La decisión de retirar la protección oficial a Daniel Quintero y otros exservidores públicos plantea una reflexión sobre el uso responsable de los recursos del Estado y la necesidad de priorizar los riesgos reales frente al prestigio personal.
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La eliminación del esquema de seguridad del exsuperintendente Daniel Quintero, exfuncionario del gobierno de Gustavo Petro, pone de manifiesto la aplicación de criterios de austeridad presupuestal tras una evaluación técnica de riesgos realizada por la Unidad Nacional de Protección, UNP.
Este procedimiento se ejecutó mediante revisiones especializadas que concluyeron la ausencia de amenazas urgentes o inminentes contra estos exservidores.
La medida representa un paso importante hacia la revisión imparcial del gasto público en seguridad, garantizando que el resguardo estatal responda a necesidades reales de protección y no a dinámicas del pasado.
El caso del exsuperintendente es un reflejo claro de esta coyuntura, dado que el también exalcalde Quintero arrastra una marcada mala reputación que se evidencia cuando le gritan e insultan en espacios públicos.
Si bien los episodios en los que ciudadanos lo increpan demuestran un clima de rechazo social, la evaluación técnica debe diferenciar entre la impopularidad verbal y una amenaza extraordinaria a la integridad física.
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La labor institucional consiste en proteger la vida frente a peligros ciertos y no en financiar esquemas de escoltas para mitigar el descontento ciudadano hacia figuras públicas controvertidas.
La decisión adoptada por la UNP abarca un listado detallado de exministros y altos funcionarios del gobierno de Gustavo Petro a quienes el nuevo gobierno de Abelardo les eliminó el esquema de seguridad de la Unidad Nacional de Protección.
Entre los exservidores cobijados por este retiro se encuentran Luis Alfredo Acosta Zapata, exministro de la Igualdad; Yesenia Olaya exministra de Ciencia; Antonio Sanguino, exministro de Trabajo; Diana Morales, exministra de Comercio; Guillermo Alfonso Jaramillo, exministro de Salud; Germán Ávila, exministro de Hacienda; Yolanda Villavicencio, excanciller; José Antonio Ocampo, exministro de Hacienda; Edwin Palma y Ja Karina Murcia, exministra de las TIC.
El análisis del Comité de Evaluación de Riesgo y Recomendación de Medidas, CEREM, argumentó que estas medidas se tomaron al considerar que dichos personajes no enfrentan amenazas extraordinarias que justifiquen el gasto público en escoltas.
El estudio técnico determinó que la gran mayoría de estos exfuncionarios han retornado a sus actividades civiles sin un peligro extraordinario comprobado.
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Mantener esquemas con vehículos y personal asignado a exservidores que no registran riesgos superiores a los del ciudadano común constituía una erogación ineficiente de los impuestos.
El desmonte de estos esquemas reafirma la necesidad de administrar con rigurosidad y equidad los recursos de la seguridad estatal.
La asignación de escoltas pagados con el erario no debe utilizarse como una prerrogativa de estatus o un beneficio perpetuo.
Basar la protección oficial en evaluaciones técnicas transparentes resguarda el presupuesto público y consolida una gestión justa y responsable frente a toda la ciudadanía.


