TALANTE DEMÓCRATA

TALANTE DEMÓCRATA

La actual campaña electoral, llevada su atención a propósito, a una fijación casi que patológica hacia la presidencia para distraer la elección de Congreso, ha generado un nuevo frente de ataque contra el precandidato Petro, acusándolo de ser un peligro contra la férrea democracia de nuestro país.

El talante demócrata de nuestros mandatarios de siempre y de los que los han mantenido en el poder puede observarse en la dinámica que ha comenzado a impulsarse con mucha más fuerza en lo que va corrido del 2022.

Por un lado, estamos salvados del peligroso comunismo (no olvidemos que la actual potencia mundial China es comunista), gracias al agonizante Centro Democrático, que, retomando la consigna del gobierno estadounidense en los años 70, “nos salvará del comunismo” (pancarta de la Av. Regional sentido sur norte a la altura del puente de la 30).

Pero tomando las cosas más en serio y dejando de lado las patanerías publicitarias, es sorprendente cómo ha comenzado una campaña de miedo materializada no sólo en los medios de comunicación masiva sino en los contratos, básicamente de desarrollo inmobiliarios del país.

La cláusula Petro es una nueva línea que agregaron en los contratos de inversión, en la que una u otra parte o las dos condicionan el cumplimiento de éste a la no elección del candidato de izquierda.

Jurisconsultos y/o leguleyos han defendido la cláusula apoyados en el derecho privado, en el que, según ellos, de común acuerdo puede colocarse lo que se requiera.

Sin embargo, es claro que una cláusula de este tipo genera incertidumbre innecesaria y puede detener de manera significativa el desarrollo económico del país. Al mismo tiempo es evidente que el afán de una cláusula de ese tipo coacciona al electorado, no por razones políticas, sino y únicamente, por razones de sobrevivencia, pues para ninguno de nosotros es un secreto que el sector inmobiliario y de la construcción son de los que más empleo generan y de generación de empleo estamos urgidos.

La Cláusula Petro se ha mostrado como una forma, sino ilegal, sí y con absoluta certeza, antiética, de contrarrestar el avance que, con empresarios, sobretodo españoles, ha tenido el candidato en varias reuniones llevadas a cabo en el país europeo, donde ha ido desmitificando la supuesta posición suya frente a la propiedad privada.

El miedo a la expropiación, a la nacionalización y a no sé qué tipo de agresiones contra la propiedad privada, ha sido creado por una narrativa altamente fantasiosa de los de siempre que ven como el país se les está saliendo de las manos.

Lo que evidencia esa posición de la derecha y de algunos de los empresarios del país, es su talante demócrata, a quienes esta forma de gobierno les sirve siempre y cuando sean ellos quienes ostentan el poder. Y manifiesta peligrosamente que la hecatombe de nuestro Estado se asimilaría más a lo sucedido en Chile en 1973, cuando en amangualamiento entre la clase dominante de ese país y el gobierno gringo, generaron un golpe de estado que puso en la presidencia a uno de los militares más sanguinarios de esta parte del mundo, y no al fenómeno venezolano, pues es importante recordar que en el vecino país fueron los militares que servían a la rancia gobernancia los que montaron al mentor de Maduro.

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