domingo, junio 16, 2024

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NEGOCIO RENTABLE

Fredy-Zuleta

Aunque la Contraloría General de Medellín fue mal entendida porque nunca manifestó precaución por las inversiones de EPM en el extranjero, en la auditoria regular que presentó en el Concejo advirtió que a esas inversiones fuera del país, por el contrario, hay que fortalecerlas con el único propósito de garantizar rentabilidad a Empresas Públicas de Medellín de donde provienen el mayor número de transferencias para que la Alcaldía pueda garantizar inversión social.

Paralelamente las concejalas, María Paulina Aguinaga, integrante de Centro Democrático y Luz María Múnera del Polo, han cuestionado a Empresas Públicas por las inversiones extrajeras entre las que se cuenta el casi billón de dólares que se metió en Aguas de Antofagasta, Chile, en donde ven una baja rentabilidad.

Pero, ¿cómo fue la transacción de compra? De acuerdo con el gerente de Aguas de Antofagasta – Grupo EPM, Fredy Zuleta, Empresas Públicas de Medellín, ofertó para la compra de ADASA a través de una filial en Chile junto con otras 2 firmas internacionales que fueron precalificadas. EPM tomó el control de ADASA el 2 de junio de 2015. La filial de EPM pagó US$965 millones de dólares, 76% por un préstamo y 24% como aporte de capital.

Aprovechando el bajo nivel de endeudamiento de ADASA, tan pronto el Grupo EPM tomó control de la empresa, tramitó ante la banca chilena un crédito por US$400 millones de dólares que utiliza para amortizar el préstamo con EPM.

Ese crédito se obtuvo en tres meses sin avales por parte de EPM, lo que demuestra la confianza de la banca chilena en el sector sanitario y en ADASA que empezó a amortizar el préstamo con recursos propios, manera en la que EPM recupera casi inmediatamente US$400 millones de dólares y disminuye su inversión en ADASA a US$565 millones de dólares. El contrato de concesión establece que al final en 2033 el concesionante devolverá a ADASA el valor de las inversiones que no hayan sido amortizadas que equivalen a US$370 millones de dólares.

Con este panorama, el gerente de Aguas de Antofagasta – Grupo EPM, Fredy Zuleta aseguró que la inversión en Antofagasta es un buen negocio: “Las cifras en los primeros 14 meses de iniciado el negocio corresponden con lo esperado, ingresos, costos y gastos, calidad de la cartera, contratos con clientes industriales y estado de la red, entre otros factores”.

Zuleta, sostuvo, además, que en lo corrido del año 2016 se viene cumpliendo el presupuesto y el margen del Ebitda, ese beneficio antes de pagar intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones, es decir, el beneficio bruto calculado antes de la deducibilidad de gastos financieros, es del 58%, nivel comparable con el negocio de generación energía.

Así mismo, los US$370 millones de dólares que se recibirán en 2033 equivalen a US$280 millones de dólares de hoy, si se considera una tasa de inflación en dólares del 2%.

Los US$565 millones de dólares invertidos, menos US$280 millones de dólares del final de la concesión, significa que los flujos del negocio deben permitir recuperar los restantes US$285 millones de dólares en 18 años, es decir, un promedio de US$16 millones de dólares al año.

La utilidad neta de 2016, será de US$25 millones de dólares y tiende a aumentar en los años siguientes a medida que se disminuya el valor de la deuda y se comiencen a recibir los ingresos provenientes del plan de inversiones.

Esta situación permite afirmar, dice Zuleta, que la inversión es segura y que se trata de un buen negocio cuya tasa promedio de rentabilidad superará el 10.1% anual.

Ahora, ¿por qué Chile? Según Fredy Zuleta, tiene la economía más fuerte de América Latina con un Producto Interno Bruto, PIB per-cápita US$15.732 millones de dólares, estabilidad jurídica y la producción del 32% del cobre del mundo, además, que garantiza unas condiciones tarifarias claras y reglas estables por más de 20 años.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.