CON PLATA AJENA

La actual contingencia generada por el Coronavirus tiene al mundo de pelo parado. Versiones van y vienen y los pronósticos, desde los más conservadores hasta los más apocalípticos se reproducen a la velocidad en que un habitante del mundo ingresa a una red social.

En Colombia el asunto ha dado para todo, Petro respalda las medidas de Duque, al fin se quedó en silencio Uribe y Santos se pone en disposición 24/7 del gobierno actual.

Con la crisis ha aparecido una voz esperanzadora: la actual lección nos tiene que servir para enderezar el rumbo que le hemos dado a la vida, a nuestra vida. De nuevo asoma al cristal la teoría de que la globalización ha fracasado y que el sistema actual del capitalismo salvaje, colapsó.

Como paliativo, como acetaminofén para el cáncer, las voces esperanzadoras ven en la crisis, la oportunidad de un mundo nuevo, romanticismo del más puro diría mi buen amigo Benjumea, en su actual y estresante confinamiento.

Con el ánimo obligatorio de suavizar un poco la actual crisis el Estado colombiano (y creo que todos), han empezado a cumplir su función real de proteger a sus nacionales, y extranjeros que están en el país, bien sean inmigrantes o paseantes, recurriendo a aquello a lo que el actual sistema económico le había declarado la guerra: los subsidios y el proteccionismo.

Pero con las acciones es claro que la lección que los románticos dicen quedará de esta crisis no será aprendida. Las acciones demuestran que se busca proteger el sistema financiero base del actual modelo y en general la empresa privada, con los dineros públicos, ya llegará el costo de mantener a flote el capital privado.

Al tiempo vemos como el llamado a la solidaridad salvadora se ha quedado en un canto a la bandera, muchísimos habitantes del mundo siguen viviendo como si nada indiferentes absolutamente a la crisis global y al contrario en acto completamente egoísta desocupan supermercados y arrasan con los productos que los expertos dicen controlan al minúsculo enemigo.

Y la empresa privada, oportuna (u oportunista como es) empieza a extender su brazo solidario: venta de mercados baratos, suspensión de créditos, vacaciones colectivas a los empleados o no despidos (a cambio les solicitamos solidaridad a nuestros empleados con una rebaja voluntaria del salario).

La solidaridad de la empresa colombiana consiste tristemente en pasar de un bolsillo para el otro su capital y en ese cambio alguna ganancia quedará. El Éxito por ejemplo ha puesto un ejército de empleados a hacer mercados de 12 productos que se venderán a $16.000 para que nos solidaricemos con los más necesitados. Proyectaron la venta de 500.000 mercados, algo así como $8.000.000.000. Con esto la cadena garantiza flujo de caja que en las actuales circunstancias es oro en polvo.

El capital financiero no se queda atrás con su bondad, suspenderá todos los créditos hasta por tres meses. A la pregunta que algún periodista hizo a algún presidente de alguno de los poderosos bancos nacionales, sobre si esas cuotas se les perdonarían a los deudores, casi yéndose para atrás contestó que no, que se cobrarían con los intereses pactados en el crédito al final del pago de éste. Valga la pena aclarar que los recursos públicos para atender la crisis se depositarán en sus arcas.

Vaya solidaridad, pero estamos eternamente agradecidos con ella. Y qué decir de las empresas de telefonía y datos, según ellos su solidaridad consiste en cumplir “con mucho sacrificio” con el servicio, pero no han dejado de cobrar su factura y los consumos han aumentado según el presidente de Movistar cerca del 40%. Si antes el internet de mi casa servida por Claro era inestable qué diremos ahora, pero tendré que estar agradecido porque a veces me llega.

Es la realidad del concepto de solidaridad en un mundo nacido y desarrollado a partir del individualismo y la muestra fehaciente de que toda crisis es una oportunidad.

Adolfo Ospina

Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.