domingo, mayo 19, 2024

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“IGLESIA EN LA OLLA”

Por: María Paola Aristizábal Jaramillo

Terminó Semana Santa. Aprovechemos que la Iglesia ha estado muy visibilizada y sigamos en esa tónica, visibilizándola con un tema del que resulta pertinente hablar en este tiempo de Pascua. La pedofilia en la Iglesia católica, un tema del que muchos fervorosamente desean que no se hable más, no porque no exista, sino porque con un dedo quieren tapar las atrocidades que resquebrajan su “credibilidad”.

Entre los años 2004 y 2013 el Vaticano recibió 6000 demandas por pedofilia y destituyó a 848 sacerdotes. Al año recibe 600 demandas y actualmente hacen campañas de cero tolerancia para castigar vehemente a aquellos pedófilos que actúan respaldados en la Iglesia católica.

Pero de nada sirve que solo unos pocos miembros de tan sagrada institución hablen abiertamente de este enorme flagelo: de un sinnúmero de verdugos que aprovechan su sotana para hacer daño a los que quizá encuentran más indefensos. De nada sirve que solo el Vaticano se pronuncie cuando el problema está tan disperso y carga fama de alcahuetería.

Y es que resulta que para algunos representantes de la Iglesia ya no es culpa de los sacerdotes sino de los niños que buscan afecto. De las tentaciones que estos supuestamente poseen y le despiertan al cura al buscarlo, al pedirle resguardo o al ser su acólito. Y por supuesto también es culpa de sus descuidadas familias, por permisivas, por ausentes y por no saber dónde están sus hijos.

En Colombia 18 sacerdotes han sido acusados de pedofilia entre los años 2001 y 2015 y solo 7 han sido condenados por pederastas; los demás se encuentran absueltos, libres, prófugos o simplemente han contado con la “ayudita” de la Iglesia al ser trasladados, obligando a la comunidad a olvidarse de sus casos.

Con qué cara la Iglesia le asegura a sus seguidores que no corren peligro, que pueden permitir que sus hijos se acerquen a ella y a sus representantes sin temor ¿con qué cara si ella es el principal “escondidijo”?

Y cómo acabar con esto que causa daños irreparables si el interés de la Iglesia es mantener su reputación, silenciar cuantos casos de abusos sexuales haya y si no es posible, por lo menos justificarlos. El silencio es el mayor cómplice dentro de la Iglesia católica. Lo que no entienden es que hay que visibilizar el problema, para que no se repita o para que por lo menos se hable.

Hay que reeducar a la sociedad. La educación sexual que manejamos es un fiasco, pareciera que acceder a ella es un delito y conseguir que se hable de ésta sin tapujos, muchas veces resulta imposible. El abuso sexual es solo una muestra de que nuestras ideas de sexualidad son un completo desastre.

Muchos creen que este problema radica en el celibato, pero si el detonante es el deseo sexual, por qué en vez descargarse en niños, no acordar un encuentro sexual con un adulto. El pedófilo sabe cómo actuar y muchas veces busca instituciones como la Iglesia, porque lastimosamente ésta se vuelve cómplice y bien o mal aún cuenta con seguidores.

La Iglesia falla al callar, falla al alardear de una cantidad de valores que evidentemente no posee, falla al alcahuetear, al creer que las cosas se solucionan con un perdón, con reconciliación; definitivamente se les está volviendo costumbre pecar por omisión. Su mayor flagelo son sus ínfulas de perfección y no reconocer las ollas podridas que la están deteriorando; lastimosamente para ella, el olor ya nos está llegando.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.