ESTO TAMBIÉN PASARÁ

“Anda pueblo mío, entra en tus aposentos y cierra tus puertas tras de ti, ocúltate por un poco, mientras pasa la cólera”. Isaías 26.20

Es temprano aún para percatarnos en realidad de qué es lo que nos está pasando; la tormenta, según expertos apenas se nos avecina, sentimos sus esporádicas gotas de angustia en nuestra puerta, pero el temporal no arrecia.

En China epicentro de lo que nos convulsiona, ya está dejando de temblar. Se ha llevado a unos, se ha llevado otros, se llevará aún más. Lo decisivo ante la naturaleza, ante este espectador desapasionado, silencioso, ante este témpano de hielo capaz de contemplar el horror más grande sin inmutarse, sin pestañear y seguir su camino como si nada hubiese pasado.

Lo decisivo ante esta pandemia que también pasará, es ¿cómo seguiremos viviendo, qué ídolos antiguos derrumbaremos y qué nuevos valores levantaremos? No ha sido una propuesta política u económica la que nos llama a “ajustar las cargas”; ha sido un destino adverso el que se enseñorea de plazas, de calles, de casas, de ciudades, de países.

Es posible, a decir de algunos, que este destino lo hayamos convocado como se convoca a un fantasma que ahora amenaza con derrumbar nuestra casa. Unos hablan de guerra biológica, otros de intereses económicos por parte de quienes especulan con la salud. No ha faltado quien esgrima argumentos racistas para acabar con la ancianidad y diezmar parte de la población sobre todo con unos pensionados que desestabilizan la economía mundial.

Otros hablan de Karma por los grandes perjuicios que en nuestra ignorancia causamos a la biodiversidad. Otros que los creadores de los Simpson ya lo sabían. En estos casos en que se nos mueve el piso, a todos nos sucede como el perdido que fue hallado y no para de hablar. Todos queremos hablar, todos tenemos algo que decir, todos queremos opinar.

Estamos inmersos en el problema al modo como los pitagóricos decían que formamos parte de una música cósmica pero no la escuchamos por ser parte de ella. Escucharla implicaría estar fuera de la misma. Así para una comprensión de nuestro problema aún es temprano, habrá que esperar, tener distancia, sólo así podremos lograr una comprensión de lo que nos amenaza, y ensombrece nuestras vidas.

Alrededor nuestro, como ante un castillo de naipes, vemos derrumbarse proyectos, expectativas. Nos sentimos desacomodados. Nuestra discurrir cotidiano se ve perturbado trayendo desasosiego a nuestra vida.

La religiosidad se ve remitida, a nuestra intimidad. Cada uno es sacerdote o sacerdotisa. La oración retoma el vínculo con lo más esencial. La familia se reúne, prima la vida sobre la economía. Nos regocijamos mutuamente aunque las escenas no dejan de llamarnos a la compasión, a la misericordia. Compasión y misericordia virtudes cristianas, palabras tan fáciles de pronunciar pero difíciles de implementar. Ambas tienen que ver con simpatía, pasión y corazón hacia una vida frágil y mísera.

En las calles de Lopbury Tailandia, millares de monos se pelean la escasa comida por la falta de turistas; sirios detenidos en las fronteras de Turquía y Grecia huyendo de la guerra duermen al descampado; gentes de todas las naciones pasan la noche en el piso de aeropuertos, terminales de buses, en las líneas fronterizas sin poder acercarse a sus hogares. Madres, hijos y padres ven como la muerte se lleva a sus queridos sin poder ir a sepultarlos.

Mas no todo está perdido, aún hay esperanza, el dolor además de traer lágrimas hace que la solidaridad extienda sus manos, y el canto como de pájaros enjaulados se derrame desde los balcones; se limpian las aguas donde antes por acción humana se veían turbias, retornan los peces y los cisnes donde se los había expulsado; se tienden puentes donde el diálogo se había roto.

Arabia Saudita financiador de conflictos en Irán, y Yemen tiende sus manos a un Irán “empanicado” por el Covid-19. Colombia y Venezuela vuelven a sentarse a conversar a pesar de sus diferencias. China prohíbe el sacrificio de animales. Francia por tiempo indefinido deroga impuestos y costos de servicios públicos como lo ha de hacer un estado civilizado.

De forma extraña nos toca enfrentar, vivir lo que sólo en los anales de la historia estaba consignado. El mundo quiere cambiar y además lo está haciendo a pesar de nuestra oposición y de los poderes económicos, sólo nos resta ser fluidos como el agua que no se opone a los obstáculos y allana los caminos.

La escuela de la vida dicta cátedra a las universidades. Y en el dolor como en una fuente cristalina la humanidad encuentra caminos salvadores. De manera secreta se asume el decir “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Después de la pandemia que también pasará este antiguo decir que ampara la sabiduría de los mayores esperemos que vuelva a dar sus frutos.

Mas no nos hagamos muchas ilusiones es posible que nada cambie, peor aún que a estas “mulas” que somos la mayoría en el país, se nos multiplique la carga. Ya los señores de las grandes multinacionales toman como pérdida lo que eran posibles ganancias. Es posible que las verdes aguas de Venecia tornen nuevamente a ese color gris aceitoso, maloliente que favorece la soberbia de los pueblos petroleros y traslademos la pandemia a los cisnes y peces.

¿Cómo explicar que en nuestra querida Colombia en horas de calamidad exista discrepancia entre los mandatarios centrales y los regionales? y que EPM ese gran pulpo que se siente el dueño de todas las aguas, ahora que la inmensa mayoría de los ciudadanos se encuentra recluida en su casa “craneando” como adquirir dinero para pagar sus obligaciones y hacerse al pan de cada día, reciba de esa gran empresa “orgullo de todos los antioqueños” normas de comportamiento con respecto al uso del agua y no emita decretos que tiendan aliviar el bolsillo de los pobres acabando con la preocupación de ¿cómo diablos voy a cancelar los servicios?

Sin alarmismo, sin pesimismo, con altura: No mueren los que debieran. La hora de la Justicia no parece sonar en los campanarios de la tierra y si lo hace no se la escucha.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia. hectorhernangallego@gmail.com