El DIM perdió ante el Once Caldas en el Atanasio Girardot y dejó una imagen de desconcierto que agota la paciencia. La hinchada merece respuestas, fútbol y decisiones de una dirigencia que no puede seguir contemplando el deterioro del equipo.
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Este sábado 17 de octubre, pasadas las 8:00 de la noche, el Deportivo Independiente Medellín cayó 2-0 frente a Once Caldas en el estadio Atanasio Girardot por la fecha 15 de la Liga BetPlay.
A las tribunas llegamos con la ilusión intacta y terminamos presenciando una actuación para el olvido.
No fue solamente perder tres puntos clave, fue contemplar a un equipo extraviado, inoperante y carente de alma colectiva.
La dirección técnica de Amaranto Perea perdió el rumbo y no ofrece las respuestas que necesita el “Poderoso”. Los que acudimos al estadio, perdimos la plata, la cerveza y la compañía. Hubiéramos ganado más viendo “Sábados Felices”.
El dolor del hincha es por la falta de entrega y por la ausencia de un plan estratégico reconocible en la cancha. Los jugadores corrieron, pero correr no equivale a jugar bien ni alcanza para honrar la camiseta.
Decir que no la sudaron expresa esa indignación ante un esfuerzo que nunca se convirtió en una respuesta colectiva convincente. Medellín lució como un grupo de voluntades aisladas que no sabe a qué juega, mientras el rival manizaleño encontró cómo imponer sus condiciones y administrar la ventaja en nuestra propia casa.
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@eyquesedeisyMedellín 0-2 Once Caldas♬ sonido original – Ey!! Que Se Deisy…
La alarmante falta de definición deja bajo examen el trabajo de la dirección técnica.
El DIM tuvo aproximaciones y oportunidades, entre ellas las de Agustín Martegani, pero careció de precisión para traducirlas en goles.
Por eso, el reclamo no puede quedarse en la mala suerte, hacen falta circuitos de ataque reconocibles, variantes y soluciones para superar defensas organizadas.
Mientras los avances locales se diluían, Once Caldas dictó una lección de efectividad con las anotaciones de Jefry Zapata al minuto 35 y Michael Barrios al 65. Dos golpes que Medellín fue incapaz de contestar.
El rendimiento físico y el trabajo táctico también merecen explicaciones.
Las marcas flojas, las transiciones lentas y las desatenciones dejaron la imagen de un plantel inconexo. No es posible establecer desde la tribuna cuánto entrenaron ni atribuir cada error a una preparación insuficiente, sí resulta legítimo exigir que ese trabajo se refleje en coordinación, intensidad y capacidad de reacción.
Los esfuerzos individuales quedaron dispersos y después del primer gol faltó una respuesta organizada que permitiera cambiar el partido.
La hinchada, que cumplió con su cita de honor en las graderías, no merece semejante desprecio futbolístico.
Quienes pagamos una boleta y acompañamos al equipo regresamos con la frustración a flor de piel. La inconformidad terminó en silbatinas y pedidos de salida para jugadores y cuerpo técnico, incluso hubo aficionados que abandonaron las tribunas antes del final.
El Atanasio Girardot no puede convertirse en un escenario donde los rivales encuentren tantas facilidades, ni en el laboratorio permanente de un estratega desorientado. La dirigencia tiene que responder…
Sin rodeos ni paños de agua tibia, el director técnico se tiene que ir de inmediato.
Esa es la conclusión frente a un proceso que muestra señales de agotamiento.
Medellín quedó sexto con 23 puntos y apenas consiguió cuatro de los últimos doce que disputó en Liga. Seguir entre los ocho no borra la preocupación ni convierte esta actuación en un accidente sin consecuencias.
Respetar la historia del “Poderoso”, la sagrada camiseta roja y a los miles de fanáticos que jamás abandonan exige decisiones. La salida del entrenador es el camino para intentar frenar el deterioro y recuperar la esperanza.
Y, para terminar, Luis Fernando Quintero “Quinterito”, dizque lesionado, ¡Cuál lesionado ni que HP!…



