viernes, abril 12, 2024

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DE TUMBO EN TUMBO

Aunque suene a cliché, el problema de la inseguridad en Medellín es un asunto estructural que se ha generado a partir de la negligencia y desinterés de los gobernantes de turno durante los últimos periodos de alcaldes.

En otras palabras, achacarle toda la responsabilidad al actual burgomaestre no es del todo acertado, y por el contrario, vicia los análisis, que pueden ser bien intencionados, de politiquería y oportunismo, convirtiendo un debate tan importante como es el de la seguridad en la ciudad en un asunto de apoyos o ataques al actual Alcalde.

Carentes de verdaderas políticas de seguridad, y dando tumbos “a ver si de pronto acertamos”, los alcaldes de la ciudad han intentado combatir el flagelo, quizás el más grave de los que aquejan a los medellinenses.

Después de las operaciones Orión y Mariscal, llevadas a cabo en la estigmatizada comuna 13, que no se sabe a ciencia cierta cuantos inocentes dejaron en la cárcel, en los cementerios y en la escombrera, salvajes e inhumanas ellas como las más, y que trajo como resultado el desplazamiento de las milicias que hacían presencia en el sector, y el arraigo y fortalecimiento de los grupos paramilitares allí mismo, Medellín cambió su estrategia y pasó a alcahuetear la formación y fortalecimiento de los “combos” a cambio de mantener un perfil bajo y una aparente paz. Estrategia muy conveniente para las alcaldías que basaron su gestión en la publicidad nacional.

Así, buses enteros, pagados por la Alcaldía del momento salían de los barrios con integrantes de los combos, a paseos a la Pintada y San Jerónimo, con el único propósito de mantener a los grupos delincuenciales en silencio.

Muchas fueron las denuncias hechas por estudiosos de la delincuencia en Medellín, sobre todo por Luis Fernando Quijano, en las que advertían del problema que se cernía sobre la ciudad por este aparente “contubernio” irregular entre algunos representantes de la Institucionalidad y los líderes de los grupos delincuenciales, incluso, esa calma “chicha” fue bautizada por ellos como el “pacto del fusil”: “hagámonos pacito y todos ganamos”.

Hoy con la presencia en la Alcaldía de Federico Gutiérrez, quien abiertamente ha desafiado, quizás al estilo del vaquero Jesse James, a la delincuencia organizada, no podría esperarse una respuesta diferente de la que está generando el vandalismo de la ciudad.

Pasamos entonces de una de las operaciones militares en ciudad más escalofriantes, a un periodo de oculta violencia, parapetada en la publicidad masiva de los medios nacionales, y ahora a un periodo de ataque frontal contra la delincuencia.

La respuesta de la institucionalidad seguirá dando tumbos frente a la criminalidad, por su falta de coherencia y por los enormes caudales de dinero que se mueven tanto en el tráfico de drogas como en el de armas, al mismo tiempo la política social, tan necesaria para combatir de fondo esta problemática, ha sido y es un despliegue espectacular de contratación que tampoco se tiene claro hacia dónde apunta.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.