LA ELASTICIDAD EN DERECHO

El caso de Yadira Perdomo vuelve a ser noticia porque se debate entre la vida y la muerte debido a una afección grave en el hígado. Una historia marcada por la tragedia que comienza debido al bullying sufrido cuando estaba en el colegio. Una caída ocasionada por sus compañeros la dejó parapléjica.

La situación fue noticia el año pasado cuando Yadira ganó una batalla judicial y logró que los responsables de su tragedia fueran condenados por el delito de lesiones personales culposas. Uno de tantos casos en donde los ataques de los compañeros de colegio llegan a grados extremos. Es paradójico que en tiempos en donde tanto se habla de los derechos, que por cierto cada día se clasifican mejor al parecer de los expertos; somos testigos de casos aberrantes.

Y cada vez que es noticia una situación de matoneo escolar como ésta, se escuchan voces que cuestionan la novedad del término, bullying. Concepto, ya no tan nuevo. Aquí se recuerda antigüedad del fenómeno e inmediatamente se escuchan comentarios como “a todos nos pasó”, a mí también me hicieron bullying y se llamaba de otro modo. No por denominarlo de otra manera se puede justificar o se minimiza su impacto.

Si bien durante muchas generaciones se ha experimentado en los colegios el fenómeno del matoneo, coincide con la época de mayor ejercicio del derecho en aras de la equidad en donde los ataques entre los escolares lleguen a grados extremos. ¿Por qué? Los expertos presentan un abanico de respuestas al mismo, la violencia, los problemas familiares, el abandono, temperamento violento. Y para completar el panorama tenemos el ámbito virtual y de este modo el bullying puede tener un impacto mucho más profundo de orden psicológico, llevando a las víctimas al suicidio. Tristemente las estadísticas demuestran un índice importante en estos casos, eso lo reportado.

Entonces, ¿qué pasa? De qué sirve el perfeccionamiento del derecho hasta el punto de transitar por la reflexión acerca de los derechos de otras especies, diferente a la humana. A pesar de ello no sabemos convivir y más revelamos grandes involuciones en estos procesos. Innumerables movilizaciones en pro de los derechos individuales, particulares, los derechos alrededor del tema de género son noticia diariamente.

Ahora se experimenta una mayor libertad para la reflexión y análisis de graves problemáticas de convivencia y violencia como el bullying, el reconocimiento de la complejidad y papel de las emociones en el comportamiento humano es definitivo. Psicólogos, médicos y otros profesionales que ejercen un papel clave en la intervención psicosocial coinciden en reconocer cómo el maltrato también bastante estudiado hoy, se configura como una de las principales causas de las agresiones entre iguales.

Así pues, que la prevención debería originarse en los mismos estamentos y escenarios en donde se promueve la clasificación, reconocimiento de la diversidad de los derechos, libertad y ejercicio de los mismos.

Ciudadanos y sociedades con sistemas del ejercicio del derecho más avanzados que hace varias décadas, pero que revelan una profundización del conflicto y mayores tipos de violencia. Un asunto de visibilidad dirán muchos, de la libertad hoy para hablar de todo sin tabúes, quizá.

Hoy se reconocen más derechos a hombres y mujeres, como seres humanos, individuos, ser en relación y en comunidad. Diverso en cultura y en género. Todo un escenario propicio para el derecho y el ejercicio de los derechos en términos de inclusión, con sendos avances, estudios y debates, hasta en el uso del discurso y del lenguaje.

Pero en sociedades en donde el ser humano sigue siendo víctima y los avances científicos en ciencias del derecho, psicosociales y médicas evidencias los alcances de la violencia infligida entre hombres, mujeres y niños.

La emergencia se incrementa. Y tenemos muchas Yadiras que siguen padeciendo el bullying un día, muchos años y toda la vida como en su caso.

Nos matamos de mil formas y en lo que no avanzamos es en la valoración de lo humano. Árido el discurso bioético e inútil los demás discursos. Se cumple entonces aquella sentencia que reza “dime de qué hablas y te diré de qué careces”.

Ana Lucia Mesa Franco

Periodista y Comunicadora de la U de A, estudiante de doctorado en Filosofía, melómana, amante de la lectura, del periodismo y la historia. Dedicada a la investigación y a la docencia. En los ratos libres calígrafa, admiradora de quienes trabajan con sus manos.