domingo, mayo 19, 2024

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EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

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Los antioqueños, sobre todo los habitantes de Medellín, nos hemos sentido bien orgullosos de lo que somos, que habitamos la mejor ciudad, que nuestra gente es una belleza, que somos una raza muy pujante, que es el mejor clima del mundo y una larga lista de etcéteras entre la que se inscribe la existencia de unos buenos gobernantes.

Desgraciadamente, como suele suceder cuando los halagos son excesivos, la gran mayoría de las bondades listadas hacen parte del anecdotario de ciudad que fuimos un día y de la que hoy no queda sino el recuerdo.

Muchas de esas bondades fueron reales, nos encargamos de destruir un maravilloso clima, fuimos bien pujantes, como raza, hasta que heredamos la herencia maldita del narcotráfico y otras son parte de nuestro gigantesco ego alimentado por la desmesurada zalamería.

Creer que Medellín ha tenido grandes gobernantes, no cabe sino en la cabeza de nosotros los paisas. Medellín es una ciudad supremamente pequeña, con un presupuesto bien amplio, merced a la alta productividad de las Empresas Públicas de Medellín, y un altísimo costo de vida que lo encabeza los impuestos, sin embargo posee problemas que en ciudades, del tamaño de la nuestra, ya están superados: un alto nivel de familias desconectadas de servicios públicos (pese a la presencia de EPM), un alto nivel de desempleo y empleo informal, elevados índices de inseguridad, que va desde el raponeo hasta el sicariato, una bajísima cobertura del transporte masivo que satisface un pequeño puñado de la población, y demás.

Con el panorama descrito surge de nuevo la pregunta, ¿hemos tenido buenos gobernantes?, si la respuesta es positiva me pregunto qué sería de grandes ciudades lideradas por ellos, con tamaños que triplican el de la nuestra, con presupuestos que no alcanzan la mitad y con una fama que en vez de exagerar las bondades descarnan la realidad.

Vivir de la fama de lo que fuimos o creímos ser nos ha generado una gran debilidad, y es que no hemos podido (y al parecer no podremos), enderezar nuestro camino, pues mientras mantengamos puesta la venda que nos hace ver como la gran ciudad, no reconoceremos la imperiosa necesidad de cambiar.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.