¡QUÉ PROBLEMA!

La actual atención a la contingencia ambiental que cíclicamente se viene presentado dos veces al año en las transiciones del verano al invierno en Medellín, ha demostrado una altísima improvisación y confirmado que no hay una continuidad en las políticas de la ciudad.

El POECA, ha pasado de ser una oportunidad a una camisa de fuerza que evita la implementación de medidas más drásticas de acuerdo a las necesidades, pero al tiempo demuestra también el gran nivel de improvisación de la actual alcaldía, al mantener a la ciudadanía pegada de las redes sociales y a los medios de comunicación tradicionales para saber qué medida se tomará al día siguiente.

Sin embargo, y así pareciera, el asunto no es de momentos ni de periodos de mandatarios, el problema ambiental de la ciudad es un asunto estructural y como tal se tiene que abordar.

Las medidas han sido insuficientes y eso nadie lo podrá negar. Pretenden las autoridades locales descargar todo el problema en las clases media y baja que son las que realmente se ven perjudicadas con las medidas y dejar que pase de arrastre bajo el sector industrial.

Las actuales medidas, que no son nada novedosas vuelven a poner en la palestra pública varias realidades de la ciudad a las que los gobiernos le han sacado el cuerpo.

En primer lugar qué nivel de responsabilidad le cabe a las empresas, ya bien golpeadas por las actuales condiciones económicas del país, y a los entes encargados de la regulación de sus protocolos de producción, pues como se puede comprobar, seguimos teniendo una industria que contamina.

Permanentemente el twittero @luisyepesb denuncia la coloración de las aguas del rio Medellín gracias a los residuos arrojados por las diferentes industrias, si eso pasa con lo que es absolutamente visible, qué podremos decir de la contaminación atmosférica que es más difícil de detectar y al tiempo, denuncia el opinador, la ineficiencia de las empresas encargadas de la regulación ambiental.

En segundo lugar, y ya lo han denunciado algunos alcaldes de los municipios que conforman el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, no todo la responsabilidad de la contingencia puede descargarse en las fuentes de contaminación móviles, pues son más perjudiciales otro tipo de generadores.

El gota a gota como el Área Metropolitana ha anunciado las medidas no hacen más que generar incertidumbre, y al tiempo aumentar las multas de tránsito que se cobran a los despistados que no alcanzan a darse cuenta de la regulación que se aplicará al día siguiente.

Por último, la actual contingencia ambiental, y las medidas tomadas, han develado una verdad que intentan ocultar los mandatarios bajo el sofisma de la pujanza paisa: el Metro ha llegado a su tope de servicio, no es capaz de atender más población y menos de, como pretende el actual alcalde de Medellín, desincentivar el uso del transporte particular.

En unas declaraciones bastante desafortunadas del Secretario de Movilidad, recargaba la responsabilidad de la ineficiencia de las medidas a los habitantes que preferían madrugar para poder “sacarle el cuerpo” al pico y placa que movilizarse en el transporte masivo, cosa absurda si se tiene en cuenta que el Metro, (lloverán críticas), parece más un castigo a la pobreza que una alternativa para la movilidad.

Llegó la hora de exigir cambios en la ciudad, de ampliar el horario comercial y de servicios a 24 horas y de construir una regulación más firme en contra de la contaminación industrial.

Así mismo es el momento de abandonar los egos de los gobiernos y crear políticas ambientales y de movilidad a largo plazo, que incluyan el Valle de Aburrá, como ciudad región. Y los votantes tendremos que aprender a elegir, desvincularnos del peligroso caudillismo heredado y escoger alternativas reales.

Ruben Benjumea

Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.