ARGENTINA SACÓ EL CORAZÓN Y MESSI ESCRIBIÓ EL CAMINO A LA FINAL

Argentina volvió a demostrar que nunca está derrotada, remontó 2 a 1 ante Inglaterra con carácter, presión y dos genialidades de Lionel Messi para disputar este domingo frente a España una final que enfrentará la precisión europea contra la rebeldía inagotable del fútbol albiceleste.

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El Mundial ya tiene la final que muchos soñaban y pocos se atrevían a pronosticar. Argentina defenderá su corona frente a una España que derrotó 2-0 a Francia con goles de Mikel Oyarzabal y Pedro Porro.

El domingo, se encontrarán dos selecciones que entienden el fútbol de manera distinta. Los españoles desde la paciencia, el orden y la técnica, los argentinos desde el talento, el orgullo y esa inexplicable costumbre de seguir creyendo cuando el partido parece perdido.

Argentina derrotó 2-1 a Inglaterra y volvió a imponerse en uno de los enfrentamientos más cargados de historia del fútbol mundial.

Sin embargo, esta vez no hubo una “Mano de Dios”, ni una carrera interminable como la de Diego Maradona en 1986. Hubo una selección que soportó la presión, sobrevivió a sus propios errores y esperó hasta los minutos finales para recordarle al mundo que los campeones también saben sufrir.

El primer tiempo fue aburridor para quienes esperaban un espectáculo ofensivo. Hubo más fricción que imaginación, demasiadas interrupciones y pocas oportunidades claras.

Argentina e Inglaterra parecían estudiarse con excesivo respeto, como dos boxeadores que temían lanzar el primer golpe. El marcador permaneció 0-0 y la tensión histórica pesó más que el buen fútbol durante buena parte de los primeros 45 minutos.

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Pero en el segundo tiempo Inglaterra decidió abandonar la prudencia. A los 55 minutos, Morgan Rogers envió un centro que Anthony Gordon convirtió en el 1-0.

Durante varios minutos, los ingleses parecieron tener el partido bajo control y Argentina comenzó a caminar por esa delgada línea que separa la eliminación de las hazañas.

El reloj avanzaba, los espacios desaparecían y la posibilidad de una final contra España empezaba a alejarse.

Entonces apareció eso que muchas veces no figura en las estadísticas. A la Selección Argentina le sobró testosterona futbolera, carácter y voluntad.

Adelantó sus líneas, presionó y dejó hasta la última gota de esfuerzo sobre la cancha. Messi comenzó a encontrar espacios, y, cerca del minuto 86, asistió a Enzo Fernández, quien sacó un potente remate desde fuera del área para empatar.

La Albiceleste no celebró demasiado, recogió la pelota porque entendió que todavía podía ganar.

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Cuando todos pensábamos que vendrían otros 30 minutos de alargue, Lionel Messi volvió a demostrar que la genialidad no siempre necesita terminar en gol.

Ya en tiempo de reposición, el capitán levantó la cabeza y envió un centro preciso para que Lautaro Martínez, recién ingresado, conectara un cabezazo definitivo.

El 2-1 no fue únicamente un golazo colectivo, fue el premio a un equipo que se negó a aceptar el empate y a un jugador de 39 años que fabricó las dos anotaciones cuando más lo necesitaba su país.

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Fuera de la cancha también ocurrió lo que nunca debería formar parte de una fiesta deportiva.

En la previa se viralizó un enfrentamiento después de que un aficionado mexicano afirmara que las Islas Malvinas pertenecían a Inglaterra.

La provocación fue innecesaria, pero la posterior agresión de varios seguidores argentinos resultó igualmente reprochable. Ninguna discusión histórica, bandera o camiseta justifica el insulto ni mucho menos los golpes.

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Ahora vendrá España y comenzará otra historia.

Argentina llegará impulsada por una remontada que confirmó que su mayor virtud no depende exclusivamente de las piernas de Messi, sino de una identidad construida alrededor de la lucha y la resistencia.

Ojalá la final sea intensa, emocionante y respetuosa, porque al terminar los himnos y comenzar a rodar la pelota no hay guerras, enemigos ni cuentas pendientes, es fútbol, solamente fútbol y debería seguir siendo una celebración capaz de unir al mundo.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.