lunes, abril 22, 2024

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LA MISERIA HUMANA

farc2Es definitivo que el poder, bien sea económico o político expone las condiciones más bajas del ser humano. Para llegar a él, el hombre sacrifica cualquiera bondad que lo haya caracterizado y para mantenerlo asume posturas totalitaristas.

Eso es lo que está sucediendo en la actualidad colombiana con aquellas personas que utilizan diferentes métodos para oponerse a la firma y refrendación del proceso de negociación que se adelanta en la Habana entre el Gobierno y las FARC.

Las pasiones más bajas han aparecido entre los opositores del proceso, que engañando, buscándole problemas a las soluciones o pretendiendo maquillar la realidad con utópicas alternativas jurídicas, se atraviesan hasta el punto de ponerlo a trastabillar.

No se entiende desde qué perspectiva alguien que mínimamente piense en el bien del país, en la posibilidad de darle oxígeno nuevo a esta Colombia agonizante, se oponga a la desmovilización de un ejército que en el estimativo más optimista se calcula en más de ocho mil miembros.

No es un asunto de izquierda o derecha, de Santos o Uribe, es un asunto de mera solidaridad social, de cambio de perspectiva frente a una realidad que marcó el vivir de más de 5 décadas.

Estos personajes que desde diferentes tribunas promulgan una paz con justicia, se olvidan de las injusticias cometidas en nombre del conflicto interno, de los miles y miles de conciudadanos que bajo el falso sofisma de defender la justicia, la democracia y el pueblo, murieron por el sangriento ataque de un tatuco, un fusil o un bombardeo aéreo.

Estos personajes, algunos extranjeros que deberían volverse a pontificar a sus naciones de origen, olvidan el daño ético, económico y social, que el conflicto ha causado a nuestra sociedad.

Estos exponentes de la miseria humana prefieren que el gobierno siga gastando gran parte del presupuesto de la Nación en armamento, a que se invierta en obras que de una u otra manera repercutirían en el bien de la población (y seguramente de muchos corruptos).

No se entiende como personajes de renombre nacional, ponen de excusa la injusticia del actual proceso, cuando es ella la que ha permitido el avance desmesurado del conflicto, y no sólo con las FARC, sino con todos los otros factores que intervienen en él.

No es la paz, como nos lo han querido mostrar, tampoco y mucho menos es la solución a los problemas del país, pero por lo menos un grupo menos, una marca menos con quien excusar la inoperancia de los gobernantes colombianos.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.