EN PANDEMIA

EN PANDEMIA

La cereza del postre llegó ocho días después de haber retornado. La fotomulta indicaba que habíamos pasado por la cámara de detección de infracciones a exceso de velocidad, hasta donde recuerdo mi compañera, que era quien conducía en ese momento, poco dejó que el velocímetro marcara menos de 100 kilómetros por hora.

Y es que después del aterrador encierro, de hecho el receso de los profesores de mitad de año había sido cambiado de fecha por el Ministerio de Educación y la Secretaría del ramo de Medellín, para que coincidiera con la cuarentena estricta declarada en los meses de marzo y abril, en otras palabras, las vacaciones de los maestros de Colombia de mitad de año se habían dado en confinamiento absoluto, y digo que después de eso, y consientes del delicado momento que atravesábamos por el alto nivel de contagio del Covid 19 en la Nación, decidimos emprender camino.

Eso nos enseñó el actual momento: planear poco, bajarle a la expectativa, disfrutar lo que hay. Sin rumbo fijo tomamos carretera hacia el suroccidente del país, “a algún sitio llegaríamos”.

El estado de las carreteras da cuenta de haber salido del departamento que otrora fuera orgullo, las del Eje cafetero, las del Valle del Cauca, permiten ese tipo de infracciones sin riesgos adicionales al de andar a alta velocidad, incluso las del Cauca, departamento también montañoso superan en calidad, diseño y estado a las de Antioquia. (Y eso que tuvimos al “más educado” del país rigiendo los destinos).

Gente amable, ciudades prósperas, pueblos acogedores, destinos verdes, son el común denominador del suroccidente del país tan señalado por los medios de comunicación y el gobierno como territorio de nadie en disputa entre la delincuencia que abruma la Nación.

La pandemia y las condiciones impuestas por los gobiernos locales para enfrentarla fueron un condimento adicional, harto gustoso entre otras cosas, al paseo.

Como en esa parte del territorio se celebran las fiestas en las primeras semanas del año, alcaldes y gobernadores decidieron imponer la ley seca y el toque de queda en horarios que para paseantes eran bastante incómodos, así que, para no quedarnos encerrados en un hotel desde las primeras horas de las tardes, decidimos siempre salir minutos antes de que iniciara el toque de queda en el sitio donde estuviéramos y aprovechar la soledad de las carreteras que la medida generaba, convencidos de que como indicaban las noticias no habría problema para los viajantes.

Así que el arribo a los destinos estaba enmarcado con una suerte de fuero por la condición de turistas que “ayudaban a la economía local”. De hecho, la soledad era el común denominador de lugares en los que, en otras condiciones, hubiera sido imposible quedarnos sin una reservación previa por su alto flujo de “peripleros” que en esta época del año arribaban.

Hoteleros, restauranteros, transportadores, en general los integrantes de los diferentes sectores que conforman el “clúster” del turismo están pasando las duras y las maduras para mantenerse avantes.

Había que volver, las carreteras indicaron que estábamos en Antioquia, el paseo delicioso, ameno, tranquilo, sin afán como nos lo enseñó la pandemia.

Mención especial al Twingo gris modelo 2008, que decidió reventar una manguera del sistema de enfriamiento en Santa Bárbara, nada grave ni preocupante, se cansó después de 1821 kilómetros de recorrido, era justo. Sin lugar a dudas es uno de los mejores carros de la Renault. PD. No está en venta.

ESTRIBILLO:

Que lío las revocatorias de mandatarios locales, ahora la Registraduría del Estado colombiano ha decidido suspenderlas que porque no hay condiciones de bioseguridad. Y mientras tanto el moribundo partido Centro Democrático se revuelca en su deseo, parece inalcanzable, de bajar a Quintero de la silla, no de la alcaldía sino de EPM.

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