domingo, febrero 25, 2024

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NUESTRA MORAL PARACA

Las imágenes de la barbarie que padecen los secuestrados por la guerrilla de las Farc, difundidas por los medios de mayor cobertura, generaron en la población colombiana cierta sensiblería patriótica que nos sacó sentimientos de solidaridad con poca duración, pues llevamos más de cinco décadas comiendo de lo mismo.

Es tan lamentable que para colombiano que se respete no existe imagen o argumento alguno que lo mueva o que combata la gran enfermedad que padecemos la mayoría de los que habitamos esta tierra: La Indiferencia.

Hay que hacer un espectáculo de enormes proporciones para que el país se una en torno a un propósito. Toda la resistencia y las opiniones que generó el cuestionable comportamiento de Hugo Rafael, Álvaro y Piedad se siente en las calles, cuando el pueblo enardecido reclama justicia y el paredón para los torturadores.

Sin embargo, a pesar de reprochar a las Farc, otros también reclaman justicia por los delitos impunes y tenebrosos que los paramilitares han cometido, y que de una manera disimulada la sociedad civil avala y comparte.

Cuando se propuso la posibilidad de otorgarle a los grupos ilegales de Salvatore y Ernesto, entre otros sicarios el estatus político, fueron muy pocos los que protestaron. Pareciera que 50 años de asesinatos cometidos por la guerrilla con una ideología desgastada y desvirtuada que sólo existe en las canciones de Silvio, Violeta, Atahualpa, Jara y Heredia para no nombrar más verdaderos revolucionarios, pesaran en demasía que los 30 años de motosierra avalados en su mayoría por la iglesia y el gobierno.

Pareciera como si una masacre de campesinos por parte de las Farc fuera más atroz y más sanguinaria que el machete de los paras. Lo difícil de entender y que además no nos interesa entenderlo es que para la mayoría de colombianos existen grandes diferencias entre las balas de los guerrilleros y los paras. Los primeros los enemigos, las Farc – Ejercito del Pueblo, cuento chimbo. Los segundos la mano negra que esparce el fuego purificador de la metralla de acuerdo con las directrices del alto poder.

Los colombianos de a pie nos parecemos cada día más a los políticos de turno con su karma a cuestas: La Omisión. La omisión, esa maldita palabra que lleva grandes cargas de olvido e indiferencia la compartimos todos los días, dejando pasar sin pena ni gloria los crímenes de unos por reprochar los otros.

Los tiros de la guerrilla asesinan, pero los de los paras también. Están hechos de lo mismo, de odio, de indiferencia, de rabia, de desigualdad. Muchos saben donde están y quienes los patrocinan, y sin embargo todos los días compartimos un café e inclusive votamos por ellos.
A esos, la justicia debiera de exigirles alguito de reparación. Que no solo paguen con su curul y con cárcel. Que paguen también por patrocinadores, por cómplices, por Haches Pes!
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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.