martes, febrero 10, 2026

Víctor Gaviria recibió la Medalla al Mérito Cultural

banner+minculturaMincultura destacó 30 años de labor del director de cine antioqueño en pro del desarrollo cinematográfico del país. En el Festival de Cine de Guadalajara será el gran homenajeado.

Con motivo de la presentación del programa oficial que llevará Colombia como País Invitado de Honor al 24 Festival Internacional de Cine de Guadalajara, y de manos de la Ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno, el cineasta colombiano Víctor Gaviria González recibió la Medalla al Mérito Cultural por sus 30 años de carrera cinematográfica y su aporte a la internacionalización del cine colombiano.

ministra+culturaDe esta manera, el Ministerio de Cultura se une al homenaje que le rendirá el Festival de Guadalajara cuando le otorgue, durante la inauguración del evento fílmico, el premio Mayahuel, uno de los más prestigiosos a nivel cinematográfico en Latinoamérica.Gaviria es el cineasta colombiano de mayor renombre internacional, gracias a que fue seleccionado en dos ocasiones para la muestra oficial del Festival de Cannes en 1990 y 1998, además de haber recibido diferentes reconocimientos que lo han posicionado como uno de los más importantes realizadores en América Latina.
“Me ha conmovido ver todo este cine colombiano tan poderoso. Cuando entré a hacer cine hace 30 años, no sabía nada. Me siento orgulloso de ser parte de esto. El cine colombiano es el arte del pueblo porque ha acompañado los procesos sociales del país. Con ellos estamos comprometidos los cineastas, creando identidad. Doy gracias y hago un reconocimiento al cine nacional”, aseguró Gaviria.

Conocido por sus colegas como el poeta del cine colombiano, Gaviria será uno de los invitados especiales del Festival de Cine de Guadalajara, donde se exhibirán ocho de sus producciones: Rodrigo D. No futuro, La vendedora de rosas, Sumas y restas, Simón el mago, La vieja guardia, Los músicos, Yo te tumbo tú me tumbas y los Cuentos de Campo Valdés.

El director colombiano que más ha ahondado en la realidad de los marginados en el país trabaja ahora en tres proyectos adicionales: Sangre negra, La mujer del animal y Latinos. “El cine de Víctor Gaviria mezcla la realidad y la poesía, estableciendo un sello propio en la industria del cine nacional, el sello de un cineasta comprometido con los que no tienen voz y con la problemática nacional”, afirmó la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno.

Sobre Víctor Gaviria

Gracias a su padre, quien con una cámara de video filmaba la cotidianidad de su hogar y luego apagaba las luces para proyectar esa mirada externa sobre lo conocido, Víctor Gaviria halló en su hogar una visión lírica de la realidad, pero construida sin palabras.El entonces estudiante de sicología de la Universidad de Antioquia rodó películas sobre la realidad y la pobreza, sobre el entorno y la dificultad, sin más pretensión que llenar los vacíos que no podía cubrir con la poesía. Filmó lo que conocía y era cotidiano, pero nadie parecía ver ni relatar. Escribió guiones y la suerte lo acompañó: los premios llegaron como respuesta a su trabajo.

En 1979 ganó el concurso Súper 8 de la cinemateca El Subterráneo. Orlando Mora, quien era jurado, recuerda que la sensibilidad y el hálito de Buscando tréboles lo impactó. “En medio de sus evidentes carencias técnicas, sorprendía por el poder y la fuerza reveladora de sus imágenes. En ellas aparecían escenas cotidianas en una escuela de niños invidentes y había momentos que todavía hoy conservo en la memoria: los juegos en la piscina o los menores buscando tréboles en el patio”.

Focine premió a Gaviria luego por Los habitantes de la noche. En 1980 volvió a ganar el Premio Nacional de Cine de Colcultura con el guión de La lupa del fin del mundo. Con su espíritu de investigador de la calle encontró en un colegio de Medellín a unos niños, rodó el corto galardonado y también El vagón rojo. Lo que más le sorprendió fue la espontaneidad de los menores que trabajaron con él. El resultado lo entusiasmó: se parecía a la realidad, pero era también poesía.

Gaviria se concentró en investigar la calle. Con muchachos que sacaban tiempo después de las clases en sus colegios, rodó los fines de semana y a un ritmo casi obsesivo. Gracias a los premios, el antioqueño se convirtió en director de cortos y mediometrajes a razón de uno cada año, hasta 1986. Ese año el guión de Rodrigo D: No futuro fue premiado por Focine. En 1990 y después de una honda investigación, el realizador antioqueño estrenó esta dura cinta sobre el mundo del sicariato, la marginalidad y la miseria.

Era su gran salto. El suyo ya se conocía como un trabajo comprometido con los que no tenían voz. De hecho, un año después obtuvo el Premio Simón Bolívar de periodismo por el documental Polizones en Nueva Colonia, en la categoría de televisión. Sin embargo, Andersen y la historia de la niña que vendía fósforos en Navidad le seguía dando vueltas en la cabeza.

Fue así como comenzó el rodaje de La vendedora de rosas. Decidido a narrar una versión local de La niña de los fósforos, pero basada en los niños de la calle en Medellín, investigó en profundidad sus historias sin esperanza. Buscó en internados de niñas a la protagonista, hizo audiciones con menores consumidores de sacol, un pegante que utilizan para alucinar, y transcribió un total de 600 páginas con todas las entrevistas a los personajes reales. Entonces escribió por fin el guión y rodó. Fue tal el impacto de la cinta que transformó la vida de los actores y de sus familias, la mayoría signada en su futuro inmediato por la tragedia. La vendedora de rosas fue elegida en la selección oficial de Cannes.

Su más reciente película, Sumas y restas, sobre el narcotráfico, estuvo en la selección oficial del Festival de Cine de San Sebastián.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.