EL REY TRAS EL TRONO

Es usual antes y aún después de elecciones hablar de que el candidato que pretende representarnos tiene tras de sí, a tal o cual personaje o “cacique”, a tal o cual grupo económico o político.

Cómo si aquel que asume el poder, no lo hubiese obtenido con su poder personal, cosa que en parte es cierto, y en parte es mentira. Y si el grupo político o económico que lo catapultó a aquellas alturas no gozase de nuestras simpatías tendremos un representante que actuará como una marioneta, accionado por hilos cuyos agentes no alcanzamos a ver, a precisar.

No hay que olvidar que la Democracia se caracteriza en una búsqueda desaforada de poder, en el que “el volver la espalda” a quien nos catapultó, además de ser una actitud harto conocida en nuestro medio, es otra opción para poder contar con cierta autonomía para gobernar.

Cuando actuamos somos el resultado de nuestra enseñanza, de nuestros padres, de nuestros hermanos, familiares, amigos, de nuestros educadores. No sólo venimos informados por nuestro entorno; también el espíritu de la época traza un derrotero a nuestros pasos. La propaganda hoy en día juega un papel fundamental en el control de nuestras tendencias y deseos.

Cierto, se nace con determinada tendencia, acaso inscrita, inserta en nuestros genes, talentos dirán algunos. Otros mencionan “taras” hereditarias. Cada mañana al asomarnos al espejo vemos como aquel nos devuelve nuestra propia cara. Esa es la apariencia, la fachada que exhibimos en nuestros pasos por el gran escenario del mundo.

En la historia política más reciente de nuestra Colombia es común escuchar que Uribe fue títere en un principio del narcotráfico, luego de los gringos; Santos lo fue de la guerrilla, Duque de Uribe y el nuevo Alcalde de Medellín de Petro, Claudia López de Fajardo, y así igualmente se repite la historia en los círculos locales, y regionales; siempre buscamos alguien tras el trono y nos negamos ver a aquél que actualmente se sienta en él.

Es la caduca noción de lo que es la propiedad, donde nos parece más decisivo lo heredado que lo adquirido. Pretensión aristocrática caída en desuso. Y si por alguna circunstancia has tomado partido en un momento determinado, la ignorancia criolla atenta a tus deslices, resentida te marcará para siempre.

No hay que olvidar que el político por más que sea aclamado por una inmensa mayoría no lo es más que el artista o el filósofo. Picasso prefería el trabajo al encuentro con políticos, incluyendo a Mitterrand. Belisario Betancur, a pesar del desafortunado episodio del “Palacio de la Justicia” fue grande, pero le faltaba algo y así se rodeó de artistas. El celebrado hoy “Sendero de la Anaconda” tiene en él sus raíces aunque hubiese preferido que nos denomináramos “Hijos del Jaguar y la Anaconda”.

Pero el “Rey tras el trono” habita en cada uno, somos fruto de nuestras circunstancias, de nuestro inconsciente dirá el psicoanálisis; de extraña forma no somos muy libres, por momentos nuestras pasiones parecen tomar la delantera.

A nivel popular es posible que tras su trono, en su casa haya una esposa, un hermano, un pariente. Todos sin excepción tenemos un “Rey tras el trono”, otorgado por herencia, por los genes dirán los biólogos. Todo es “eco” del ser dirán los filósofos.

El problema no es que exista un alguien tras el trono. Lo decisivo es cómo conducimos esas fuerzas por el gran teatro del mundo; cómo se expresa a través del representante la función de la soberanía. Grandeza o desastre para un pueblo.

Algunos de nuestros representantes tienen ese carisma que atrae y seduce a todas las gentes y si llega a carecer de conocimientos unos buenos asesores en Economía, Justicia y Medicina solucionarán el asunto. Reyes tras el trono, con tal que entre ellos no emprendan una cacería.

La molestia de los considerados intelectuales hacia el político es entendible; suelen estar por encima de ellos con sus expectativas, con sus teorías pero muy por lo bajo con sus pretensiones, siempre buscando curules, contratos, comisiones. Los juzgan con su potencia intelectual muy por debajo de sí como inferiores más su cerebro reptílico les arrastra más bajo que aquellos, por el fango de su interés y villanía.

Esperemos a ver qué pasa en este nuevo mapa político que han construido las pasadas elecciones territoriales; dejemos gobernar a quienes la Democracia erigió como nuestros representantes y no olvidemos que el “Rey tras el trono”, en esta época de la historia de globalización con tendencias a un Estado Mundial, son los grandes poderes económicos que llegan a atar o liberar los brazos de nuestros líderes y de nosotros mismos, dando al traste con grandes propuestas llenas de buenas intenciones o sacándolas adelante.

Hoy reímos de Duque, ayer lo hacíamos de Turbay, otros de “apochochamiento” de Virgilio Barco, quien favoreciendo al gremio transportador acabó con el sistema ferroviario colombiano; dándole la posibilidad a los hacendados de que con los polines, de las líneas del ferrocarril de comino crespo, pudiesen construir sus duraderos muebles.

Reímos de “El Pollo” López lanzándose, desnudo a la piscina del Mariscal Jorge Robledo en Santa Fe de Antioquia; del collar de arepas de Belisario Betancur. De la sonrisa cínica y asustadiza de Misael.

Por aquella época hay los que oyeron los gritos de la “Macuá” frente a la casa de “Tahití”- también célebre homosexual propietario de una mansión en el Parque Bolívar donde hoy se celebran pompas fúnebres”- quien tras sus visitas a Bogotá ebrio gritaba por el parque “¡soy la primera dama! ¡soy la primera dama de la nación!” ¿Leyenda, ficción? o pasatiempo del alma popular.

En el libro de los Hexagramas el “I Ching”, texto antiguo de la sabiduría china, se dice que al gobernante honesto el cielo lo favorece en todo sentido. Hace poco me decía una amiga al oído, “a los gringos no les ha ido bien, ni a nivel territorial ni social; masacres, incendios, tornados, ¿será que ese Presidente Trump tiene al demonio por asesor?”.

Lo que si aseguro es que tras el reinado de “Porky”, como algunos llaman a Duque, a pesar de sus bajos índices de popularidad según las encuestas que suelen descalabrarse de tanto en tanto, a pesar de ello; de las marchas estudiantiles, a pesar de las masacres a líderes comunales; como lo he asegurado en otra ocasión, al final de su mandato el jamón no nos será tan caro.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia.