INEXPERIENCIA O INCAPACIDAD

En un país donde los partidos políticos han hecho agua, donde las ideologías se asumen a conveniencia de los intereses económicos no ha quedado más que la peligrosa aparición de los mecenas (Cristos salvadores en la cruz), o la utilización del remoquete, quizás más peligroso aun, “los independientes”.

Buscando aislarse del desprestigio Liberal o Conservador, incluso del del MOIR ya desenmascarado, los candidatos a cualquier tipo de cargo de elección popular aspiran por amalgamas multipartidistas asidas con “pegaloca” y denominadas acuerdos programáticos, donde la cabeza se junta con la cola en un círculo mortal para la insipiente democracia colombiana.

Estos “nuevos” gobernantes han encontrado una forma mágica de hacer cosas, en general impopulares pero bien contadas, la dictadura de la publicidad, y de no asumir a la postre ninguna responsabilidad política, algo así como los consorcios o las uniones temporales para construir obras de gran envergadura, que al momento de responder por alguna garantía, ya se han desvanecido.

La falta de línea, de una agenda de trabajo clara, definida y calculada es lo que se encuentra cuando se elige a personalidades que se hacen llamar “independientes” y que, en algunos casos han camuflado su verdadera identidad política en esa “capucha”, o no tienen una. Usted escoge cual quiere que se acomode a la realidad que vive Medellín.

La elección de “pinturita” en la capital de la montaña, generó un manto de esperanza en una tierra condenada a la derecha, la más recalcitrante y torpe del territorio colombiano, la derrota acertada por Quintero fue una cachetada, de mano abierta, frentera al uribismo encostrado en estas montañas.

De lado y lado cantaban victoria: la izquierda, oportunista siempre, hacía suyo el triunfo, la derecha mesurada vitoreaba el equilibrio alcanzado, los empresarios coqueteaban al nuevo alcalde para no perder toda la porción de la torta, entregada sin condiciones por los gobiernos anteriores, los trabajadores, entre ellos los maestros creían en la equidad que se alcanzaría bajo el paraguas del ya Daniel “el travieso”.

No había comenzado a gobernar el entrante cuando empezaron la críticas, que el gabinete tiene de aquí o de allá, que no le dio participación a este sector, que el otro quedó con demasiada que la coalición en el Concejo está a favor, que esto y lo otro.

Y en una marcha, no se sabe buscando qué se empezó a develar una verdadera condición, ¿se va para algún lado?, solo se sabe que en un acto, particularmente creo improcedente, vimos al alcalde camisa remangada limpiando, (¿su culpa?) las paredes de un edificio del barrio el Poblado, pintadas por los “capuchos”, para muchos, cobijados bajo su manto.

Entonces, su carácter en 15 días empezó a virar, ya no ensalzamos las marchas, el movimiento social, el amor por la universidad pública, sino que lo señalamos, acusamos y condenamos.

En un acto digno de los gobiernos más fachos de la historia de nuestra risible República, el hasta entonces moderado y conciliador, el limpiador de paredes de edificios del barrio el Poblado, autorizó el ingreso de la fuerza armadas a los campus universitarios públicos, desconociendo con ello la discusión política que se da allí y los movimientos sociales gestados al interior de los centros de pensamiento.

La derecha lo ve doblegarse, la izquierda lo empieza a ver como un enemigo, algo así como el lobo vestido de oveja, y en el medio un pueblo que no se atreve a opinar sobre esa ambivalencia ideológica.

Esa es una triste realidad de nuestro país: el político, de desazón en desazón, de decepción en decepción. (No es ir muy lejos, hoy son más los uribistas vergonzantes que los férreos).

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Adolfo Ospina

Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.