martes, julio 23, 2024

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SI PERO NO

Las medidas ambientales aplicadas en la ciudad de Medellín en las pasadas semanas, revelan algunas realidades a tener en cuenta:

En primer lugar, y quizás lo más grave, tiene que ver con la exagerada improvisación que en políticas generales de interés común se tiene no sólo a nivel local sino, y más, a nivel nacional. Que nos estén matando las enfermedades respiratorias producidas por la mala calidad del aire que respiramos, no es un asunto del último gobierno, es el resultado de un proceso de deterioro paulatino e incontrolado, al que las diversas autoridades han hecho oídos sordos.

Es precisamente ahí donde se rescata la valiente pero tímida actuación del mandatario de la ciudad y del Área Metropolitana, y digo tímida, porque Medellín necesita de ese tipo de decisiones y otras de manera permanente.

En segundo lugar, la egoísta y deplorable actitud de los gremios económicos de la ciudad, que en medio de las incómodas pero indispensables medidas de emergencia, salen con sus maniqueos discursos de la protección del empleo y economía del país a ejercer presión al mandatario.

Gremios que dicho sea de paso han actuado, en contubernio con muchos mandatarios, para generar la actual crisis (y digo actual porque tres días de pico y placa no solucionan un problema estructural como éste). La actual crisis ambiental que vive la ciudad ha sido generada por ellos: construcciones salvajes y desmedidas que implican la tala de cientos de miles de árboles, generación de desperdicios arrojados inclementemente al medio ambiente, uso de argucias jurídicas y contables para evadir pagos destinados a proyectos de impacto ambiental, entre otras.

El panorama es tan oscuro como el cielo de Medellín cubierto por esa nube de esmog que respiramos habitualmente. El año anterior la medida fue menos agresiva, la del presente, no lo podemos desconocer, generó alto impacto, pero ni una ni otra son definitivas, pasado el boom mediático, todo vuelve a la normalidad, y olvidamos que dentro de un año, como es ya habitual en algunas ciudades como la de México, Medellín vivirá un poco más fuerte, una nueva emergencia ambiental.

No es un asunto de días, es una realidad construida en muchos años de desinterés de todos, que tiene que empezar a cambiar con las actitudes individuales, pero que no llegará a feliz término si no hay una decidida e independiente actuación de los gobernantes, que implique duras sanciones a quien contamine, una verdadera campaña de cuidado (no poda) y siembra de árboles y un, así sea repetitivo, fortalecimiento real del transporte público masivo.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.