ESO NO ES CONMIGO

ESO NO ES CONMIGO

En sus inicios la Tragedia Griega era formada solamente por el Coro, integrado éste por sátiros pertenecientes al clan de la cabra, masticadores de hiedra y escanciadores del fruto de la vid en las fiestas en honor a la diosa Luna. Una estirpe cultivada en el canto, la danza y la poesía.

En el 580 A.C. Tespis separó del Coro uno de los integrantes al cual el Coro se dirigía, llamado el hipócrita o contestador. Aparecería así en la historia del teatro el actor. El hipócrita o actor hablaba a través de una máscara, era el personare o personaje. Hipócrita, actor, personaje provienen de un tronco común. De allí también se deriva la palabra personalidad. En última instancia tener personalidad es llevar una máscara, ser un actor, un hipócrita. ¡No nos lamentemos asuntos de la convivencia de vivir en sociedad!

El Coro con sus movimientos denominados coreografía sobre el lugar del baile llamado orquesta, celebraba a la diosa; el hipócrita, el actor, el personaje eran referentes del Coro carecían de relevancia. El individuo importaba referido a lo colectivo.

Isadora Duncan quien renovó la danza, despojada del tutú y las zapatillas, a la salida del sol danzaba en los sitios “ombligo del mundo” donde se escenificó la Tragedia Griega. Descalza, casi desnuda, daba los primeros pasos hacia lo que sería la danza moderna preparando la llegada de Martha Graham y a la desquiciante y callada Pina Bausch. De su danza se conservan unos escasos minutos. Lo paradójico fue su expresión: “Yo nunca he bailado un solo”, siempre bailó el Coro.

Estar en el Coro, pertenecer al Coro, llegar a concertar. La comunidad más decisiva que el ser apartado, alejado. Un vivir y laborar al modo de las abejas en comunidad; el Eros de la comunidad manifiesto en la polinización que da el verde al planeta.

“La comunidad un lugar donde se ven los que comienzan, los que han avanzado un poquito, los que han llegado a la mitad del viaje, los que han llegado más allá de la mitad, los que están casi llegando a la meta… es un lugar donde se puede ver el espectro de estados espirituales, donde se puede ver el viaje entero”, Osho.

Un arroyo no puede llegar al océano, se perderá en el camino, lo devorará la vastedad del desierto, pero si se une a otros arroyos se convertirán en un gran río y llegarán al océano.

No he creído en aquello de que “el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”, la famosa robinsonada. Por el contrario, nuestro ser, se define, crece al oponernos a esos sustratos que nos emparentan con el animal, con lo terrible que conforman el interior del ser predador que llevamos adentro.

“Nosotros no tenemos amigos en esta tierra. Somos destructores para más no poder. Hemos ganado la enemistad de todos los seres vivientes de esta tierra, es por eso por lo que no tenemos amigos”, Indígena Yaqui.

Que las instituciones para su adquisición hayan llegado a ser lo que son, dejando tras de sí ríos de sangre es innegable, pero diga lo que se diga del cristianismo, hemos de confesarlo, nos libró de adorar ídolos de barro y sacrificios de sangre. Melquisedec Rey de Salem, Rey de Paz propuso a Abraham algo más grande que la crueldad del sacrificio, el simbolismo del pan y vino; el pan producto de la tierra y el vino proveniente de los rayos del sol.

Durante su madurez intelectual Nietzsche fue un solitario, su expresión “los ídolos van a saber lo que es tener los pies de barro”, su filosofar con el martillo dan buena cuenta de su ser subversivo, a la filosofía la puso de revés, como buen destructor también fue creador, amante de las instituciones le incomodaba de su época, de sus contemporáneos el que toleraran las fuerzas que se habían apoderado de las instituciones y se expresaban a través de ellas, fuerzas enfermizas, reactivas que despojaban de un derecho al futuro a la humanidad, “yo no ataco personas, ataco ideas expresadas, encarnadas en las personas”, solía decir.

Mientras cavilaba de cómo llevar a cabo “Eso no es conmigo”, sin moralizar, sin recurrir a lugares comunes, después de haber mencionado el gran inmoralista que fue Nietzsche, me sorprendió un mensaje de mi amiga Omaira sobre el escritor bogotano Mario Mendoza.

No conozco al bogotano, tampoco he leído su obra, pero me agradaron sus palabras y su deseo de “dar un seminario sobre antiliderazgo” que propugne por una “democracia participativa” diciendo a las gentes… “usted no es nadie, usted no es nada, haga la fila como todo el mundo, respete a los demás, inclínese, sea humilde… usted no es una gran persona, usted es una persona común y corriente”.

Bien por él que rechaza lo irrelevante de nuestra época capitalista que fomenta la adquisición enfermiza de prestigio basada en el dinero; optando por ser significativos socialmente con nuestros intangibles dones, nuestros talentos, con nuestro trabajo por más humilde que sea.

“Eso no es conmigo”, expresión recurrente para dejar pasar por alto el maltrato, la ignorancia, la violencia, la usurpación, la injusticia para permitir que lo ilícito tome la delantera, “eso no es conmigo”, pero ¡sí va contigo!, de forma desconocida todo lo que acontece afuera es un reflejo, es un espejo de lo que llevamos adentro. Hemos dicho que los movimientos, las convocatorias en masa favorecen en gran medida a trúhanes que se la dan de líderes que en realidad no lo son.

Si el movimiento en masa surge a partir del individuo, de la persona singular que ha llevado a cabo en su pecho, en su interior, la lucha contra lo que socava, contra la injusticia, es como el arroyo que, unido a otros, forma un río y en masa se encaminan hacia el océano Madre de la creación donde todo se renueva. El hombre singular ha emprendido así un largo camino que tiene su inicio en la punta de sus pies, y no delega en otros su lucha, sus desafíos.

Tespis e Isadora Duncan lo supieron, el personaje, el actor, el hipócrita, aquél que quiere fortalecerse encerrado en un solipsismo no aporta nada, sino llega a concertar. Como Robinson Crusoe retirado, aparte tendrá en su prisión de soliloquios la esperanza que llegue “viernes” para salir a “rumbear” y acabar en una noche de farra el dinero que de forma tan dura ha ganado en la semana.

“¡Sí tiene que ver con nosotros!” fue la expresión de un grupo de jóvenes más asiduos a los psicotrópicos que al alcohol, negándose a consumir por medio del microtráfico con las secuelas que implica comprarles a ellos, miseria, prostitución, inducción al consumo, trata de blancas; se negaron a comprar al microtráfico optando por la siembra.

Ese es el secreto de la legalización que no han querido comprender nuestros ediles tercermundistas que se niegan a la legalización del cannabis; deberían aprender de la fórmula vicepresidencial del candidato demócrata a la presidencia de los Estado Unidos, Kamala Harris y conocer sus argumentos en su lucha por la legalización, “¡Eso tiene que ver con nosotros!” …

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