jueves, abril 11, 2024

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ENTRE MEGALOMANÍA E ILUSIÓN: POBLACIÓN PAISA

“Ingenuo el habitante de Medellín que cree que vive
en la mejor ciudad de Colombia”.

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Indiscutiblemente y bajo ninguna premisa se puede negar que Medellín ha sufrido una transformación positiva en los último años.

Los resultados de esa transformación saltan a la vista cuando se hace un comparativo a nivel urbanístico. Las grandes construcciones y la implementación del eficiente sistema de transporte masivo generan esa percepción de cambio tanto en los naturales como en los foráneos.

A eso se le suma que el cambio de vocación económica atrae un alto nivel de inversión extranjera: grandes hoteles, realización de eventos de carácter nacional e internacional, entre otras, han hecho que los ojos del mundo se fijen en Medellín.

Sin embargo, el gran cambio generado ha hecho de lado a los habitantes de la otrora ciudad de la eterna primavera, quienes, contrariamente a lo que se pensara, no son beneficiarios de él, sino y por el contrario, sus víctimas.

Como ejemplo de esto sólo recordar el caso de los antiguos residentes del sector del puente de la toma, quienes fueron desplazados por el gobierno de Salazar para construir la casa de la memoria y el parque Bicentenario.

Algo similar está sucediendo con las personas que vivían o tenían sus unidades de producción en el sector denominado “El Naranjal”, fueron sacados para darles a los constructores, inversionistas de las campañas electorales locales, seguramente, unos de los mejores terrenos para urbanizar en la ciudad.

Pero, además de los inversionistas, que han visto en la ciudad una atractiva forma de obtener frutos, los más ganadores de la nueva Medellín han sido los políticos postmodernos, que asesorados por excelentes manejadores de imagen, relacionistas públicos y publicistas han sacado provecho de la positiva percepción de ciudad que ellos mismos han generado que es con la que se han vendido.

La idea, parece, es inaugurar obras al por mayor, ojalá en el último año del periodo así no estén concluidas, como pasó con el tranvía, la biblioteca España o muchos de los parques educativos de los municipios antioqueños, generando así la percepción de la realización de grandes obras que contribuirían al bienestar pero que en realidad son sólo propaganda y carísima pues siempre hay que sacar de nuestros impuestos el sobre costo cargado para enmendar los errores de los afanes y la improvisación. Y así y todo seguimos creyendo que vivimos en la mejor ciudad de Colombia.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.