LOCALES

Jorge Luis Borges en su libro “el hacedor” cuenta del rigor de un pueblo aficionado a la Cartografía, que de la Localidad realizó un mapa que coincidía exactamente con los sitios de la Localidad; del Territorio un mapa que coincidía con el Territorio. Y de la Nación un mapa exactamente igual a la Nación.

Ruinas de estos fantásticos mapas pueden contemplarse en zonas olvidadas y apartadas de la geografía, para nuestro caso: San Agustín, El Desierto de la Tatacoa, Ciudad Perdida, Villa de Leyva, la Guajira.

Por un extraño azar que hacerlo destino será nuestra tarea, asistimos a la construcción de un nuevo mapa a partir de lo propio, de lo local, con fronteras definidas desde las cuales se observa el territorio y desplegándose la “Rosa de Los Vientos” la Nación.

Un mapa donde la pandemia tiene zonas restringidas, donde lo ideal es llevarle al confinamiento para que hambrienta, sedienta de contagios se extinga y muera. En lo local, epicentro de la Nación, tendrá prioridad la solución de la “Cura”.

La fábula de Higinio cobra vigencia:

“Una vez llegó Cura a un río y vio terrones de arcilla. Cavilando cogió un trozo y empezó a modelarlo. Mientras piensa para sí qué había hecho, se acerca Júpiter. Cura le pide que infunda espíritu al modelado trozo de arcilla. Júpiter se lo concede con gusto. Pero al querer poner nombre a su obra Júpiter se lo prohibió, diciendo que debía dársele el suyo.

Mientras Cura y Júpiter litigaban sobre el nombre, se levantó la Tierra y pidió que se le pusiera a la obra su nombre, puesto que ella era quien había dado para la misma un trozo de su cuerpo. Los litigantes escogieron por juez a Saturno.

Y Saturno les dio la siguiente sentencia evidentemente justa: “Tú, Júpiter, por haber puesto el espíritu lo recibirás a su muerte; tú, Tierra por haber ofrecido el cuerpo, recibirás el cuerpo. Pero por haber sido Cura quien primero dio forma a este ser, que mientras viva lo posea Cura. Y en cuanto al litigio sobre el nombre, que se llame “homo”, puesto que ésta hecho de humus (tierra)”.

En tanto nos llamamos Homo, mientras vivamos, pertenecemos a Cura. Nuestro lenguaje ha cambiado, decimos cuarentena y pensamos en doce; lo público en cuanto a multitudes tiende a desaparecer. La cercanía es desplazada por el distanciamiento social. Hacia el otro hay solidaridad, pero se le mira con recelo, sin saberlo puede portar al enemigo.

“Cura” no es el párroco, el sacerdote, “Cura”, es el cuidado que cada uno ha de hacer de sí, y en esa medida se cura de contagio, y también se cura del otro. Cura es lo fundamental, no desde que cambió nuestro mundo a raíz de la pandemia, lo ha sido desde siempre, en todo momento, en toda hora, tiempo o espacio nos corresponde en tanto Homo la Cura.

Cada día elaboramos un mapa, un itinerario, una ruta personal; antes de desplazarnos sin pensar, lo hacemos con “tino” temerosos de llegar a “pisar” una “mina”. Hoy más que ayer elaboramos, como en una historia fantástica, nuestro mapa interior, nuestra ruta en lo local; posteriormente realizaremos el de la región y con esta posesión reclamamos nuestra pertenencia a una Nación, sólo así nos procuramos, nos curamos.

Y ganaremos no una batalla sino la guerra. Porque nos preocupamos por “la Cura” esa actitud que acrecienta nuestro ser “inmunológico” y propicia que derrotemos la peste, una peste también mental quien más estragos causa en nuestra vida personal.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia. hectorhernangallego@gmail.com