ENAMORARSE

ENAMORARSE

A mí, todas las mujeres que he conocido luego de seducirme me han vuelto la espalda, he pensado a veces qué, quizás, tal vez, pero no, lo he descartado sigo siendo fiel a sus formas, a su cintura, a sus caderas, hechizado por sus cabelleras como cuerdas de guitarra, a sus profundidades como cajas de resonancia, a sus senos como lunas en primavera, a sus voces de sirenas desesperadas, a sus risas como potrancas encabritadas.

Hace poco encontré tras un mostrador de una farmacia una mujer igual de derrotada, decía que depositar la felicidad en otro era una babosada y aunque reímos juntos no hay caso, nos separan los años, ella apenas estaba dejando la adolescencia y yo dispuesto a cerrar tras de mi la puerta.

En otra ocasión la encontré en la calle, me dijo que se llamaba María, pero que la apodaban cariñosamente “María bolsitos” debido a la cantidad de bolsos que la gente pensaba que poseía; el lunes salía con el verde, el martes con el morado y el miércoles con el azul, lo que no sabía la gente era que en cada uno guardaba un amor, una tristeza, una pasión. Los guardaba por separado para que ninguno de sus amores se enterara de las heridas, de los desgarrones que habían dejado en su piel el no ser comprendida, no ser amada.

El resto de la semana no llevaba bolso alguno, no me explicó el motivo. Pensé que era posible que abriera sus alas a la esperanza de encontrar un nuevo amor que no le desgarrara la piel como los tres anteriores. Tenía conocimiento como una cazadora de mariposas qué tipo de amores llevaba encerrados en sus bolsos.

Amores de Lunes mentirosos e inconstantes como la Luna, un día te quieren al otro no; amores de Martes belicosos, siempre dispuestos a la confrontación consigo mismos, encerrados en un monólogo que sienten que los define, con ellos no se llega a nada, están contigo, pero por encima de tu hombro están atentos por quien pasa, siempre dispuestos a la fuga hay que dejarlos que sigan su camino. Amores de Miércoles apasionados como cuando corre la mitad de la semana, embaucadores, prometen más de lo que cumplen y a la primera oportunidad te dejan en la estacada. Les encanta los amores robados.

Con paciencia esperaba que llegase un amor de Jueves autoritario, tempestuoso pero cariñoso y suave en la tormenta, aunque no fiel pero si más maduro que los anteriores, o un amor de Viernes todo pasión, entrega, saltos al vacío, con arrullo de palomas al caer la tarde. El amor de Sábado para el que tenía destinado, como también para los restantes días de la semana, un bolso era blanco como quien se prepara para un largo noviazgo, fructífero esperanzado en las horas de la tarde, con bandadas de aves que rezagadas dan vueltas alrededor buscando posarse en los campanarios.

De pronto calló, le miré, parecía ensimismada, en un susurro dijo suavemente: “mi amor de Domingo me tiene reservada”. No sé por qué pensé, esta mujer será feliz por muchos años, será una santa, se irá de monja o se convertirá en una gran amante, nadie como ellas para amar.

Antes de despedirnos me dijo: ¿no me has preguntado por el color de los bolsos para el Jueves, Viernes, ni Sábado?, te diré el color de los bolsos para el Jueves y Sábado, añadió, el Jueves llevo un bolso color naranja como el que toma el día tras la tormenta y en el cielo aparece el arco iris, para el sábado uso un bolso color negro como en noches de fiesta estrelladas, tú decide qué color para el Viernes, rojo pensé pero no dije nada. Para el Domingo no tengo bolso, dijo mientras se alejaba, quién ha de venir por mi traerá un bolso amarillo oro. Con un gesto de la mano y una sonrisa en los labios se despidió de mí.

A raíz de este encuentro, como todos buscando la otra mitad del ser que los complete, la “media naranja” he pensado en la estatuaria de los dioses indios Shiva y Kali. Ella exuberante, de formas redondas, apasionada, pero con líneas muy masculinas. Shiva a pesar de su masculinidad posee formas femeninas, también en los dioses la nostalgia de que algo les falta.

He pensado en el andrógino primero, quizás, tal vez sino nos hubiesen separado, como lo testifica la filosofía griega, de nuestro ser gemelo, de lo que discretamente llamamos “la media naranja” yo no sufriría de esta locura que me hace admirar, correr, sufrir tras esas bacantes locas que son las mujeres. Acaso a esos desencuentros se deban esos desgarrones en la piel, en el alma que todos sin excepción llegamos a padecer.

Siendo andrógino(a) contaría conmigo y no andaría tras nadie, todo lo tendría dentro de mí, solo me bastaría. En noches de fría luna con ternura, con amor infinito echaría un tibio cobertor sobre mí. Pero no, aún sufro de fríos en noches lluviosas y como al rey David no me han encontrado una bella doncella que caliente mis viejos huesos bajo el canto de estremecidas noches estrelladas.

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