PESTES

“Imaginemos a la tierra como un minúsculo grano de arena separado del más cercano por un kilómetro, y sobre esa superficie vive una muchedumbre atolondrada que se avasallan los unos a los otros y que por un momento han inventado el conocimiento”: Nietzsche.

La mayor “peste” conocida en el planeta desde el asesinato de Abel por Caín hasta inicios del Siglo XXI, de la Era de Acuario, ha sido el hombre. En su lucha por obtener la claridad mental este descendiente de los grandes simios, acabó con otra variedad de seres antropomorfos más inteligentes, el Australopitecus grácil fue uno de ellos, más pequeños pero de una gran inventiva en el uso del fuego y en la elaboración de herramientas. ¿Acaso la anterior estirpe -se preguntaba el astrónomo Carl Sagan- sean los enanos cuyas crónicas perviven en la literatura?

Desde que el cazador, el hombre nómada fue asesinado, sacrificado por “Caín” el agricultor, no nos hemos dejado de matar entre nosotros, y extendemos esas matanzas a otras especies, en momentos de ocio, celebración, en ágapes.

Para la conmemoración del día de “Gracias” en USA se matan 46 millones de pavos; sin contar los cerdos sacrificados en nuestro país con la llegada del nuevo año. O la mortandad realizada a diario en los pueblos asiáticos desde serpientes a perros y demás bichos raros; sacrificios sin miramientos en una región que tiene afectado de una epidemia al gran “Dragón Amarillo”.

La llegada de los españoles a las Islas Vírgenes no fue lo más benéfico para la islas, menos para las vírgenes; fueron vestidas ya que andaban como Eva en el paraíso; violados tanto las Evas como los Adanes, donde encontraron un paraíso los españoles, en su ignorancia les crearon un infierno e inocularon con enfermedades de transmisión sexual a una población que las desconocía.

El hombre siempre se las ha ingeniado para acabar con sus semejantes ya sea de forma legal amparado por las constituciones o pasando por alto las mismas. Hacia al final de la Segunda Guerra Mundial la Real Fuerza Aérea Británica, RAF, y las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos, USAAF, con la intención de acabar con la “peste” nazi bombardearon a Dresde; mil bombarderos, dejaron caer sobre la «Florencia del Elba» cerca de 4 mil toneladas de bombas altamente explosivas. El número de víctimas la historiografía actual lo sitúa entre 25 mil y 40 mil muertos.

Las dos guerras del Siglo XX causaron el exterminio de aproximadamente 110 millones de personas. De las 91 mil víctimas de la Guerra en Yemen en la actualidad, con la aquiescencia de la Arabia sunita, 85 mil eran niños que han muerto de hambre.

Pero la naturaleza no deja de pasar su factura al Homo Sapiens por lo que ha hecho, como si a cada acción correspondiese su Karma. La naturaleza no es muda, ella “habla” corean los animalistas, y en venganza por el despiadado consumo de sus hijos la Madre Tierra asalta las mentes llenándolas de fiebre, destruyendo los cuerpos. ¿Tendrán razón acaso los veganos quienes se preparan para salir indemnes del paraíso?

De 1580 se conoce el primer registro detallado de una gran pandemia y desde entonces se han descrito 31 pandemias. La pandemia más letal conocida fue la gran pandemia de gripe española de 1918, 1919. Las estimaciones antiguas indicaban poco más de veinte millones de muertos; actualmente se sitúa la cifra entre 50 y 100 millones de personas fallecidas en todo el mundo.

A pesar de las alarmas y las voces de grandes hombres los poderes económicos no escuchan: “La relación con la Naturaleza es hoy, no sólo para mí, sino para muchas personas una relación de sufrimiento. Los bosques amazónicos son destruidos, a los mares se les deja sin peces, la atmósfera ya se ve como está, en una palabra, se va ya directamente contra los elementos”. Palabras de Ernst Jünger al cumplir 100 años en 1995. Han pasado 25 años desde entonces y pretenden hacernos creer que la devastación de la Amazonía es sólo de ahora.

Hay 26 mil especies en peligro de extinción. En la última década 17 especies, han desaparecido: el oso grizzli mexicano, la última tortuga George en Galápagos muerta a los 100 años; el gorrión de Costa Oscura de la Florida extinguida por la Nasa, la cabra de los Pirineos y el tigre de Java entre otros; en el último siglo de 150 especies ya no sabremos nada, su breve existencia fue como la yerba del prado que el viento la agosta y ya no se la ve más.

Y nosotros con la ciega esperanza de que la clonación nos podría devolver las especies perdidas, como si alguna vez el destino nos ofreciese la posibilidad de reparar los entuertos que hemos cometido en el pasado. Si ya echamos manos del árbol del bien y del mal y nos va como nos va, ¿Qué pasará si lográsemos echar mano del árbol de la vida?

Por estos días el “buenazo” de Pirry, que suele entrar en severas depresiones, propiciadas en parte por su intrepidez de ver donde otros preferimos volver el rostro y percatarse cómo los poderes económicos hacen oídos sordos; volvió a la “carga” denunciando la masacre, porque es una verdadera masacre de la cocina, de la farmacia, de la artesanía china lo que hacen con las ocho especies de Pangolín; -un negocio de 38 millones de dólares -ya no vagarán más por sus tierras un millón cien mil ejemplares. Según informes recabados por Pirry, ese indefenso animalito, que se enrosca para evitar que lo ataquen, es el portador del Coronavirus, (Covid-19).

Sin ir muy lejos con “epidemias”, miremos la causada por las luchas cainíticas en Medellín entre 2016 y 2019 fueron asesinadas 2.351 personas. Y eso que cada fin de semana asistimos a la celebración eucarística aspirando al paraíso.

Desde los albores de la humanidad el griego nos alertaba a que no perdiéramos de vista a esa especie hombre. En el coro de la tragedia Antígona, el hombre era cantado como el “más pavoroso”. Pavor que llevó al príncipe Heráclito, llamado el “Oscuro” a claudicar a su reino, no quería gobernar ignorantes; se había percatado que en asuntos de apreciaciones, de decisiones de la mayoría había que cogerlas con pinzas.

Sería conveniente que empezásemos por lo menos a mirar de reojo a las cárceles y sitios de exclusión como los manicomios, pues parece ser que existe un gran equivoco sobre quienes realmente deberían estar encerrados allí.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia. hectorhernangallego@gmail.com