunicadora de la U de A, estudiante de doctorado en Filosofía, melómana, amante de la lectura, del periodismo y la historia. Dedicada a la investigación y a la docencia. En los ratos libres calígrafa, admiradora de quienes trabajan con sus manos.