DATO MATA RELATO, ¿CREEMOS, CREÍDOS Y CRECIDOS?

Creemos, el movimiento político del alcalde Federico Gutiérrez, salió golpeado de las elecciones al Congreso. Lejos de las expectativas que habían alimentado sus propios estrategas, la colectividad apenas rozó una votación modesta para el tamaño del poder institucional que administra. El resultado dejó una lección incómoda pero evidente. El control burocrático, el ruido en redes y la confrontación verbal no reemplazan el trabajo político serio ni garantizan votos en las urnas.

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El balance es duro, pero necesario.

La política se legitima con resultados, no con poses altisonantes, insultos ni arengas en redes sociales. Todo eso puede inflar percepciones y entusiasmar auditorios digitales, pero tiene una eficacia muy limitada cuando llega la hora de contar votos de verdad y en especial en una puja al Congreso en la que es fundamental y necesaria la máquina electoral, la estructura, la burocracia, el contratista.

Y eso fue, justamente, lo que ocurrió con Creemos, se llenó de gases, se infló. Una organización que parecía sobrada en el discurso terminó diezmada en el resultado electoral.

Las encuestas ubicaban a Creemos alrededor del 2% de intención de voto, una proyección que podía traducirse en entre 400 mil y 450 mil sufragios, y, aunque se necesitaba otro esfuercito para alcanzar el umbral, la colectividad se quedó en los 230 mil votos para Senado.

El cuartel de Federico Gutiérrez necesitaba mucho más para alcanzar el umbral, no bastaba con el entusiasmo de los propios ni con la idea de que el liderazgo del alcalde arrastraría toda la tropa.

El umbral del 3% de votos válidos exigía una operación política robusta, ordenada y eficaz para alcanzar los más 600 mil votos mínimos necesarios, pero Creemos, en esta elección, no mostró estar en esa dimensión.

El resultado, más que una derrota electoral, ojo a esto, es una advertencia temprana para redimensionar una estructura que debe estar preparada para las elecciones territoriales.

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LA TROPA TRABAJÓ MAL

Los errores fueron múltiples y no se pueden maquillar. Quienes conducen el movimiento, junto con sus estrategas y “creativos”, tendrán que revisar con seriedad qué fue lo que salió mal.

Hoy Creemos tiene poder local, presupuesto, influencia burocrática y control político no sólo en Medellín, sino también en buena parte del Valle de Aburrá, donde se concentra más de la mitad de la votación de Antioquia.

Con semejante andamiaje y estructura institucional, no alcanzar el umbral revela improvisación, exceso de confianza, poco trabajo y una preocupante falta de oficio debido a que se demostró que había más primíparos que expertos jugando a la política electoral.

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AMOR NO QUITA CONOCIMIENTO

Por más afinidad que exista con la causa de Federico Gutiérrez, a quien conozco desde 2004 cuando llegó al Concejo sosteniéndole el morral a Fajardo, una cosa es respaldar al alcalde y otra muy distinta cerrar los ojos frente a las torpezas de su entorno.

Si de verdad quieren corregir el rumbo para las territoriales de 2027, lo primero que deben hacer es un acto de contrición, revisar al detalle cada error, aceptar culpas y seguir adelante.

Uno de los errores más graves desde el comienzo de la campaña fue postular a Juliana Gutiérrez al Senado y José Miguel Zuluaga a la cámara, hermana y primo del alcalde.

Pretender que esa decisión pasara desapercibida fue un acto de ceguera política, y, por el contrario, expuso un nepotismo electorero que terminó golpeando la credibilidad del proyecto.

Resulta imposible no recordar que esa misma práctica es una de las que más critican cuando se confrontan a los adversarios. Al ser incoherentes con ese postulado, resta, pasan factura…

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LA “SOBRADEZ” DE LOS MUCHACHOS

En el trabajo de calle, en la conversación con la gente y en la etnografía política que de verdad permite medir el pulso ciudadano, el comentario era casi unánime.

A algunos del movimiento se les subió el ego a la cabeza, “Creemos, Creídos o Crecidos” decían.

La percepción sobre varios de estos muchachos, sobre todo, un par de concejales y funcionarios del anillo cercano al mandatario fue la de un grupo convencido de que los votos llegarían solos por cuenta del alcalde o por el volumen de la confrontación contra Gustavo Petro.

Creyeron que diatribas, sumadas a los alaridos de concejales, alcanzaría para construir una bancada de peso en el Congreso. Se equivocaron. La arrogancia no reemplaza la estrategia, y, la soberbia, nunca ha sido una buena movilizadora electoral.

Además, a varios de esos “señoritos” se les olvidó una verdad elemental de la política colombiana. Los votos no se consiguen únicamente con discursos, presencia en redes y superioridad moral.

En la política electoral, también cuenta la organización territorial, la humildad para tocar puertas, la capacidad de tejer alianzas, el respaldo de operadores, la influencia de contratistas, los líderes barriales y toda la maquinaria informal, que, guste o no, sigue moviendo gran parte de las elecciones al Congreso. Esto es Colombia, estamos en Cundinamarca no en Dinamarca…

Y si Creemos hizo ese trabajo, lo hizo mal, porque ni el poder del gobierno local, ni el apoyo de los contratistas, ni el despliegue logístico hecho, alcanzaron para convertir la estructura institucional en resultados electorales.

¿A cuántos van a sacar del gobierno por no haber hecho la tarea? Quiero ver eso…

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LÍDERES PRINCIPIANTES

Creemos es Fico y sin Fico en campaña el andamiaje luce endeble.

Federico Gutiérrez, tiene carisma, sabe comunicar y entiende el pulso de la política. La mayoría de sus muchachos, en cambio, no, porque no lograron demostrar ni liderazgo ni conexión popular con el agravante que el alcalde por la naturaleza de su cargo no puede meterse de lleno en la contienda. Es decir, una cosa es con fico en campaña, otra sin él.

Lo que tampoco se entiende es cuál fue la razón y circunstancia de modo tiempo y lugar para qué hayan metido a la concejala Camila Gaviria, una señora muy señora, con cara de tía, como directora o cabeza visible del proyecto político, cuando su nivel de conocimiento electoral, del terreno es limitado y su experiencia para conducir una campaña al Congreso, parece, por decir lo menos, insuficiente. El resultado es contundente o no…

Más incomprensible aún fue desaprovechar la posibilidad de una coalición que hubiera podido cambiar los resultados de las elecciones del 8 de marzo.

En la lista a la Cámara estuvo Germán Hoyos, veterano, curtido, silencioso, perro viejo y conocedor de las mañas del poder. Cuesta creer en Creemos, que, en su campaña, con figuras así, hayan preferido encerrarla en sí misma, renunciando a una alianza que posibilitaba ampliar el margen electoral.

Si Creemos hubiera optado por una coalición con Salvación Nacional, el partido del Tigre, a quien están apoyando a la presidencia, probablemente el tablero sería otro, pero no lo hicieron.

Ahora no queda más que aceptar, soltar, además de apagar y desconectar el wifi de la autosuficiencia y recalcular cuanto antes, porque amigos, en política, cuando la realidad y el resultado hablan, dato mata relato.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.