EN LA DERECHA: LA PERSONERÍA QUE PATEÓ EL TABLERO POLÍTICO

La reciente decisión de otorgar personería jurídica al movimiento de derecha Defensores de la Patria no sólo oficializa el nacimiento de una nueva fuerza política bajo el liderazgo del presidente electo, Abelardo De La Espriella, sino que desata un reordenamiento inmediato en las entrañas de este sector en Colombia. Con un caudal de casi trece millones de votos como salvoconducto democrático, este nuevo jugador entra pisando fuerte y fracturando las hegemonías tradicionales que creían tener el control absoluto del espectro conservador.

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El panorama político de Colombia ha dado un giro definitivo en la derecha colombiana a pocas horas de la posesión presidencial.

Con una sólida votación de seis magistrados a favor y sólo uno en contra, el reconocimiento de la personería jurídica de Defensores de la Patria, el movimiento que llevó a Abelardo De La Espriella y a su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, al solio de Bolívar, es un hecho consumado.

Amparados en la histórica votación de 12 millones 960 mil 166 sufragios obtenidos en la segunda vuelta del pasado 21 de junio, la mayoría del Consejo Nacional Electoral aplicó una excepción jurisprudencial similar a la que en su momento benefició a la izquierda, consolidando formalmente un nuevo partido que reorganizará las fuerzas del poder.

Ante este escenario, resulta inevitable preguntarse qué estará pensando el jefe natural del Centro Democrático, Álvaro Uribe, con la feroz competencia que le acaba de salir al camino.

No es un secreto para nadie que este nuevo partido de derecha ya cuenta en sus filas con figuras de altísimo perfil que antes orbitaban en el uribismo, como Paola Holguín, exprecandidata presidencial y hoy flamante ministra de cultura de «El Tigre».

La astucia de Abelardo De La Espriella para capturar estas banderas de la derecha más doctrinaria y confrontacional ha puesto a tambalear el liderazgo tradicional que Uribe ejerció sin contrapeso durante más de dos décadas en ese escenario.

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La preocupación en las huestes del Centro Democrático es real y tangible, pues la desbandada de uribistas hacia el nuevo partido de derecha ya no es un goteo, sino una proyección inminente de cara a las elecciones regionales de octubre de 2027.

Al contar con personería jurídica, Defensores de la Patria ha adquirido el codiciado poder de otorgar avales legítimos y directos a potenciales aspirantes a concejos, asambleas, alcaldías y gobernaciones en todo el territorio nacional.

Esto representa un imán irresistible para los caciques locales que buscan cobijo bajo la sombra del presidente electo, amenazando con vaciar las bases del partido de Uribe en las regiones.

Por esta razón, la estrategia de supervivencia que deba trazar el uribismo tendrá que ser mirada con lupa si quieren evitar que sus integrantes caigan en desgracia política.

El tránsito de militantes y líderes hacia la nueva fuerza de Abelardo De La Espriella puede interpretarse como una traición o como un pragmatismo descarnado, pero, en cualquier caso, deja al Centro Democrático ante el espejo de su propio desgaste.

Cada paso en falso de sus congresistas y directivos regionales será vigilado de cerca por un electorado de derecha que ahora tiene una alternativa más fresca y radicalizada para depositar su fe y sus votos en las urnas.

Sin embargo, no hay que dar por muerto al viejo zorro de la política, el mismo uribismo tiene un as bajo la manga y un inmenso poder que todavía puede ejercer con fuerza desde el Congreso de la República.

Aunque la marea presidencial favorezca al nuevo inquilino del Palacio de Nariño, el Centro Democrático mantiene una representación parlamentaria sumamente importante que logró consolidar en las últimas contiendas.

En el capitolio es donde se cocinan las reformas y donde el uribismo, con su bancada disciplinada, tiene la capacidad de apretar las tuercas al gobierno entrante o de aliarse con quien sea necesario para mantener su vigencia.

Como se pudo evidenciar recientemente, la política hace extraños compañeros de cama cuando de supervivencia se trata. El Pacto Histórico y el Centro Democrático se unieron bajo cuerda para elegir al nuevo presidente del Senado.

Esta jugada maestra del establecimiento legislativo tuvo como principal efecto dejar mamando al senador Deluque, amiguísimo personal de Abelardo De La Espriella, y, a quien, para colmo de males, le resultó el papá corrupto en un escándalo que debilitó sus aspiraciones de poder.

La movida demostró que, en el Congreso, las fuerzas tradicionales están dispuestas a pactar incluso con sus peores enemigos ideológicos con tal de cerrarle el paso al círculo íntimo del nuevo mandatario.

La tensión y la expectativa están en un punto tan álgido que el expresidente Uribe no ha confirmado si asistirá a la posesión de Abelardo De La Espriella en la ciudad de Cali el próximo 7 de agosto.

Aunque Cali se prepara para albergar una ceremonia inédita fuera de la capital colombiana, la duda sobre la presencia del exmandatario pesa en el ambiente político nacional.

El silencio de Uribe es un mensaje en sí mismo, una mezcla de prudencia judicial, distanciamiento estratégico y la evidente incomodidad de tener que aplaudir al nuevo monarca de una derecha que él solía pastorear en solitario.

Este nuevo ajedrez nos deja ante una paradoja electoral de marca mayor. Dos partidos de derecha fuertes disputándose el mismo nicho representan, a la larga, poca tropa para conquistar, y, por el contrario, mucha propensión para dividir.

En lugar de un bloque compacto capaz de aplastar a la izquierda, la coexistencia de Defensores de la Patria y el Centro Democrático amenaza con canibalizar los votos del electorado conservador.

La fragmentación del sector que ya se vislumbró en la primera vuelta presidencial, podría repetirse corregida y aumentada en los comicios regionales, entregándole victorias en bandeja de plata a sus contradictores por simple falta de unión.

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LA DEMANDA

Ahora bien, tras conocerse la personería jurídica otorgada a Defensores de la Patria, los viudos del poder del Pacto Histórico no tardaron en reaccionar anunciado que interpondrán una demanda aduciendo supuestos incumplimientos constitucionales.

Argumentan que el movimiento no cumplió con el umbral del 3% en las elecciones legislativas y que no se les puede aplicar el mismo precedente de protección que benefició a su propio sector en el pasado.

La contraofensiva judicial ante el Consejo de Estado busca arrebatarle en los escritorios de Abelardo, la victoria jurídica que acaban de conseguir en el plano electoral.

La personería de Defensores de la Patria no es sólo un trámite administrativo, es el acta de nacimiento de una nueva era política que tensiona a tirios y troyanos.

Mientras el uribismo se debate entre la renovación y la resistencia en el Congreso y la izquierda desgasta sus últimos cartuchos en demandas judiciales ante los tribunales, el país asiste al surgimiento de un oficialismo con partido propio listo para colonizar los territorios.

El tablero está dispuesto, las piezas se mueven con rapidez y sólo el tiempo dirá si esta nueva derecha es una “patria milagro” duradera o apenas el preludio de una mayor fragmentación.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.