URIBE

Yidis política, Agro Ingreso Seguro, chuzadas del Das, redes de informantes, paramilitarismo, no al plebiscito sobre Acuerdos de Paz; recientemente manipulación y presión a testigos. Extenso prontuario de uno de los líderes más queridos e igualmente más odiados del país del Sagrado Corazón.

“La responsabilidad puede quedar reducida a limpieza; el internista cede el terreno al cirujano”.

Palabras de un mega político que para no enfadar a algunos prefiero no mencionarlo; palabras que arrojan luz sobre la cruda realidad y absurda polarización de un país que pretende arroparse, creando a diario cizaña, bajo el blanco cobertor de la armonía y la paz.

Sin ser el santo de mi devoción, a pesar de la limpieza de niño “Jesús de Praga” que se le atribuye; en una época convulsa, en que el temor se había adueñado de casas, calles, montes y carreteras, el “cirujano” como denomino a el hoy senador Álvaro Uribe; quién siendo Presidente de la República, con su política de “Seguridad Democrática”, llevó gentes a donde no podían ir, trayendo alimento a zonas “¡rojas!” consideradas vedadas, para la mayoría de la población.

Como si hubiese montado una estrategia denominada “para volver a sonreír” se llenaron de sol nuevamente las calles y los campos de muchos pueblos y ciudades. Así volvieron de visita los familiares, los amigos y los extraños fueron acogidos con amabilidad en lugares donde la desconfianza y el temor antes se habían instalado.

El “Plan Colombia” financiado por poderes económicos extranjeros dio resultado. Cuando un cuerpo, un “estado” está enfermo, está infectado; no hay más remedio que hacer limpieza, intervenir, cortar. Por encima del descontento del paciente el internista cede, delega su responsabilidad al cirujano.

Dicen algunos tratadistas que el poder es como un “pulpo gigantesco”, con una gran cabeza y largos tentáculos donde la cabeza a veces desconoce lo que hacen sus largos brazos.

Acaso esté equivocado pero mi padre educador, me enseñó cuando niño, que con el “vecino rico” había que tener buenas relaciones. Expresión que acudía a mi mente cuando escuchaba el talante del candidato Serpa “¡gringo maluco!” refiriéndose al embajador de la USA en Colombia. Época en la que el candidato Uribe pretendía por primera vez llagar a la Casa de Nariño.

Los “falsos positivos” constituyeron y continúan siéndolo instancias dolorosas para un país, pueblo o nación; sobre todo para las familias que lo padecieron y aún lo padecen. Desde antiguo se sabe que el trabajo “sucio”, en la mayoría de los países democráticos y también de gobiernos de izquierda, lo realizan y lo han realizado grupos al margen de la ley denominados para-militares, o milicias bolivarianas; el dativo “para” ya sabemos a quien beneficia. El alma popular que da nombre a estos grupos no es tan ingenua.

Así que estos señores de la milicia, arrinconados en cuarteles de policía y bases militares, de ciudades y pueblos, vieron con perplejidad como sus entornos fueron deshabitados por los civiles dejándolos aparte ante los anuncios de ataques terroristas por grupos insurgentes que poco a poco se acercaban y cercaban a la ciudad. “¡Qué nos esperen en Bogotá!” exclamaba el “Mono Jojoy” desde su camioneta expropiada de alta gama en las carreteras del Caguán.

Cercados en brigadas, cuarteles a quienes se les pedía rendimiento, arrojo; en su cobardía echaron mano a lo que tenían más cercano. Y así hicieron parecer al que era por lo que no era. ¿Creería uno que el belicoso y agresivo “guerrista” de Álvaro Uribe como así lo tildan, se habría contentado con estas tímidas y cobardes maniobras del ejército ante el ciego poder de la subversión? ¿Habrá la cabeza del “gran pulpo” decretado conscientemente estas cobardes y tímidas acciones a sus tentáculos?

La presunción de inocencia no debe escatimarse a ningún ciudadano hasta que se muestre lo contrario, reza el código judicial. En calles y pueblos se ve a diario a quienes la vocería popular tacha de ladrones y corruptos, sobre todo tras dejar atrás sus cargos de funcionarios públicos. ¿Será cierto eso? se pregunta uno con ingenuidad ¿Por qué no están pues en la cárcel?

La mentalidad del pueblo ávido de novedades tiende a olvidar muy fácilmente. Más que todo nuestros universitarios que entre los años del 1995 al 2003, época del “último conflicto” eran acunados en brazos de sus madres. ¡qué se van a acordar, qué van a saber! Si lo saben están informados por la propaganda. No lo vivieron, no lo sufrieron. Qué consulten en el diccionario de Wikipedia sobre el “cirujano” Álvaro Uribe, de sus desaciertos y aciertos. Pero no lo harán, esa información proviene del imperialismo, dirán.

En Colombia tenemos “rabo de paja”, aquí todos hemos comido de la corrupción y del narcotráfico, algunos aseguran que aún lo estamos haciendo. Se insiste en olvidar, en desdibujar sucesos dolorosos y tristes como fue el financiamiento de grupos paramilitares por parte del comercio; realizado adrede por algunos y una inmensa mayoría obligados; financiamiento que trajo desolación, tristeza, lágrimas, desconsuelo a vecinos, amigos, familiares, hijos, padres y madres de los sitios donde estos comerciantes vivían.

Si las gentes de los pueblos no se reconocen como causales de esa historia de horror jamás habrá perdón y tendremos a repetir esa barbarie. Estoy de acuerdo con Vicky Dávila columnista de la Revista Semana quién espera que la Corte Suprema de Justicia que no fue capaz de apresar al comandante “¿quizás quizás, quizás?” Santrich que tanto mal trajo al país; esté a la altura para juzgar al “Cirujano” al que en parte se debe que este personaje llamado El Gran Colombiano, aunque adolorido de su intervención, se “tambalee” aún por las calles de ciudades y pueblos de la nación en vías de una total recuperación.

Con el fin de darle un buen rumbo en común a este país de nuestros sueños, cuando nos polaricemos entre capitalistas y socialistas según el viejo decir del catecismo marxista-leninista-maoísta que profesan los universitarios; nos vendría bien en reflexionar sobre las palabras de un estadista como lo fue Sir Winston Churchill: “el capitalismo tiene el defecto del reparto injusto de la riqueza, mientras el socialismo tiene la ventaja de la justa repartición de la pobreza”.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia.