LA VIDA TE DA SORPRESAS

¡Sorpresas te da la vida! A los dos alcaldes supuestamente de izquierda que dirigen actualmente, los destinos de las ciudades más populosas del país después de la catástrofe de la ultraderecha, Claudia López y Daniel Quintero se les ha visto “capoteando” últimamente con altibajos la “insatisfacción popular” manifiesta en las marchas de protesta.

Insatisfacción que en algunos momentos, ellos mismos desde la tribuna y sin arriesgar mucho el pellejo exacerbaron. Marchas que desde finales del año pasado amenazaban con desestabilizar el país al modo de un Chile, de un Ecuador, de una Bolivia, de una Francia de “chalecos amarillos” pero sin tanta imaginación para el poder.

Marchas que se tomaron una “tregua” para retomar el abrazo fraternal que afortunadamente el alcohol y la navidad suelen propiciar. La Claudia dado su ser maternal, colocó a las madres de policías y estudiantes al frente del escuadrón antidisturbios.

Cuando los marchistas bamboleantes tras el trasnocho despertaron del letargo y retomaron la agitación deseosos de un revolcón, pasmados quedaron ante la nueva situación. Pingües resultados arrojaron de esta forma la última marcha de los educadores; ningún docente, ningún terrorista mostró sus dientes, tampoco las uñas por el lado de la capital.

En la “Tacita de Plata” el señor Daniel Quintero alcalde de la ciudad; olvidando sus épocas de beligerancia permitió que el grupo antimotines más cuestionado del país invadiera los sagrados claustros universitarios.

Ya hay dolientes en el sector universitario, en esas aulas donde salta de cátedra en cátedra la libertad: “¡Nosotros lo elegimos, los jóvenes lo subimos, y ahora nos hace ésta!”, palabras referidas al burgomaestre cuando ordenó al ESMAD invadir el claustro y obligó a que varios pájaros dado su corto vuelo en el saber huyeran de rama en rama.

El nuevo dolo para los universitarios estriba en la pretensión del gobierno departamental y municipal de quitar las mallas que cierran tanto el Parque Norte como el Alma Mater.

Buena propuesta, democratizar por un lado el conocimiento y por otro abrir los espacios públicos a la miseria; acaso sea una forma de deshacernos de ella ya que no nos es tan ajena, la tenemos instalada bajo los puentes, en las zonas marginales, sentadas en las aceras, en los desagües cercanos al río, en los barrios populares.

Lo cierto es que a pesar de sus discursos populistas que en parte los catapultó al primer cargo, lo que en realidad hay tras sus campañas, tras el trono son unos grandes sabuesos.

Y es que desde antiguo la clase política se viene exhibiendo con “el mejor amigo del hombre”. ¡Nada nuevo bajo el sol! El gran Alejandro corría tras “Peritas”; la Reina Isabel II en 60 años se ha deleitado con 30 perros Corgis. Los pastores alemanes de Hitler y Eva que al parecer fueron sacrificados previo suicidio de los enamorados. Hitler quien en 1933 manifestó que no iba a permitir crueldad contra los animales.

El pastor búlgaro Buff de Putin y Koni que asustó a la Merkel. Nemo de Macron. Trump con Conan, un perro que sufrió heridas tras participar en la Operación contra el líder de Isis Al Bagdali.

Y en nuestro medio “Fico” quién llevó al Consejo a Tito, y a Betty; ésta última casi muerde al magistrado; Mancho, de quien espero no haya recibido un “coscorrón” de Vargas Lleras; Mila de Iván Duque y el exmandatario ganador del Nobel, con sus cuatro perros Nicanor, Julio, Oliva y Pepita.

Un Santos de quien aún no sabemos si nos trajo la guerra o la paz; o si su dinero del Nobel, como lo mencionó en la academia sueca, lo destinó a inversión social, o lo depositó en el Banco del Vaticano con el fin de acrecentar las propiedades que se le atribuyen en el Reino Unido.

También la izquierda exhibe sus mascotas; la golden retriver labradora Lucy de Claudia López y el Poodle de Daniel Quintero. Algunos afirman que el ascenso de “tanto perro” al poder se debe a un cambio de parámetros; del viejo, denigrante y aún vigente antropomorfismo, hacia un biocentrismo en el cual las cumbres medio ambientalistas, con sus agendas ganan territorio en la política local.

Así como al inicio de los años sesenta el hombre se percató que sin el perro y el simio no podía salir al espacio exterior; estos mandatarios movidos por el espíritu del tiempo exhiben de esta forma su humanismo en aras del futuro posando con sus mascotas.

El asunto es que tras su ascenso al poder y posterior ocaso, las leyes, si es que decretaron alguna con respecto al ser animal, no se aplican. Aún se continúan abandonando por vías y carreteras a las mascotas, los albergues no dan abasto con tanto abandono; los conductores persisten en atropellar a las cegatonas zarigüeyas, y por donde se mire, sobre todo en el campo, es patente el maltrato animal.

Es cierto, las nuevas administraciones apenas están desempolvando y limpiando el pupitre y menos cierto es lo que con sus proverbios manifiesta el alma popular: “escoba nueva barre bien”. Habrá que esperar, y ver que remedios aplican a una biodiversidad que aún no deja de sangrar, la nueva agenda ambientalista.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia. hectorhernangallego@gmail.com