EL OTRO HUÉSPED

“Nunca estés de prisa haz todo en silencio con un espíritu en calma, no pierdas tu paz interior por nada, aunque todo el mundo esté revuelto”.

Así no se expresa un político, tampoco un líder social, menos el jefe de producción de una empresa, tampoco lo haría el jefe de personal, las razones son obvias: dentro una jornada laboral debemos rendir al máximo, no podemos detenernos a consideraciones estéticas, menos éticas, lo cuantitativo ha de primar sobre lo cualitativo.

Quien se expresa así posee un Ethos, alguien que sabe lo que es habitar, morar en el planeta, alguien con los pies sobre la tierra que sabe como realizar su tarea. Sorprende que quien habla así con los pies sobre la tierra, quien con calma se dispone a realizar su tarea, es alguien que en lenguaje de Zaratustra podría llamarse un trasmundano: esos que sólo piensan en el más allá, que lo cercano no le interesa. Una expresión que mirada detenidamente nada tiene que ver con la religión, sin embargo, es de alguien, que hace y deja hacer la tarea: San Francisco de Sales.

Como la encarnación de una “voluntad de nada”, así recibía Nietzsche a finales del Siglo XIX a ese otro huésped inhóspito que tras de sí dejó dos guerras mundiales: El Nihilismo.

Se dice que el Nihilismo surge ante una carencia de metas, es un desánimo, un malestar en la cultura, surgido de ver rodar el hombre del centro a la periferia, de saber que el escenario del mundo no ha sido dispuesto para él solamente, que él no es el centro, que al des-divinizar el cristianismo el ente los dioses han huido.

El Nihilismo puede ser Activo o Pasivo, nos cobija a todos, a los estados con su larga fila de funcionarios y cargos “(…) se ha demostrado que el nihilismo puede armonizar con amplios sistemas de orden, y que incluso esto es la regla, allí donde es activo y desarrolla poder. El orden es para él un sustrato favorable; lo transforma para sus fines”.

Y el Nihilismo pasivo “(…) la vida de los nihilistas políticos y revolucionarios sociales, junto a sus imágenes reflejadas como en un espejo, los desposeídos, deshonrados, envilecidos, los evadidos de las oleadas de terror, limpieza y liquidación”.

Estados integrados por nihilistas activos y pasivos donde las tareas nada tiene que ver con metas humanas, por lo contrario, se han mecanizado, automatizado, y las ideas directrices se han extraviado, no encuentran un nombre y en su desarrollo la ética no existe.

Así el Estado para ocultar esa falta de metas esenciales fomenta la vivencia, el acceso a los denominados bienes culturales, viajes, playas, cines, conciertos, encuentros deportivos; el viejo “Pan y Circo” de la Pax romana. Actividades que una vez concluidas como al regreso tras un puente festivo al trabajo vuelve otra vez la angustia a nuestras vidas.

¿Pero qué podríamos esperar de las tareas en los talleres donde el día llanamente se cumple? ¿qué podríamos esperar de ellas cuando la prisa, lo urgente prima sobre lo necesario? ahora que aspiramos a viajar a las velocidades de la luz, cuando nuestro récord tiende a rebasar el cero. ¿Qué tareas nos esperan? ¿podremos en medio de ellas estar con un espíritu en calma en medio de ajetreadas ciudades donde todos tenemos prisa para llegar a ninguna parte?

Hoy hablamos de polarización, a un lado las propuestas de la Derecha en el otro polo las ideas de Izquierda ambas igual de nihilistas, la una fomentando el orden, el otro con la tendencia a subvertirlo; para ambos sectores “El enemigo ya no es visto como hombre, está fuera de la ley”. así se explican los asesinatos, las masacres de ambos lados. ¿Quién en la mitad?

Nietzsche ve el surgimiento del Nihilismo en la revolución copernicana, Heidegger va más lejos, en el olvido de los presocráticos. Lo que ahora nos concierne es su superación. Actualmente estamos más preocupados por el levantamiento de la pandemia, tarde o temprano se logrará, los más pesimistas lo prevén para finales del 2022.

¿Pero de ese otro huésped inhóspito que en la última confrontación mundial se llevó entre 50 y 100 millones qué nos librará? La pandemia comparada apenas alcanza al millón con un despliegue social en dos años según cálculos se erradicará; pero una vez superada el “virus” del nihilismo permanecerá entre nosotros como lo ha venido haciendo por siglos, con su voluntad de nada, con su carencia de visión en ideas y directrices sin una ética en la convivencia.

Continuará soplando al oído del rico para que se quede con el dinero del pobre y al pobre convenciéndolo de que su condición no tiene salida, que siempre será una víctima; seguirá asesinando gentes en los conflictos de Siria, de Yemen: robusteciendo los Estados Totalitarios, engordando la bolsa de Wall Street, fortaleciendo la crueldad de los Maras en Centroamérica, multiplicando las favelas en Brasil al ritmo que Bolsonaro destruye la Amazonia y Maduro implanta su miseria dentro del corazón de la revolución bolivariana. Al ritmo de los vendedores de pieles apaleando focas en los polos, y sacrificando ballenas porque vale más una muerta que viva.

La erradicación del Nihilismo no lo hará la sociedad, ni la OMS; hemos visto como el mismo orden lo fomenta y lo hace pasar como una situación normal, la erradicación de éste mal mayor que causa un desánimo en la cultura, que obnubila nuestra mirada tiene un sólo campo de batalla y lo es en nuestro pecho; aquí no es la lucha colectiva de los gremios de la salud; el mal, el virus del Nihilismo lo superamos individualmente cada uno en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestro pecho.

Si no realizamos esta lucha individual hasta que contagie al planeta entero, nuevas pestes, nuevas pandemias nos esperan más terribles y catastróficas. Alguna vez el covid como un huésped que se sabe inhóspito, mal recibido tomará su pestilencia y dejará nuestros recintos percatado de que tanto tiempo hospedado a nuestras espaldas ya huele maluco.

¿Pero qué haremos con ese otro el Nihilismo que, morando en nosotros a punta de vivencias, a punta de novedades, de veleidades nos hace creer que no existe, mientras socava secretamente nuestra intimidad y se queda con nuestra pertenencia más querida la libertad?

¿Acaso con una Ética? ¿con una Teología? ¿con una Filosofía? Lo cierto es que sólo superamos el Nihilismo volviendo a nuestras fuentes, a realizar nuestras tareas, con un espíritu en calma, en silencio, con los pies en la tierra; y para nosotros en fechas cercanas en que Europa celebra nuestro descubrimiento las palabras de un canta-autor como Nino Bravo nos puedan ayudar “Cuando Dios hizo el Edén pensó en América”. En palabras propias volvamos a lo nuestro a un enraizamiento con lo propio, con lo más cercano, con nuestra tierra dentro de un contexto planetario.

Héctor Hernán Gallego

Nacido en Jericó, graduado en Filosofía y Letras y en Educación Personalizada. Educador por necesidad, poeta por temor y escultor por ignorancia. hectorhernangallego@gmail.com