EL DIABLO HACIENDO HOSTIAS

“Vean a éste ¿Quién habla?”. Expresión con la cual nuestras madres, tías o personas cercanas a la familia, nos encaraban, ante un comentario desafortunado, poco acertado, sin fundamento. También solían hacerlo con “vean el diablo haciendo hostias”, decir que para lo presente no viene al caso.

Cuando hablábamos más de la cuenta, cuando nuestro enjuiciamiento carecía de un verdadero arraigo sobre lo mencionado; cuando al hablar, sobre una actuación, que con anterioridad nosotros no habíamos sido capaces de realizarla; burlonamente nos enrostraban y exclamaban “¡mira a éste!, ¿Quién habla?”.

Mandato a no expresarnos desatinadamente, a permanecer callados. Hoy cuando estamos llenos de palabras, cuando nos parece todo tan “obvio”, ahora que, en nuestro afán por comunicarnos, recurrimos a abreviar las palabras: ya no escribimos “por favor”, nuestros “móviles” nos dan la pauta, mejor “porfa”.

Ahora que nos susurran al oído “te quiero demasiado”; que todo es tan “intenso”; ahora que nuestros profesores nos han mutilado la opción más noble con respecto al no saber, que es el guardar silencio: ¡Comuníquese! ¡relaciónese! ¡socialícese! decían. Y uno en medio del asombro sin saber qué decir ante lo acontecido.

“Mira a éste ¿quién habla?” Cuando se nos interpela de esta forma es como si nos dijesen, hablas tú que no eres capaz de realizar lo que críticas. Como si ante ese racimo de suculentas uvas que codiciamos y no podemos alcanzar, que no estamos en condiciones de hacernos a ellas, hubiésemos exclamado “¡las uvas están verdes!”.

La fábula nos da la pauta. Cuando hablamos ¿lo hacemos desde la plenitud de fuerzas que nos permitiría alcanzar las “uvas” ?, o por lo contrario ¿lo hacemos desde la debilidad, desde la frustración de no poder alcanzar lo que deseamos?

Así es de gran importancia al saber “¿quién habla?”, darnos cuenta de qué fuerzas se expresan, se manifiestan. ¿Desde una fuerza de conservación, desde “el cansancio que mira atrás” ?, o ¿desde la posesión de fuerzas de crecimiento que quieren llevarnos lejos?

Mucha reticencia tuvo que vencer Einstein ante la comunidad académica alemana para imponer un nuevo hablar con respecto al tiempo. ¿Qué se dirá entonces de los actuales rebasamientos de la velocidad de la luz en más de 23 veces?

En filosofía la pregunta por el “quién” es decisiva. ¿Quién habla de responsabilidad, de moral, de valores? Pero ante todo ¿desde dónde lo hace, en posesión de qué fuerzas? ¿Qué quiere el que habla de esa manera? ¿Nuestro eclipsamiento? ¿Nuestro crecimiento?

Jorge Luis Borges en su búsqueda de la “luz” entrevió que al hablar había “Otro” y lo denomino “el Otro, el Mismo”. Nietzsche descubrió que al interior de uno había “el sí mismo”, que era uno mismo, que habita dentro de uno mismo; siendo estudiante de filología le llamó de modo clásico Dionisio, posteriormente él se denominaría artista dionisíaco. Freud también reconocería estas fuerzas llamándolas Tánatos y Eros.

El mirar y el decir parecen estar más unidos, más familiarizados de lo que pensamos. Si el decir está informado por fuerzas. ¿Quién habla? ¿Podría cambiarse en qué es lo que vemos? ¿Vemos basura, caos, desasosiego, debilitamiento, mierda, de que nada vale la pena? o por lo contrario ¿un futuro exultante, lleno de fuerza, abierto a la posibilidad de las estrellas? ¿En posesión de qué fuerzas estamos cuando hacemos de nuestro morar un basurero, algo que no vale la pena?

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia.