Con el 99,97 % de las mesas informadas, Abelardo De La Espriella se impuso en la primera vuelta presidencial con más de 10,3 millones de votos y una ventaja superior a 670 mil sufragios sobre Iván Cepeda. El resultado abre una segunda vuelta de altísima tensión política, marcada por reclamos de verificación, acusaciones cruzadas y una batalla decisiva por el voto de centro, el voto en blanco y los abstencionistas.
Abelardo De La Espriella ganó la primera vuelta presidencial de este domingo con una votación histórica, 10’359.168 votos, equivalentes al 43,74%, frente a los 9’687.032 votos de Iván Cepeda, que alcanzó el 40,90%.
La diferencia fue de 672.136 votos, una distancia suficiente para marcar ganador político de la jornada, pero no para cerrar la elección. Colombia quedó partida en dos bloques poderosos y obligada a resolver su destino en segunda vuelta.
El primer dato que debe leerse con serenidad es que Abelardo no sólo ganó, rompió el molde tradicional de la derecha colombiana. Su candidatura absorbió rabia, miedo, hastío y deseo de autoridad en amplios sectores del país.
Cepeda, por su parte, confirmó que el petrismo conserva una maquinaria electoral robusta, disciplinada y capaz de competir voto a voto por la Presidencia.
Por eso resulta tan delicado el mensaje del presidente Petro, quien apareció como el gran perdedor de la jornada y puso en duda los resultados preliminares.
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El llamado conteo transmitido no tiene fuerza vinculante. sus datos no son norma pública. Como presidente no acepto los resultados del preconteo de la firma privada de los hermanos Bautista, porque debiendo estar quietos los algoritmos del software de conteo y escrutinios, en la…
— Gustavo Petro (@petrogustavo) June 1, 2026
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Una cosa es pedir garantías, escrutinio y transparencia, otra muy distinta es sembrar sospechas sobre una elección antes de que las instituciones terminen su trabajo. El país no necesita gasolina sobre la hoguera, sino responsabilidad democrática.
Petro sostuvo que no aceptaba el conteo provisional hasta que se hiciera una verificación de la votación y centró sus reparos en supuestas inconsistencias relacionadas con cédulas y algoritmos.
Hasta ahora, lo prudente es exigir pruebas, no discursos incendiarios. El preconteo no reemplaza el escrutinio oficial, pero tampoco puede ser tratado como fraude por simple conveniencia política.
En esa misma línea, Iván Cepeda habló desde el Hotel Tequendama y también puso el acento en presuntas dificultades con más de 800 mil cédulas. Su reclamo tiene derecho a ser revisado por las autoridades electorales, pero su responsabilidad como candidato es mayor, no puede convertir una petición de verificación en una narrativa anticipada de desconocimiento del resultado.
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#ColombiaDecide2026 | «Solo cuando las comisiones escrutadoras dejen totalmente aclarado este asunto, nos vamos a pronunciar sobre los resultados de esta noche», dijo Iván Cepeda tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales.
Cubrimiento… pic.twitter.com/enAZkWtcEn
— Noticias Caracol (@NoticiasCaracol) June 1, 2026
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Cepeda quedó segundo, pero quedó vivo. Esa es la verdad política de la noche. Tiene casi 9,7 millones de votos, una izquierda cohesionada y un presidente que, aunque desgastado, todavía moviliza emociones fuertes.
El problema para su campaña es que el discurso de duda puede servir para retener a los propios, pero también puede espantar a los indecisos que quieren estabilidad institucional.
Abelardo De La Espriella respondió desde Barranquilla con el tono de quien sabe que ganó la primera batalla y no está dispuesto a ceder el relato.
Su advertencia de que no se dejará “robar” las elecciones conecta con su electorado, pero también debe administrarse con cuidado. Quien aspire a gobernar no sólo debe defender sus votos, debe defender la confianza pública en el sistema democrático.
La segunda vuelta será el 21 de junio y enfrentará a las fórmulas de Abelardo De La Espriella con José Manuel Restrepo e Iván Cepeda con Aída Marina Quilcué.
Esa cita electoral ya no será una competencia amplia, sino un plebiscito emocional entre dos modelos de país. El centro, aunque golpeado en las urnas, tendrá más poder del que muestran sus porcentajes.
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TIERRA PAISA
En Antioquia y Medellín, el resultado fue contundente para Abelardo. Allí uno de los grandes ganadores políticos es el alcalde Federico Gutiérrez, quien leyó temprano el momento y alineó al movimiento Creemos con la candidatura de “El Tigre”.
También salen fortalecidos Simón Molina y Luis Guillermo Patiño, representantes que apostaron desde el comienzo por una campaña que muchos subestimaron.
Fico entendió algo que otros sectores de la derecha no quisieron aceptar, la elección no se estaba moviendo sólo por partidos, sino por emociones, identidad y castigo.
Mientras unos seguían calculando con viejas estructuras, Abelardo creció como fenómeno de opinión y de redes, pero también como vehículo de rechazo al gobierno Petro. En Medellín y Antioquia, ese mensaje encontró terreno fértil.
Los grandes perdedores en Antioquia son el Centro Democrático, el jefe Álvaro Uribe, los liberales de Envigado y una parte del conservatismo que decidió apoyar a Paloma Valencia.
La candidata del uribismo obtuvo 1’639.254 votos, apenas el 6,92%, una cifra muy distante de los cerca de seis millones que había logrado la gran consulta de marzo. Ese desplome deja una pregunta inevitable, ¿la derecha tradicional perdió el control de su propio electorado?
Paloma Valencia quedó tercera, pero su resultado fue políticamente insuficiente. No logró convertir el respaldo partidista en entusiasmo ciudadano, ni pudo contener el avance de Abelardo sobre el voto antipetrista.
La derecha de manual fue derrotada por una derecha de temperamento, espectáculo y ruptura.
Sergio Fajardo, Claudia López, Santiago Botero y Mauricio Lizcano también quedan como dueños parciales de una llave decisiva.
Sumados a Paloma, representan más de tres millones de votos, una bolsa superior al 10% del electorado que puede inclinar la Presidencia. La pregunta no es sólo a quién adhieren sus dirigentes, sino hacia dónde se moverán sus votantes.
En los próximos 21 días ganará quien comunique mejor, quien cometa menos errores y quien logre hablarles a los indecisos sin insultarlos.
Abelardo necesita demostrar que puede ser autoridad sin autoritarismo, Cepeda necesita demostrar que puede ser cambio sin continuidad automática del petrismo. El voto en blanco y la abstención también serán territorios de disputa.
La primera vuelta dejó un ganador claro, un segundo competidor fuerte y un país en máxima tensión.
Abelardo De La Espriella llega adelante con más de 10,3 millones de votos y una ventaja real. Iván Cepeda llega con una maquinaria viva y una narrativa de resistencia, pero la Presidencia no se gana con quejas ni con triunfalismo, se gana convenciendo a quienes todavía no han decidido si votarán con miedo, con rabia, con esperanza o con cálculo.
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— Rubén Benjumea (@puntodevistardb) May 31, 2026


